Lola, Quique y Pinza eran los demás perros que se acoplaban silenciosos a la tertulia aunque algunos ladridos esporádicos de Quique y Lola, exigían de vez en cuando, una queja de silencio a la peña.
La moderna y elegante berlina del antiguo Masón Feliciano, se detuvo con fino balanceo, delante del portón blindado donde remataban las altas paredes de sillería que rodeaban en su totalidad al misterioso recinto templario.
Feliciano, hablaba de la vida cotidiana y de otros temas materiales, con Marañón, Becerril, Corona, Setroc, Argos, Canive y con Victoriano Iglesias, al que apodaban Tano, porque tenía un perro de raza indefinida que se parecía bastante a su amo.
Lola, Quique y Pinza eran los demás perros que se acoplaban silenciosos a la tertulia aunque algunos ladridos esporádicos de Quique y Lola, exigían de vez en cuando, una queja de silencio a la peña.
Feliciano tenía una gran ventaja, porque conocía a todos los que se reunían en la Mesa Redonda del Centro Andaluz de Torrelavega. Porque casi todos sacaban a pasear al parque (que rodeaba el Centro) a sus perros y se reunían sentados a los bancos del parque, charlando de Dios y del Diablo.
Feliciano, hablaba de la vida cotidiana y de otros temas materiales, con Marañón, Becerril, Corona, Setroc, Argos, Canive y con Victoriano Iglesias, al que apodaban Tano, porque tenía un perro de raza indefinida que se parecía bastante a su amo.
La suerte estaba echada y ahora todo dependía de la habilidad que Feliciano desarrollaría para llevar a buen término tan delicada misión.
Feliciano tenía una gran ventaja, porque conocía a todos los que se reunían en la Mesa Redonda del Centro Andaluz de Torrelavega. Porque casi todos sacaban a pasear al parque (que rodeaba el Centro) a sus perros y se reunían sentados a los bancos del parque, charlando de Dios y del Diablo.
Matania, acarició a Bécquer, el más fiel discípulo de Feliciano y desapareció por los espesos matojos que bordeaban el cruce de caminos.
La suerte estaba echada y ahora todo dependía de la habilidad que Feliciano desarrollaría para llevar a buen término tan delicada misión.
-Y también, porque si no hay algún acuerdo entre las dos partes en litigio morirán muchos caballeros y católicos en la guerra que están preparando.
Matania, acarició a Bécquer, el más fiel discípulo de Feliciano y desapareció por los espesos matojos que bordeaban el cruce de caminos.
-Porque debes saber, mí estimado Feliciano, que este mensaje es vital para salvar vidas humanas.
-Y también, porque si no hay algún acuerdo entre las dos partes en litigio morirán muchos caballeros y católicos en la guerra que están preparando.
-Una vez dentro de la fortaleza templaria, debes de entregar este documento que te doy, en persona, al Gran Maestre Campo Corona, y esperar hasta que te dispense una respuesta que esté adecuada a esta invitación y me la traes de inmediato.
-Porque debes saber, mí estimado Feliciano, que este mensaje es vital para salvar vidas humanas.
-Ahí tienes el salvoconducto que te abrirá la puerta Templaria del fortín de Lebeña, al ser comisionado de Matania, un humilde monje de la Orden de San benito y servidor de vuestra merced, Feliciano; fiel servidor de la Iglesia del Salvador de los Hombres.
-Una vez dentro de la fortaleza templaria, debes de entregar este documento que te doy, en persona, al Gran Maestre Campo Corona, y esperar hasta que te dispense una respuesta que esté adecuada a esta invitación y me la traes de inmediato.
Matania agradecido por tan positiva reacción de su discípulo Feliciano, le abrazo con esa afectuosidad que desprenden los verdaderos camaradas y le dijo aparte, con los ojos mirando inquietos en todas las direcciones, estas precisas instrucciones:
-Ahí tienes el salvoconducto que te abrirá la puerta Templaria del fortín de Lebeña, al ser comisionado de Matania, un humilde monje de la Orden de San benito y servidor de vuestra merced, Feliciano; fiel servidor de la Iglesia del Salvador de los Hombres.
En cuanto el amigo Feliciano estuvo enterado de la férrea voluntad de conciliación, que tenía Matania en la antigua disputa que venía desde el Siglo trece entre el Temple, el Papa y el Cardenal, dijo que le echaba un capote como intermediario entre los dos colosos.
Matania agradecido por tan positiva reacción de su discípulo Feliciano, le abrazo con esa afectuosidad que desprenden los verdaderos camaradas y le dijo aparte, con los ojos mirando inquietos en todas las direcciones, estas precisas instrucciones:
Matania, como tenía un carácter práctico y por este motivo aceleraba la ejecución de sus descabelladas ideas de inmediato, fue enseguida al grano, planteando al amigo, el plan que se le había ocurrido para lograr una paz definitiva entre el Temple y la Iglesia.
En cuanto el amigo Feliciano estuvo enterado de la férrea voluntad de conciliación, que tenía Matania en la antigua disputa que venía desde el Siglo trece entre el Temple, el Papa y el Cardenal, dijo que le echaba un capote como intermediario entre los dos colosos.
Matania, se cito con su amigo en la cruz del cruce de caminos, que estaba a la salida del Monasterio, con el deseo de que Feliciano le hiciese un favor.
Matania, como tenía un carácter práctico y por este motivo aceleraba la ejecución de sus descabelladas ideas de inmediato, fue enseguida al grano, planteando al amigo, el plan que se le había ocurrido para lograr una paz definitiva entre el Temple y la Iglesia.
Le llamaban Feliciano y se apellidaba Pérez.
Siempre estaba en compañía del fiel condiscípulo canino que llama Bécquer.
Matania, se cito con su amigo en la cruz del cruce de caminos, que estaba a la salida del Monasterio, con el deseo de que Feliciano le hiciese un favor.
Matania, tenía un buen amigo en una aldea cercana al Monasterio, que trabajaba de Masón, (en francés albañil) en cuerpo y alma, y que tenía el estilo y la gallarda planta de los viejos maestros de obras de las Catedrales.
Le llamaban Feliciano y se apellidaba Pérez.
Siempre estaba en compañía del fiel condiscípulo canino que llama Bécquer.
Estaba cansado de la continua e inútil guerra que enfrentaban al Temple y a la Iglesia desde tiempos inmemoriales y su mayor deseo era terminar para siempre con esa estúpida lucha, se decidió hablarle seriamente al Maestre Corona, que ya conocía de muy antiguo, para tratar de repartirse los antiguos derechos que tenían las dos instituciones sobre el Arca.
Matania, tenía un buen amigo en una aldea cercana al Monasterio, que trabajaba de Masón, (en francés albañil) en cuerpo y alma, y que tenía el estilo y la gallarda planta de los viejos maestros de obras de las Catedrales.
Matania, repensaba recostado sobre el camastro de su estrecha celda, después de haber rezado con los demás los maitines y los dilatados rezos, que en un ritmo monótono y cansino salpicaban con su ritmo el casto silencio del Monasterio Benedictino.
Estaba cansado de la continua e inútil guerra que enfrentaban al Temple y a la Iglesia desde tiempos inmemoriales y su mayor deseo era terminar para siempre con esa estúpida lucha, se decidió hablarle seriamente al Maestre Corona, que ya conocía de muy antiguo, para tratar de repartirse los antiguos derechos que tenían las dos instituciones sobre el Arca.
Los tambores silenciosos de la guerra atronaban el alma muda de unos contendientes; empalagando el aire del aroma de una sangre inútil que siempre se vierte a raudales en las tierras de España.
Matania, repensaba recostado sobre el camastro de su estrecha celda, después de haber rezado con los demás los maitines y los dilatados rezos, que en un ritmo monótono y cansino salpicaban con su ritmo el casto silencio del Monasterio Benedictino.
Las armas se engrasaban en las rudas manos de los caballeros y los guardias del Papa para defenderse con ferocidad de las acometidas de sus enconados enemigos seculares.
Los tambores silenciosos de la guerra atronaban el alma muda de unos contendientes; empalagando el aire del aroma de una sangre inútil que siempre se vierte a raudales en las tierras de España.
Los laboratorios de los contrincantes trabajaban al máximo para preparar los equipos necesarios para hacer sonar las trompetas de la Octava Profecía.
Las armas se engrasaban en las rudas manos de los caballeros y los guardias del Papa para defenderse con ferocidad de las acometidas de sus enconados enemigos seculares.
Esa era la ley de Dios impuesta por Él mismo en la puerta del Jardín del Edén, antes de expulsar a los seres humanos que Él mismo había creado; porque habían traicionado el mandamiento imperativo que le prohibía comer el fruto del árbol que contenía la esencia del bien y del mal.
Los laboratorios de los contrincantes trabajaban al máximo para preparar los equipos necesarios para hacer sonar las trompetas de la Octava Profecía.
- ¡Ningún humano lo sabrá jamás hasta que salga a la luz el Arcón Divino del Señor!
Esa era la ley de Dios impuesta por Él mismo en la puerta del Jardín del Edén, antes de expulsar a los seres humanos que Él mismo había creado; porque habían traicionado el mandamiento imperativo que le prohibía comer el fruto del árbol que contenía la esencia del bien y del mal.
- ¿Es posible que los antiguos escribas de los viejos proverbios sagrados trucaran, por voluntad expresa del Altísimo, en lenguaje retruécano, este concepto literal para evitar que cayese en manos impuras?
- ¡Ningún humano lo sabrá jamás hasta que salga a la luz el Arcón Divino del Señor!
- ¿Es legítimo interpretar el texto literalmente?
- ¡No!
- ¡Saber la verdad liberará a los hombres!
-La Octava Profecía, no se podría interpretar jamás de manera tan simple, que no revelaba nada
- ¿Es posible que los antiguos escribas de los viejos proverbios sagrados trucaran, por voluntad expresa del Altísimo, en lenguaje retruécano, este concepto literal para evitar que cayese en manos impuras?
La Octava Profecía dice:
Las palabras del Señor, se velan entre los cuatro Querubines que aguardan en la puerta que se abre al mortal; con los melodiosos clarines de los siete Arcángeles anunciando al viento el juicio final, en la entrada sagrada del tabernáculo de los judíos.
- ¿Es legítimo interpretar el texto literalmente?
- ¡No!
- ¡Saber la verdad liberará a los hombres!
-La Octava Profecía, no se podría interpretar jamás de manera tan simple, que no revelaba nada
24
Dos poderosas hermandades cristianas resucitaban en pleno siglo veintiuno, el antiguo enfrentamiento que todavía no estaba limpio de la descomposición que corrompió al Papa y a Felipe el Hermoso.
La Octava Profecía dice:
Las palabras del Señor, se velan entre los cuatro Querubines que aguardan en la puerta que se abre al mortal; con los melodiosos clarines de los siete Arcángeles anunciando al viento el juicio final, en la entrada sagrada del tabernáculo de los judíos.
La triste historia del Arca Monseñor, se vuelve a repetir de nuevo en el mismo escenario natural que tenía antes la cripta en donde se escondía y oculta el Arca de la Alianza con el Señor.
24
Dos poderosas hermandades cristianas resucitaban en pleno siglo veintiuno, el antiguo enfrentamiento que todavía no estaba limpio de la descomposición que corrompió al Papa y a Felipe el Hermoso.
-Reinaldo, el Abad, que el Señor guarde, sabe algo de los mágicos sortilegios que preparábamos para combatir al Temple, antes de que su Eminencia el Cardenal y Embajador del Papa, fuese alumno del Seminario donde fue ordenado sacerdote.
La triste historia del Arca Monseñor, se vuelve a repetir de nuevo en el mismo escenario natural que tenía antes la cripta en donde se escondía y oculta el Arca de la Alianza con el Señor.
- ¿Qué sabiduría, induce al hermano monje a decir que puede hallar el Arca de Jehová?
Pregunto el Cardenal impaciente.
-Reinaldo, el Abad, que el Señor guarde, sabe algo de los mágicos sortilegios que preparábamos para combatir al Temple, antes de que su Eminencia el Cardenal y Embajador del Papa, fuese alumno del Seminario donde fue ordenado sacerdote.
-Placitum resolübilis arca, gratia deus.
(Me complace deciros que se puede hallar el arca, gracias a Dios)
Era la traducción exacta de las palabras en latín del cenobita Matania.
- ¿Qué sabiduría, induce al hermano monje a decir que puede hallar el Arca de Jehová?
Pregunto el Cardenal impaciente.
Ordenó que trajesen de inmediato al alquimista del Monasterio y cuando el anciano Matania se detuvo delante del Cardenal, éste se quedo de piedra al oír al viejo que le decía en arcaico latín:
-Placitum resolübilis arca, gratia deus.
(Me complace deciros que se puede hallar el arca, gracias a Dios)
Era la traducción exacta de las palabras en latín del cenobita Matania.
Pero este avistamiento significaba para el Cardenal que los enemigos andaban cerca de saber la verdad y estaba muy preocupado por el enorme adelanto que el Temple les llevaba.
Ordenó que trajesen de inmediato al alquimista del Monasterio y cuando el anciano Matania se detuvo delante del Cardenal, éste se quedo de piedra al oír al viejo que le decía en arcaico latín:
El explorador les había visto a tres leguas del claro y no podía, ni sabía el lugar o sitio, a donde iban o llegaban los tres templarios.
Pero este avistamiento significaba para el Cardenal que los enemigos andaban cerca de saber la verdad y estaba muy preocupado por el enorme adelanto que el Temple les llevaba.
Era la suerte y la desgracia que retornaban a jugar juntas al sangriento juego de la muerte.
El explorador les había visto a tres leguas del claro y no podía, ni sabía el lugar o sitio, a donde iban o llegaban los tres templarios.
Lo intrincado del serpenteante sendero donde ellos debían pasar, impidió que viesen a un explorador, de los que tenía el Cardenal distribuidos por todos los pueblos y bosques de la comarca.
Era la suerte y la desgracia que retornaban a jugar juntas al sangriento juego de la muerte.
Como nada en el proceso anterior había cambiado, se retiraron después de anotar todos los datos que había recopilado los tres templarios discretamente, borrando al marchar, detrás de ellos, las posibles huellas que había podido dejar en el blando terreno del bosque lebaniego.
Lo intrincado del serpenteante sendero donde ellos debían pasar, impidió que viesen a un explorador, de los que tenía el Cardenal distribuidos por todos los pueblos y bosques de la comarca.
Enfundados en sendos trajes de láminas de plomo, Marañón, Corona y Guatire, estaban midiendo en el perímetro del claro, la radiación del Arca con un contador Geyger y se sorprendían al demostrar que la radiación aumentaba al momento que un cuerpo orgánico se acercaba sin protección al claro.
Como nada en el proceso anterior había cambiado, se retiraron después de anotar todos los datos que había recopilado los tres templarios discretamente, borrando al marchar, detrás de ellos, las posibles huellas que había podido dejar en el blando terreno del bosque lebaniego.
Cuando comunicó la noticia a Corona y a Guatire, los tres decidieron mantenerlo en secreto al intuir que el Temple no estaba preparado para realizar otra vez el complicado trabajo de trasladar el Arca a un lugar más seguro.
Ningún otro templario lo sabía.
Enfundados en sendos trajes de láminas de plomo, Marañón, Corona y Guatire, estaban midiendo en el perímetro del claro, la radiación del Arca con un contador Geyger y se sorprendían al demostrar que la radiación aumentaba al momento que un cuerpo orgánico se acercaba sin protección al claro.
Marañón había sabido donde se encontraba el Arca desde el primer momento, por el libro miniado de Alexis.
Cuando comunicó la noticia a Corona y a Guatire, los tres decidieron mantenerlo en secreto al intuir que el Temple no estaba preparado para realizar otra vez el complicado trabajo de trasladar el Arca a un lugar más seguro.
Ningún otro templario lo sabía.
Ninguna poderosa fuerza se interponía ahora, entre la energía del poderoso Jehová y los que ansiaban tenerla para manipular al planeta y al hombre.
Marañón había sabido donde se encontraba el Arca desde el primer momento, por el libro miniado de Alexis.
Tanto tiempo adormecido sin ser importunada por el poderío de la Iglesia, ni el Temple, que la había traído y sepultado en el primer viaje, en la obscura cripta de piedra, cuando los tiempos eran difíciles y los caminos peligrosos.
Ninguna poderosa fuerza se interponía ahora, entre la energía del poderoso Jehová y los que ansiaban tenerla para manipular al planeta y al hombre.
El objeto sagrado del Creador había vuelto sumiso al lugar donde se adormilaba la poderosa energía y la fuerza Divina, esperando al nuevo profeta que la protegiese para siempre de las garras inmundas de Satanás y de los especuladores romanos.
Tanto tiempo adormecido sin ser importunada por el poderío de la Iglesia, ni el Temple, que la había traído y sepultado en el primer viaje, en la obscura cripta de piedra, cuando los tiempos eran difíciles y los caminos peligrosos.
El encantamiento y la santa compaña envolvían el silencio de los ingenuos aldeanos y el misterio que atesoraba la aurora brillante de albor que traían las fuerzas del Arca a la vida de la naturaleza.
El objeto sagrado del Creador había vuelto sumiso al lugar donde se adormilaba la poderosa energía y la fuerza Divina, esperando al nuevo profeta que la protegiese para siempre de las garras inmundas de Satanás y de los especuladores romanos.
La sabiduría lugareña había evitado desde tiempos inmemoriales acercarse a varias leguas del maldito e insalubre claro, de ese bosque donde perecían los animales y desaparecían todas las personas que se acercaban, sin dejar rastro alguno.
El encantamiento y la santa compaña envolvían el silencio de los ingenuos aldeanos y el misterio que atesoraba la aurora brillante de albor que traían las fuerzas del Arca a la vida de la naturaleza.
El Mago templario sabía, que la carne humana y la animal, se envenenaba al contactar con el suspiro que exhalaba el Arca de Dios.
La sabiduría lugareña había evitado desde tiempos inmemoriales acercarse a varias leguas del maldito e insalubre claro, de ese bosque donde perecían los animales y desaparecían todas las personas que se acercaban, sin dejar rastro alguno.
Alrededor del círculo, osamentas blanquecinas por el tiempo, muy imprecisas de identificar si eran de hombres o de animales, se hallaban esparcidas por el interior del espacioso claro.
El Mago templario sabía, que la carne humana y la animal, se envenenaba al contactar con el suspiro que exhalaba el Arca de Dios.
Esas enigmáticas preguntas se estaba haciendo a si mismo el Nigromante Marañón, dudando entre las maravillas que podía proporcionarle al Arca y toda una oscura fuerza que podía desatarse en cualquier instante.
Alrededor del círculo, osamentas blanquecinas por el tiempo, muy imprecisas de identificar si eran de hombres o de animales, se hallaban esparcidas por el interior del espacioso claro.
¿Esta maldito el lugar?
¿Tenía una especial maleficencia el extraño y perfecto circulo?
¿Era el céfiro deletéreo y desfavorable dentro de la circunferencia?
¿Era la Satánica rueda de la maleficencia?
Esas enigmáticas preguntas se estaba haciendo a si mismo el Nigromante Marañón, dudando entre las maravillas que podía proporcionarle al Arca y toda una oscura fuerza que podía desatarse en cualquier instante.
Ningún animal de pata o pluma, osaba pastar, ni se atrevía a volar dentro ó en la verticalidad invisible, del magnético redondel.
¿Esta maldito el lugar?
¿Tenía una especial maleficencia el extraño y perfecto circulo?
¿Era el céfiro deletéreo y desfavorable dentro de la circunferencia?
¿Era la Satánica rueda de la maleficencia?
El enorme redondel se iba agostando al tiempo que la hierba al crecer hacía el eje del claro se aclaraba más, dejando un redondel de tierra cenicienta en el mismo centro de la extraña circunferencia.
Ningún animal de pata o pluma, osaba pastar, ni se atrevía a volar dentro ó en la verticalidad invisible, del magnético redondel.