Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:

- ¡Buen hombre!
Pregunto Rascahuertos.
- ¿Por qué tiene ese monte tan alto una nube negra en la cumbre?
El carretero, que estaba silbando una bella tonada mientras conducía el carro, le miró y dijo.
-Más le valdría a vuestra merced ser ciego, porque lo que ahora veis, nosotros no lo queremos ver.
Rascahuertos, al escuchar tan extraña explicación, pensó que podía tener la montaña en una región en donde se respira paz y tranquilidad y le pregunto:
Después de andar el carro con el paso cansino, un buen trecho en completo silencio, el carro penetró a en una vasta gradería que estaba completamente desarbolada, lo que dejaba contemplar en la lejanía una empinada montaña coronada con una extraña nube negra que rodeaba en círculo toda la cima.
- ¡Buen hombre!
Pregunto Rascahuertos.
- ¿Por qué tiene ese monte tan alto una nube negra en la cumbre?
Cuando Chupahuesos, se sentó en el pescante, sin más preámbulos el carretero arreo a las dos bestias haciendo que tintineara alegremente el collarín de campanillas que los percherones llevaban alrededor del cuello.
Después de andar el carro con el paso cansino, un buen trecho en completo silencio, el carro penetró a en una vasta gradería que estaba completamente desarbolada, lo que dejaba contemplar en la lejanía una empinada montaña coronada con una extraña nube negra que rodeaba en círculo toda la cima.
Bastantes peces tenemos y no tema vuestra merced que será satisfecho con abundante pesca.
Finalizó Rascahuertos montando en el pescante del carromato.
Cuando Chupahuesos, se sentó en el pescante, sin más preámbulos el carretero arreo a las dos bestias haciendo que tintineara alegremente el collarín de campanillas que los percherones llevaban alrededor del cuello.
-Te pagaremos con peces que hemos pescado en el lago, si vuestra merced lo acepta
Dijo Rascahuertos al carretero.
-Claro que se lo acepto, señores, pues hacía tiempo que no probaba el pescado.
- ¿Tienen muchos para vender?
Pregunto el carretero a Chupahuesos.
Bastantes peces tenemos y no tema vuestra merced que será satisfecho con abundante pesca.
Finalizó Rascahuertos montando en el pescante del carromato.
-Caros ciudadanos yo cuando deseo montar en mí carro a alguien extraño, sólo inquiero su compañía, porque ya sabréis que estos tortuosos caminos son monótonos y solitarios para tener que hacérmelos sólo con los caballos y ninguno más, mis queridos compadres de fatigas.
-Te pagaremos con peces que hemos pescado en el lago, si vuestra merced lo acepta
Dijo Rascahuertos al carretero.
-Claro que se lo acepto, señores, pues hacía tiempo que no probaba el pescado.
- ¿Tienen muchos para vender?
Pregunto el carretero a Chupahuesos.
- ¡Gracias buen hombre, que Dios se lo pague!
- ¡Pagármelo!
Dijo el arriero mirándoles a los ojos.
- ¡Sí!
-Recompensar vuestra bondad.
Respondieron los dos con sincero acento.
-Caros ciudadanos yo cuando deseo montar en mí carro a alguien extraño, sólo inquiero su compañía, porque ya sabréis que estos tortuosos caminos son monótonos y solitarios para tener que hacérmelos sólo con los caballos y ninguno más, mis queridos compadres de fatigas.
Cuando uno de los carromatos llegó hasta su altura el arriero detuvo el vehiculo.
El arriero al pararse, miró a los dos zarrapastrosos con desconfianza, debido al desastroso aspecto que tenían, pero en cuando aguzo los sentidos y vio las sinceras miradas de Chupahuesos y Rascahuertos, vio el ellos sólo bondad y sinceridad en sus rostros y enseguida les ofreció cargar la mercancía y subir al pescante.
- ¡Gracias buen hombre, que Dios se lo pague!
- ¡Pagármelo!
Dijo el arriero mirándoles a los ojos.
- ¡Sí!
-Recompensar vuestra bondad.
Respondieron los dos con sincero acento.
Salieron del bosque al camino y en cuando llego la primera, levantaron la mano haciendo una señal al carretero que pasaba.
Cuando uno de los carromatos llegó hasta su altura el arriero detuvo el vehiculo.
El arriero al pararse, miró a los dos zarrapastrosos con desconfianza, debido al desastroso aspecto que tenían, pero en cuando aguzo los sentidos y vio las sinceras miradas de Chupahuesos y Rascahuertos, vio el ellos sólo bondad y sinceridad en sus rostros y enseguida les ofreció cargar la mercancía y subir al pescante.
Como con tal cantidad de peces no podían caminar se fueron hacía el camino real para tratar de hallar y contratar una carreta, que esas que pasaban con cierta frecuencia por el camino, para que le llevase esa mercancía hasta el poblado más próximo para poder vender los hermosos peces a los habitantes de la aldea más próxima.
Salieron del bosque al camino y en cuando llego la primera, levantaron la mano haciendo una señal al carretero que pasaba.
Entre todos contabilizaron 401 peces.
75 truchas grandes.
75 truchas medianas.
75 carpas grades.
75 carpas medianas.
100 barbos terciados.
Y un alevín de salmón que devolvieron al rió.
Como con tal cantidad de peces no podían caminar se fueron hacía el camino real para tratar de hallar y contratar una carreta, que esas que pasaban con cierta frecuencia por el camino, para que le llevase esa mercancía hasta el poblado más próximo para poder vender los hermosos peces a los habitantes de la aldea más próxima.
Rascahuertos y Chupahuesos, una vez calmados y más tranquilos, sacaron los peces de los zurrones y los seleccionaron en montones por tamaño y por la especie que cada pez tenía.
Entre todos contabilizaron 401 peces.
75 truchas grandes.
75 truchas medianas.
75 carpas grades.
75 carpas medianas.
100 barbos terciados.
Y un alevín de salmón que devolvieron al rió.
Continuaron nuestros dos amigos durante bastante tiempo en este alborozado acontecimiento humano hasta que los dos vagamundos agotados de pescar sin caña, se abatieron rendidos en la fresca hierba mientras clamaban alegremente.
- ¡Gracias!... ¡mil gracias!... quien quiera que fuese nuestro bienhechor y samaritano.
Rascahuertos y Chupahuesos, una vez calmados y más tranquilos, sacaron los peces de los zurrones y los seleccionaron en montones por tamaño y por la especie que cada pez tenía.
Mientras los peces del pantano palpitaban dentro de los dilatados morrales, Rascahuertos y su amigo Chupahuesos estaban maravillados, al comprobar los prodigios que ellos podían realizar sin esfuerzo alguno; saltando de felicidad y contento pensando que a partir de ahora estaban libres de obligaciones y de trabajos.
Continuaron nuestros dos amigos durante bastante tiempo en este alborozado acontecimiento humano hasta que los dos vagamundos agotados de pescar sin caña, se abatieron rendidos en la fresca hierba mientras clamaban alegremente.
- ¡Gracias!... ¡mil gracias!... quien quiera que fuese nuestro bienhechor y samaritano.
Al instante, el mismo clamor del galope de cientos de caballos del día anterior se dejo oír en la paz del bosque, mientras una nube de tonos plateados, que brotaban desde el pequeño lago, se dirigían veloz-mente hacía los amigos hasta que el conglomerado plateado se metió dentro de los dos zurrones.
Mientras los peces del pantano palpitaban dentro de los dilatados morrales, Rascahuertos y su amigo Chupahuesos estaban maravillados, al comprobar los prodigios que ellos podían realizar sin esfuerzo alguno; saltando de felicidad y contento pensando que a partir de ahora estaban libres de obligaciones y de trabajos.
Capitulo 6
Después de recorrer un trecho bastante largo por los serpenteantes senderos que había entre la zona boscosa y el monte bajo, se detuvieron en la orilla de un arroyo en donde veían que nadaban algunas hermosas truchas y viendo la posibilidad de repetir la hazaña anterior, vaciaron sus zurrones y después de colocarlos abiertos en la orilla levantaron los brazos y clamaron los dos al cielo:
- ¡Que todas las truchas del lago se metan dentro de nuestros zurrones!
Al instante, el mismo clamor del galope de cientos de caballos del día anterior se dejo oír en la paz del bosque, mientras una nube de tonos plateados, que brotaban desde el pequeño lago, se dirigían veloz-mente hacía los amigos hasta que el conglomerado plateado se metió dentro de los dos zurrones.
Encogiéndose de hombros y sin dar más importan-cia a tan extraños sucesos, se echaron el zurrón a la espalda y se emplazaron los dos sosegadamente a caminar con paso pausado pero inmutable.
Más adelante tendrían tiempo de averiguar si este milagro de los peces había sido casualidad ó podía ser pura magia.
Capitulo 6
Después de recorrer un trecho bastante largo por los serpenteantes senderos que había entre la zona boscosa y el monte bajo, se detuvieron en la orilla de un arroyo en donde veían que nadaban algunas hermosas truchas y viendo la posibilidad de repetir la hazaña anterior, vaciaron sus zurrones y después de colocarlos abiertos en la orilla levantaron los brazos y clamaron los dos al cielo:
- ¡Que todas las truchas del lago se metan dentro de nuestros zurrones!
¿Seguirá en el futuro la buena racha?
Se preguntaban, pensando en que todo lo que les había sucedido podía ser debido a unos fenómenos casuales.
Encogiéndose de hombros y sin dar más importan-cia a tan extraños sucesos, se echaron el zurrón a la espalda y se emplazaron los dos sosegadamente a caminar con paso pausado pero inmutable.
Más adelante tendrían tiempo de averiguar si este milagro de los peces había sido casualidad ó podía ser pura magia.
Rascahuertos mientras tanto, atizaba los rescoldos de la hoguera (que les había servido para asar los peces la noche anterior) y asó el resto de pescados que les habían sobrado. Después de comerse entre los dos todos los peces que les quedaban con toda la tranquilidad del mundo reflexionaron sobre esos excepcionales sucesos que iban ha transformar por completo las vidas que hasta ahora llevaban. El ajedrez, el dominó y el precioso libro, les habían trastocado en gran manera, su forma errabunda de ... (ver texto completo)
¿Seguirá en el futuro la buena racha?
Se preguntaban, pensando en que todo lo que les había sucedido podía ser debido a unos fenómenos casuales.
En uno de los estanques próximos, una bandada de patos silvestres amerizaban torpemente sobre las cristalinas aguas, agitándolas entre fuertes revolti-jos de espuma blanca, mientras los pajarillos muy asustados por el enorme escándalo que provocaban sus congéneres, huían despavoridos hasta los rin-cones más profundos del bosque.
Rascahuertos mientras tanto, atizaba los rescoldos de la hoguera (que les había servido para asar los peces la noche anterior) y asó el resto de pescados que les habían sobrado. Después de comerse entre los dos todos los peces que les quedaban con toda la tranquilidad del mundo reflexionaron sobre esos excepcionales sucesos que iban ha transformar por completo las vidas que hasta ahora llevaban. El ajedrez, el dominó y el precioso libro, les habían trastocado en gran manera, su forma errabunda de ... (ver texto completo)
El frío de la mañana y la mucha claridad del día, espabilaron la actividad de los amigos y después de guardarse en los zurrones su precario ajuar sa-lieron de la cueva, para estirar sus perezosamente entumecidos músculos, quedándose hechizados los dos por la maravillosa salida del sol.
En uno de los estanques próximos, una bandada de patos silvestres amerizaban torpemente sobre las cristalinas aguas, agitándolas entre fuertes revolti-jos de espuma blanca, mientras los pajarillos muy asustados por el enorme escándalo que provocaban sus congéneres, huían despavoridos hasta los rin-cones más profundos del bosque.
Y cuando Rascahuertos y Chupahuesos, por dere-cho le pedían a los diablillos el deseo que siempre habían tenido, se despertaron del profundo sueño de repente, por la fuerte luz del sol de la mañana que les daba de lleno sobre sus rostros.
El frío de la mañana y la mucha claridad del día, espabilaron la actividad de los amigos y después de guardarse en los zurrones su precario ajuar sa-lieron de la cueva, para estirar sus perezosamente entumecidos músculos, quedándose hechizados los dos por la maravillosa salida del sol.
Jugaron 7 partidas hasta completar los 40 puntos, sumando 50 veces 6, más una de 100 que sumaba 10 puntos. Cerraron, dos veces al 6, dos al 4, dos al 2 y una sola vez a las fichas blancas.
Y cuando Rascahuertos y Chupahuesos, por dere-cho le pedían a los diablillos el deseo que siempre habían tenido, se despertaron del profundo sueño de repente, por la fuerte luz del sol de la mañana que les daba de lleno sobre sus rostros.
Al contar las fichas después de cada cierre, los dos contabilizaban solamente las fichas de uno de ellos porque argumentaron a los diablillos, con ninguna razón, pero con bastante cara dura, que como seres humanos que eran, jugaban los dos para uno sólo y al contar sólo las de uno siempre ganaban el cierre de cada partida.
Jugaron 7 partidas hasta completar los 40 puntos, sumando 50 veces 6, más una de 100 que sumaba 10 puntos. Cerraron, dos veces al 6, dos al 4, dos al 2 y una sola vez a las fichas blancas.
Como al dominó siempre gana la pareja que tiene menos puntos en las fichas que queden si se cierra en secuencia de uno al seis ó las blancas; cómo los amigos son magníficos jugadores, se las compusie-ron de tal manera que todas las jugadas que los dos hacían acababan siempre en cierre.
Al contar las fichas después de cada cierre, los dos contabilizaban solamente las fichas de uno de ellos porque argumentaron a los diablillos, con ninguna razón, pero con bastante cara dura, que como seres humanos que eran, jugaban los dos para uno sólo y al contar sólo las de uno siempre ganaban el cierre de cada partida.
Como vencer a los diablos una partida de dominó era rigurosamente imposible, (porque si tenían de contrarios a los dos diablillos jamás les vencerían) pensaron la mejor manera y forma de solucionar el conflicto.
Como al dominó siempre gana la pareja que tiene menos puntos en las fichas que queden si se cierra en secuencia de uno al seis ó las blancas; cómo los amigos son magníficos jugadores, se las compusie-ron de tal manera que todas las jugadas que los dos hacían acababan siempre en cierre.
Soñaron que ellos estaban jugando una partida de dominó de compañeros y tenían como contrarios a dos amables diablillos rojos, que juraban con énfa-sis que los vencedores podían pedir su mejor deseo si ganaban la partida.
Como vencer a los diablos una partida de dominó era rigurosamente imposible, (porque si tenían de contrarios a los dos diablillos jamás les vencerían) pensaron la mejor manera y forma de solucionar el conflicto.
Capitulo 5
Una noche que estaban placidamente dormidos los dos en alguna de las cuevas que había, tuvieron los dos el mismo y extraño sueño.
Soñaron que ellos estaban jugando una partida de dominó de compañeros y tenían como contrarios a dos amables diablillos rojos, que juraban con énfa-sis que los vencedores podían pedir su mejor deseo si ganaban la partida.
Después de comer peces hasta reventar, lo amigos se apartaron del camino para encontrar un lugar en donde podrían pasar la noche. Se metieron dentro de una oquedad aparente para los dos y se prepara-ron un buen lecho, con la olorosa hierba seca que por doquier había y se quedaron al instante los dos profundamente dormidos.
Capitulo 5
Una noche que estaban placidamente dormidos los dos en alguna de las cuevas que había, tuvieron los dos el mismo y extraño sueño.
El asombro se reflejó en la cara de los pordioseros, mientras se aproximaban con suma lentitud hasta poder rozar con los dedos a los enormes peces que aún palpitaban.
Su hambre y su contento, activaron lo demás.
Prepararon un buen fuego de leña, limpiaron los peces que pensaban engullirse entre los dos y los asaron en las brasas de la hoguera.
Después de comer peces hasta reventar, lo amigos se apartaron del camino para encontrar un lugar en donde podrían pasar la noche. Se metieron dentro de una oquedad aparente para los dos y se prepara-ron un buen lecho, con la olorosa hierba seca que por doquier había y se quedaron al instante los dos profundamente dormidos.
Rascahuertos y Chupahuesos se espantaron tanto, que emprendieron una veloz huida hacía el bosque más próximo y una vez allí; desde la protección de los árboles, contemplaron el gran montón de peces que estaban apilados en el lugar donde se hallaban los dos amigos.
El asombro se reflejó en la cara de los pordioseros, mientras se aproximaban con suma lentitud hasta poder rozar con los dedos a los enormes peces que aún palpitaban.
Su hambre y su contento, activaron lo demás.
Prepararon un buen fuego de leña, limpiaron los peces que pensaban engullirse entre los dos y los asaron en las brasas de la hoguera.
Al instante un clamor, (como si fuese el galopar de cien caballos) se produjo y como si fuesen rodea-dos por una densa nube, cientos de peces del lago le llovieron literalmente encima.
Rascahuertos y Chupahuesos se espantaron tanto, que emprendieron una veloz huida hacía el bosque más próximo y una vez allí; desde la protección de los árboles, contemplaron el gran montón de peces que estaban apilados en el lugar donde se hallaban los dos amigos.
Chupahuesos, estaba en un lado a la expectativa de lo que pudiera suceder, aunque no pensaba que ese maleficio ó como se quiera llamar, funcionase.
Al instante un clamor, (como si fuese el galopar de cien caballos) se produjo y como si fuesen rodea-dos por una densa nube, cientos de peces del lago le llovieron literalmente encima.
La voz de Rascahuertos sonó poderosa y fuerte en el aire:
- ¡El que poderíos tenga, que convierta a los peces del lago en nuestra cena!
Chupahuesos, estaba en un lado a la expectativa de lo que pudiera suceder, aunque no pensaba que ese maleficio ó como se quiera llamar, funcionase.
Del deseo ciego por el hambre que los dos tenían, surgieron desde sus estómagos hacía sus bocas, un alarido de hambruna milenaria, que resonó con sus ecos entre la arboleda como si de truenos y rayos de una tormenta se tratara.
La voz de Rascahuertos sonó poderosa y fuerte en el aire:
- ¡El que poderíos tenga, que convierta a los peces del lago en nuestra cena!
Pensando en sus maltratados organismos, al girar Rascahuertos el recodo del sendero por donde ca-minaban, vio una arboleda de sauces llorones, que crecían en los alrededores de un lindo y pequeño lago y se recordó de inmediato (por la hambruna que padecía) que podían pescar peces para comer.
Del deseo ciego por el hambre que los dos tenían, surgieron desde sus estómagos hacía sus bocas, un alarido de hambruna milenaria, que resonó con sus ecos entre la arboleda como si de truenos y rayos de una tormenta se tratara.
El escudo del caballero vestido de blanco, llevaba pintada la tiara del Papa y sobre ella tenia pintado en brillante color negro azabache el número 999.
Los cerebelos de Chupahuesos y Rascahuertos, intentaban deducir el significado de estos extraños grabados, cuando se borraron de repente todos sus escasos sentidos, al sentir en los famélicos estóma-gos la fuerte mordedura del hambre brutal.
Pensando en sus maltratados organismos, al girar Rascahuertos el recodo del sendero por donde ca-minaban, vio una arboleda de sauces llorones, que crecían en los alrededores de un lindo y pequeño lago y se recordó de inmediato (por la hambruna que padecía) que podían pescar peces para comer.
Un caballero bestia ropajes de color negro y el otro de color blanco.
El escudo del caballero negro, tenía por emblema una corona de espinas sangrantes y sobre la corona estaba grabado el número, 666, el cual destacaba por estar pintado de un blanco inmaculado.
El escudo del caballero vestido de blanco, llevaba pintada la tiara del Papa y sobre ella tenia pintado en brillante color negro azabache el número 999.
Los cerebelos de Chupahuesos y Rascahuertos, intentaban deducir el significado de estos extraños grabados, cuando se borraron de repente todos sus escasos sentidos, al sentir en los famélicos estóma-gos la fuerte mordedura del hambre brutal.
El grabado trataba de una puerta de lo que parecía un Monasterio y delante esta puerta luchaban dos caballeros ataviados de yelmo, coraza y espaldares que estaban enzarzados en una furiosa lid y al lado de esta puerta había un arcón repujado en oro con dos ángeles del mismo metal encima de la cubierta que estaban enfrentados con espadas en las manos, en actitud muy semejante ha los dos hombres que parecía que luchaban para conseguir el arcón de la puerta.
Un caballero bestia ropajes de color negro y el otro de color blanco.
El escudo del caballero negro, tenía por emblema una corona de espinas sangrantes y sobre la corona estaba grabado el número, 666, el cual destacaba por estar pintado de un blanco inmaculado.
En efecto era un hermoso libro, con hojas de cuero repujado artísticamente, que tenía las páginas más primorosamente grabadas que habían visto en sus vidas; con unos signos que le parecieron de origen religioso, por la insistencia en sus labrados de di-versas formas de cruz, los cuales se entremezclan con profusión entre el texto que estaba escrito con letras que los dos amigos desconocían. Hurgando en el libro vieron que una de las páginas reclamaba más su atención por el interesantísimo grabado ... (ver texto completo)
El grabado trataba de una puerta de lo que parecía un Monasterio y delante esta puerta luchaban dos caballeros ataviados de yelmo, coraza y espaldares que estaban enzarzados en una furiosa lid y al lado de esta puerta había un arcón repujado en oro con dos ángeles del mismo metal encima de la cubierta que estaban enfrentados con espadas en las manos, en actitud muy semejante ha los dos hombres que parecía que luchaban para conseguir el arcón de la puerta.
Rascahuertos y Chupahuesos sorprendidos y de al-guna manera algo maravillados por estos extraños acontecimientos que les habían sucedido en tan es-caso margen de tiempo, se tuvieron que resignar ante la evidencia y recogieron del suelo lo que les pareció que era un libro.
En efecto era un hermoso libro, con hojas de cuero repujado artísticamente, que tenía las páginas más primorosamente grabadas que habían visto en sus vidas; con unos signos que le parecieron de origen religioso, por la insistencia en sus labrados de di-versas formas de cruz, los cuales se entremezclan con profusión entre el texto que estaba escrito con letras que los dos amigos desconocían. Hurgando en el libro vieron que una de las páginas reclamaba más su atención por el interesantísimo grabado ... (ver texto completo)
Los dos pobres amigos sin pensárselo dos veces le entregaron de inmediato los pequeños trozos, que el extraño personaje devoró apresuradamente; y en cuanto dio termino a tan escasa comida, se puso a gritar desaforado, mientras efectuaba un prodigioso salto de 360 grados y desaparecía, dejando que se abatiera en la verde hierba, al mismo tiempo, un extraño bulto que en la mano llevaba.
Rascahuertos y Chupahuesos sorprendidos y de al-guna manera algo maravillados por estos extraños acontecimientos que les habían sucedido en tan es-caso margen de tiempo, se tuvieron que resignar ante la evidencia y recogieron del suelo lo que les pareció que era un libro.
Sin pronunciar palabra alguna el depauperado ser extendió una mano señalando a los trozos de queso y al duro pan.
Los dos pobres amigos sin pensárselo dos veces le entregaron de inmediato los pequeños trozos, que el extraño personaje devoró apresuradamente; y en cuanto dio termino a tan escasa comida, se puso a gritar desaforado, mientras efectuaba un prodigioso salto de 360 grados y desaparecía, dejando que se abatiera en la verde hierba, al mismo tiempo, un extraño bulto que en la mano llevaba.
Alzando con sorpresa la mirada, nuestros hombres ven a un ser pasmoso y deforme, vestido de raídos harapos, que en colgajos le caían del hombro hasta unos pies sucios y descalzos. Tenía un rostro que expresaba ansiedad y desesperación, a través de la intensa opacidad de unos ojos tristes y desvalidos, que estaban fijos en la escasa comida que los dos amigos tenían en sus manos.
Sin pronunciar palabra alguna el depauperado ser extendió una mano señalando a los trozos de queso y al duro pan.
Se encontraban los dos tendidos ricamente sobre la seca y olorosa hierba, en la más grata y placentera ociosidad que podían desear los dos vagabundos, cuando delante sus cuerpos vieron proyectada una alargada sombra que les tapaba los nacientes rayos de sol de la mañana.
Alzando con sorpresa la mirada, nuestros hombres ven a un ser pasmoso y deforme, vestido de raídos harapos, que en colgajos le caían del hombro hasta unos pies sucios y descalzos. Tenía un rostro que expresaba ansiedad y desesperación, a través de la intensa opacidad de unos ojos tristes y desvalidos, que estaban fijos en la escasa comida que los dos amigos tenían en sus manos.
Rascahuertos y Chupahuesos, sacaron, cuando ya estaban algo más repuestos del intenso frío, de los respectivos zurrones, las pocas viandas que el mis-terioso pedigüeño había dejado y con el hambre y con su paciente calma, comenzaron a mosdisquear despacio los pequeños trozos de queso y el pedazo de pan duro como las piedras.
Se encontraban los dos tendidos ricamente sobre la seca y olorosa hierba, en la más grata y placentera ociosidad que podían desear los dos vagabundos, cuando delante sus cuerpos vieron proyectada una alargada sombra que les tapaba los nacientes rayos de sol de la mañana.
Cuando en muy poco tiempo entraron en calor sus ateridos organismos más notaban el hambre atrasada, porque las tripas comenzaban a reverberar en los castigados y sufridos estómagos.
Rascahuertos y Chupahuesos, sacaron, cuando ya estaban algo más repuestos del intenso frío, de los respectivos zurrones, las pocas viandas que el mis-terioso pedigüeño había dejado y con el hambre y con su paciente calma, comenzaron a mosdisquear despacio los pequeños trozos de queso y el pedazo de pan duro como las piedras.
Capitulo 4
En el amanecer del siguiente día, Rascahuertos se hallaba en las proximidades de la fuente de la cual manaba un agua pura y cristalina, encendiendo una hoguera con las abundantes ramas que por doquier había, tratando de calentar el cuerpo al amor de las rojas y amarillas llamas, mientras Chupahuesos se despertaba perezoso estirando brazos y piernas.
Cuando en muy poco tiempo entraron en calor sus ateridos organismos más notaban el hambre atrasada, porque las tripas comenzaban a reverberar en los castigados y sufridos estómagos.
Chupahuesos más ágil y más dicharachero que su amigo Rascahuertos enseguida encontró entre unas rocas, al lado del camino, una cueva que le pareció conveniente para pasar la noche.
Una buena hoguera y un buen atado de hierba seca para los lechos, fue lo primero que prepararon los dos amigos, antes de comer un poco de lo que les quedaba y soñar con un buen banquete arropados con el olor que desprendía la hierba seca.
Capitulo 4
En el amanecer del siguiente día, Rascahuertos se hallaba en las proximidades de la fuente de la cual manaba un agua pura y cristalina, encendiendo una hoguera con las abundantes ramas que por doquier había, tratando de calentar el cuerpo al amor de las rojas y amarillas llamas, mientras Chupahuesos se despertaba perezoso estirando brazos y piernas.
El día avanzaba inexorablemente y como la noche se acercaba, se guardaron la caja del pordiosero en un zurrón y dejando para más adelante la búsqueda del anónimo personaje, emprendieron los cofrades de nuevo el camino y tratar de encontrar antes de la noche, el adecuado refugio donde guarecerse del frió de la tarde que caía.
Chupahuesos más ágil y más dicharachero que su amigo Rascahuertos enseguida encontró entre unas rocas, al lado del camino, una cueva que le pareció conveniente para pasar la noche.
Una buena hoguera y un buen atado de hierba seca para los lechos, fue lo primero que prepararon los dos amigos, antes de comer un poco de lo que les quedaba y soñar con un buen banquete arropados con el olor que desprendía la hierba seca.