Respuestas para Críspulo Cortés Cortés:

Donde no hay vino
no hay amor.
Un vaso de vino en
el momento oportuno,
vale más que todas las
riquezas de la tierra.
Las leyes justas nacieron
de las injusticias.
Donde no hay vino
no hay amor.
La justicia llevada al
extremo es una extrema
injusticia.
Cien años de injusticia
no hacen derecho.
Quien busque la injusticia
no necesitará lámpara.
La justicia llevada al
extremo es una extrema
injusticia.
Una injusticia hecha a uno
es una amenaza a todos.
El amor por la justicia sólo es,
en muchos hombres,
el temor de sufrir la injusticia.
La extremada rectitud
es la mayor injusticia.
Es mejor sufrir una injusticia
que cometerla.
La ley es una telaraña
que detiene a las moscas y
deja pasar a los pájaros.
Es muy difícil no ser
injusto con lo que uno ama.
Sin dolor no se forma el carácter;
sin placer, el espíritu.
No se ha llegado al colmo del
dolor cuando se tiene aún
fuerza para quejarse.
El dolor es siempre
menos fuerte que la queja.
Sin dolor no se forma el carácter;
sin placer, el espíritu.
La corona real no quita
el dolor de cabeza.
El dolor es siempre
menos fuerte que la queja.
No hay mayor dolor que recordar
los tiempos felices
desde la miseria.
La corona real no quita
el dolor de cabeza.
El dolor, cuando no se
convierte en verdugo,
es un gran maestro.
No hay mayor dolor que recordar
los tiempos felices
desde la miseria.
Sólo sanamos de un dolor
cuando lo padecemos plenamente.
El dolor, cuando no se
convierte en verdugo,
es un gran maestro.
La alegría es la pena que se
disimula, sobre la tierra
no hay más que dolores.
Sólo sanamos de un dolor
cuando lo padecemos plenamente.
No hay dolor que el
sueño no pueda vencer.
El odio virulento y larvado
hacia el prójimo es la
expresión del dolor de uno mismo.
El trabajo nos alivia el dolor.
No hay dolor que el
sueño no pueda vencer.
El recuerdo de la felicidad
ya no es felicidad; el recuerdo
del dolor es todavía dolor.
El dolor es para el
alma un alimento fecundo.
La dicha no es más que un sueño,
y el dolor la realidad.
El dolor que se calla
es más doloroso.
El hombre se acostumbra fácilmente
al dolor.
Es nuestra fuerza,
por eso vivimos.
La dicha no es más que un sueño,
y el dolor la realidad.
Dios ha puesto el placer tan
cerca del dolor que muchas
veces se llora de alegría.
Bien poco enseñó la vida
a quien no le enseñó a
soportar el dolor.
No te rías de las lágrimas
de un niño.
Todos los
dolores son iguales.
Dios ha puesto el placer tan
cerca del dolor que muchas
veces se llora de alegría.
El hombre a quien el dolor
no educó siempre será un niño.
No te rías de las lágrimas
de un niño.
Todos los
dolores son iguales.
Que haya muerto no es prueba
suficiente de que haya vivido.
El hombre a quien el dolor
no educó siempre será un niño.
La vida es un hospital donde
cada enfermo está poseído por
el deseo de cambiar de cama.
Que haya muerto no es prueba
suficiente de que haya vivido.
La vida no merece que
uno se preocupe tanto.
La vida es una historia
muy bella que siempre
termina mal.
La mitad de la vida es deseo,
y la otra mitad insatisfacción.
La vida no merece que
uno se preocupe tanto.
El que no aprecia la vida
no la merece.
La mitad de la vida es deseo,
y la otra mitad insatisfacción.
La vida es demasiado corta
para que la hagamos mezquina.
El que no aprecia la vida
no la merece.
No hay nada que los hombres más
deseen conservar y menos cuiden
que su propia vida.
La vida es demasiado corta
para que la hagamos mezquina.
Todo aquel que tiene una
razón para vivir
puede soportar cualquier
forma de hacerlo.
No hay nada que los hombres más
deseen conservar y menos cuiden
que su propia vida.
El que larga vida vive,
mucho mal ha de pasar.
Todo aquel que tiene una
razón para vivir
puede soportar cualquier
forma de hacerlo.
Sólo vive el que sabe.
El que larga vida vive,
mucho mal ha de pasar.
Feliciano, Corona y Guatire, no podían conciliar el sueño y aunque estaban extenuados, la impotencia y la cólera, por el sorprendente ataque de la Iglesia les habían dejado insensibles para reaccionar ante el duro trabajo que les aguardaba para trasladar el Arca a su eterno descanso.
Las mentes de los máximos responsables no tenían capacidad de dormirse, eran ordenadores genéticos que sólo sabían pensar.
Las neuronas de los cerebros, de tres simples seres humanos, impulsan las tenues fuerzas que generan la inteligencia y el movimiento.
Eran llegados los tiempos, que Jehová le prometió a Moisés.
La Tierra será para los hombres que encuentren la fuente donde brota leche y miel y se sacien de ella.
Descansaban los dos polos en la coexistencia vital de los seres fabricados a imagen y a semejanza del forjador de la creación y Cristo resplandecía en los corazones de los orgullosos cumplidores de su ley.
Feliciano, Corona y Guatire, no podían conciliar el sueño y aunque estaban extenuados, la impotencia y la cólera, por el sorprendente ataque de la Iglesia les habían dejado insensibles para reaccionar ante el duro trabajo que les aguardaba para trasladar el Arca a su eterno descanso.
La elipsis a la luz del día y una fuerza aportada por la sangre vertida en la oscura noche, acallaron para los hombres el ardor eterno del Arca de la Alianza.
Descansaban los dos polos en la coexistencia vital de los seres fabricados a imagen y a semejanza del forjador de la creación y Cristo resplandecía en los corazones de los orgullosos cumplidores de su ley.
El chorro de brillante luz que había surgido hasta disiparse entre las miríadas de estrellas, había sido apagado por la fuerza de carne muerta en sacrificio a la esencia divina de su poder.
La elipsis a la luz del día y una fuerza aportada por la sangre vertida en la oscura noche, acallaron para los hombres el ardor eterno del Arca de la Alianza.
La Octava Profecía, que esconde el Arca, se estaba despertando, con esa intensa belleza del amanecer, en las altas montañas de los Picos de Europa.
El chorro de brillante luz que había surgido hasta disiparse entre las miríadas de estrellas, había sido apagado por la fuerza de carne muerta en sacrificio a la esencia divina de su poder.
El Arca de Jehová, podía esperarles algunas horas más; sobre todo, cuando ella había esperado su liberación doce largos siglos.
La Octava Profecía, que esconde el Arca, se estaba despertando, con esa intensa belleza del amanecer, en las altas montañas de los Picos de Europa.
Cuando en el horizonte, comenzaba la radiante luz solar a reflejar sus fuertes e irisados colores rojos y amarillentos, los caballeros templarios que estaban vivos, (menos los hombres del reten obligatorio de la guardia) se tendieron rendidos en los camastros de la única carpa que habían dejado sin quemar.
El Arca de Jehová, podía esperarles algunas horas más; sobre todo, cuando ella había esperado su liberación doce largos siglos.