Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
La exaltación hacía la persona del Jefe de Estado había aumentado considerablemente en los últimos años por la mucha frecuencia con la cual asistía Franco a cualquier actuación en el cual su presencia fuera necesaria, y la prensa, la radio, el nodo y los medios de información política, se ufanaban de la enorme vitalidad de un líder que se desvivía por acudir a cualquier evento que fuera necesario.
Los Embajadores y todos los nuevos diplomáticos que llegaban a España, comentaban entusiasmados las amenas charlas coloquiales que mantenían sin ningún límite con el Generalísimo Franco.
EL PARDO MAYO DE 1944.
El Coronel Blanco estaba bastante contento por la gran perfección que Paulino Godoy, el Rojo, hacía del papel del caudillo.
La exaltación hacía la persona del Jefe de Estado había aumentado considerablemente en los últimos años por la mucha frecuencia con la cual asistía Franco a cualquier actuación en el cual su presencia fuera necesaria, y la prensa, la radio, el nodo y los medios de información política, se ufanaban de la enorme vitalidad de un líder que se desvivía por acudir a cualquier evento que fuera necesario.
Cualquiera de vosotros está autorizado, en caso de peligro para la operación, a ejecutar a cualquiera de entre vosotros que trate de incumplir las normas de seguridad.
_ ¡Salud y suerte!
_ ¡Viva la República!
EL PARDO MAYO DE 1944.
El Coronel Blanco estaba bastante contento por la gran perfección que Paulino Godoy, el Rojo, hacía del papel del caudillo.
Una vez en Montpellier se os informará con más detalles sobre los planes del laborioso trabajo de campo. Ahora os entregaran los camaradas la nueva identidad y todos via-jareis en tren al destino señalado sin contacto alguno entre vosotros.
Y si alguno de vosotros fuera detenido en el viaje, deberá ingerir una de estas cápsulas de cianuro que cada uno deberá llevarse consigo.
Cualquiera de vosotros está autorizado, en caso de peligro para la operación, a ejecutar a cualquiera de entre vosotros que trate de incumplir las normas de seguridad.
_ ¡Salud y suerte!
_ ¡Viva la República!
Además debían reorganizar la coordinación de los guías y las nuevas rutas para futuras expediciones de sabotaje en territorio fascista.
Una vez en Montpellier se os informará con más detalles sobre los planes del laborioso trabajo de campo. Ahora os entregaran los camaradas la nueva identidad y todos via-jareis en tren al destino señalado sin contacto alguno entre vosotros.
Y si alguno de vosotros fuera detenido en el viaje, deberá ingerir una de estas cápsulas de cianuro que cada uno deberá llevarse consigo.
Las órdenes que recibieron una vez dentro de la sede secreta son precisas y concisas. Roberto y sus compañeros tenían que desplazarse a Montpellier, para adiestrar a los soldados regulares que se estaban preparando para el nuevo ejército de la República y también los grupos de partisanos que después se introducirían en España.
Además debían reorganizar la coordinación de los guías y las nuevas rutas para futuras expediciones de sabotaje en territorio fascista.
El encargado de los servicios era el que accionaba el mecanismo de entrada si le daban como propina una can-tidad exacta de monedas y una contraseña que se cam-biaba todos los días del año.
Solamente entonces invitaba al solicitante a entrar en la letrina turco y una vez que este había cerrado la puerta del retrete, el encargado de los servicios accionaba el mando que abría el pasadizo. Hasta que unos segundos después este volvía a cerrar ese secreto dispositivo y cuando la puerta se habría de ... (ver texto completo)
Las órdenes que recibieron una vez dentro de la sede secreta son precisas y concisas. Roberto y sus compañeros tenían que desplazarse a Montpellier, para adiestrar a los soldados regulares que se estaban preparando para el nuevo ejército de la República y también los grupos de partisanos que después se introducirían en España.
Como este local era grande y espacioso, a los servicios se accedía por un largo pasillo, en el cual se hallaba la mesa del servicio de limpieza de los retretes. Sentado delante de la mesa se hallaba el camarada anarquista que conocía la entrada secreta y era el responsable de la seguridad del centro oculto bajo las baldosas de la plaza de la Bastilla.
El encargado de los servicios era el que accionaba el mecanismo de entrada si le daban como propina una can-tidad exacta de monedas y una contraseña que se cam-biaba todos los días del año.
Solamente entonces invitaba al solicitante a entrar en la letrina turco y una vez que este había cerrado la puerta del retrete, el encargado de los servicios accionaba el mando que abría el pasadizo. Hasta que unos segundos después este volvía a cerrar ese secreto dispositivo y cuando la puerta se habría de ... (ver texto completo)
La cafetería era muy frecuentada por los soldados y por los oficiales alemanes y solamente el compañero que se encargaba de los servicios sabía como se podía accionar el escondido resorte que hacía que se levantara el cuadra-do de la baza turca en los servicios de la cafetería.
Como este local era grande y espacioso, a los servicios se accedía por un largo pasillo, en el cual se hallaba la mesa del servicio de limpieza de los retretes. Sentado delante de la mesa se hallaba el camarada anarquista que conocía la entrada secreta y era el responsable de la seguridad del centro oculto bajo las baldosas de la plaza de la Bastilla.
A esta misteriosa entrada secreta se acedía a través de un ingenioso pasadizo que tenía la entrada por debajo en la baza turca del retrete de caballeros del Café de la Bastilla de París.
La cafetería era muy frecuentada por los soldados y por los oficiales alemanes y solamente el compañero que se encargaba de los servicios sabía como se podía accionar el escondido resorte que hacía que se levantara el cuadra-do de la baza turca en los servicios de la cafetería.
La entrada a los locales secretos estaba camuflada con tal maña, que nadie que pasara por allí podía imaginarse que detrás de las gruesas paredes de piedra de sillería estaban los anarquista españoles del maquí.
A esta misteriosa entrada secreta se acedía a través de un ingenioso pasadizo que tenía la entrada por debajo en la baza turca del retrete de caballeros del Café de la Bastilla de París.
La sede que tenía el Consejo Anarquista Español en la ciudad de París, tenían la célula y el centro de su complicada organización ubicada en un viejo túnel de la red del metro.
Era un antiguo túnel que había sido anulado desde hacía tiempo para el trasiego del metro.
La entrada a los locales secretos estaba camuflada con tal maña, que nadie que pasara por allí podía imaginarse que detrás de las gruesas paredes de piedra de sillería estaban los anarquista españoles del maquí.
Fuera de la estación un destartalado vehículo les aguar-daba.
El vehiculo, tenía sobre el techo un letrero encima de la vieja carrocería, que anunciaba una marca conocida de cerveza que es identificada enseguida por los cuatro españoles.
Discretamente subieron uno detrás del otro en el anticuado furgón sin llamar demasiado la atención y una vez dentro ya tenían dispuesta otras ropas y dispuesta otra documentación, que encajaba con las nuevas ropas que se ponían. Se cambiaron en el camino los ... (ver texto completo)
La sede que tenía el Consejo Anarquista Español en la ciudad de París, tenían la célula y el centro de su complicada organización ubicada en un viejo túnel de la red del metro.
Era un antiguo túnel que había sido anulado desde hacía tiempo para el trasiego del metro.
Los anarquistas pasaron todos los controles sin más dificultades que el eterno miedo natural de los activistas que militan en la clandestinidad porque recelaban de todo y de todos.
Fuera de la estación un destartalado vehículo les aguar-daba.
El vehiculo, tenía sobre el techo un letrero encima de la vieja carrocería, que anunciaba una marca conocida de cerveza que es identificada enseguida por los cuatro españoles.
Discretamente subieron uno detrás del otro en el anticuado furgón sin llamar demasiado la atención y una vez dentro ya tenían dispuesta otras ropas y dispuesta otra documentación, que encajaba con las nuevas ropas que se ponían. Se cambiaron en el camino los ... (ver texto completo)
Como todos ellos hablaban un francés perfecto ninguno tuvo dificultad para pasar todos los controles de la policía y de la gestapo y también porque todos llevaban órdenes escritas del alto mando Alemán que les obligaba a incorporarse en la unidad Belga que estaba en la ciudad.
Los anarquistas pasaron todos los controles sin más dificultades que el eterno miedo natural de los activistas que militan en la clandestinidad porque recelaban de todo y de todos.
Todos los papeles de identificación que llevaba Roberto le acreditaban como un soldado que se hallaba en estado de convalecencia de heridas de guerra y ahora retornaba, después de curar sus heridas en un hospital, a una brigada belga de las SS acantonada en Paris.
Como todos ellos hablaban un francés perfecto ninguno tuvo dificultad para pasar todos los controles de la policía y de la gestapo y también porque todos llevaban órdenes escritas del alto mando Alemán que les obligaba a incorporarse en la unidad Belga que estaba en la ciudad.
Roberto aun cuando iba vestido con uniforme reglamentario alemán, no pudo salir de la Estación del Norte de París sin antes presentar a la policía la documentación en los severos controles de la gendarmería mixta, francesa y alemana.
Todos los papeles de identificación que llevaba Roberto le acreditaban como un soldado que se hallaba en estado de convalecencia de heridas de guerra y ahora retornaba, después de curar sus heridas en un hospital, a una brigada belga de las SS acantonada en Paris.
Tardo el tren dos largos días en llegar hasta su destino y en la madrugada del tercer día y en vagones separados llegaron sin más incidentes los cuatro a la Estación del Norte de la ciudad de París.
Roberto aun cuando iba vestido con uniforme reglamentario alemán, no pudo salir de la Estación del Norte de París sin antes presentar a la policía la documentación en los severos controles de la gendarmería mixta, francesa y alemana.
El largo tren que era mitad civil y la otra militar, al salir de la estación de Bruselas tuvo que ser desviado hacía Estrasburgo y obligado a circular en el triaje de Milouse con infinitas y largas paradas en todos los túneles por el continuo bombardeo aliado de la vía férrea en el centro de Europa.
Tardo el tren dos largos días en llegar hasta su destino y en la madrugada del tercer día y en vagones separados llegaron sin más incidentes los cuatro a la Estación del Norte de la ciudad de París.
Allí dentro el equipo de expertos en ocultamiento, viste a cada uno con el flamante uniforme de SS belga y después los llevan uno a uno hasta la Estación Central de Bruselas con el tiempo justo para coger el tren a París
El largo tren que era mitad civil y la otra militar, al salir de la estación de Bruselas tuvo que ser desviado hacía Estrasburgo y obligado a circular en el triaje de Milouse con infinitas y largas paradas en todos los túneles por el continuo bombardeo aliado de la vía férrea en el centro de Europa.
En el despacho el jefe de taller les entrevista según van llegando y al oír la contraseña, el responsable del taller los esconde en una habitación secreta que había en un lateral de las oficinas.
Allí dentro el equipo de expertos en ocultamiento, viste a cada uno con el flamante uniforme de SS belga y después los llevan uno a uno hasta la Estación Central de Bruselas con el tiempo justo para coger el tren a París
Después de comer de las lastas de conserva que allí había los cuatro anarquistas se cambiaron de ropa y con nueva documentación que tenían preparada para ellos salieron pausadamente el uno trás del otro del viejo edificio, muy espaciados y sigilosos y desaparecieron entre el acelerado trasiego de los habitantes de la bella ciudad belga. Se presentaron cada uno de ellos por separado en las ofici-nas del garaje, con el subterfugio de que buscaban trabajo como mecánicos.
En el despacho el jefe de taller les entrevista según van llegando y al oír la contraseña, el responsable del taller los esconde en una habitación secreta que había en un lateral de las oficinas.
Roberto dedujo por la situación de este local, que la tapa-dera era sorprendente buena para ellos.
Nada mejor que estar cerca de la sede de la policía nazi para camuflarse convenientemente.
Después de comer de las lastas de conserva que allí había los cuatro anarquistas se cambiaron de ropa y con nueva documentación que tenían preparada para ellos salieron pausadamente el uno trás del otro del viejo edificio, muy espaciados y sigilosos y desaparecieron entre el acelerado trasiego de los habitantes de la bella ciudad belga. Se presentaron cada uno de ellos por separado en las ofici-nas del garaje, con el subterfugio de que buscaban trabajo como mecánicos.
El punto de encuentro de las líneas era una calle en pleno centro de la ciudad y en el edificio había un garaje donde se reparaban habitualmente los coches de la gestapo, al tener la policía política alemana su centro operativo en un edificio que estaba próximo al local.
Roberto dedujo por la situación de este local, que la tapa-dera era sorprendente buena para ellos.
Nada mejor que estar cerca de la sede de la policía nazi para camuflarse convenientemente.
Roberto desplegó el mapa nº 12 sobre la mesa y trazó con una regla y un lápiz las líneas, hasta que halló el punto en donde estas se entrecruzaban con matemática precisión.
El punto de encuentro de las líneas era una calle en pleno centro de la ciudad y en el edificio había un garaje donde se reparaban habitualmente los coches de la gestapo, al tener la policía política alemana su centro operativo en un edificio que estaba próximo al local.
El texto que le habían entregado estaba escrito en fino papel cebolla y decía lo siguiente:
_ Consejo Anarquista.
_ Bruselas 4 de junio de 1944
_ Órdenes para el comando. A - 42.
_ Primero tenéis que abrir el mapa nº 12 y buscar en las coordenadas 10/30-32/17 en el perímetro de la ciudad de Bruselas.
_ Santo y seña: Rosa negra.
_ Contraseña: Roja y negra.
_ Una vez allí recibiréis instrucciones precisas y al final de este viaje cuando ya estéis todos en Paris, recibiréis por separado las ordenes ... (ver texto completo)
Roberto desplegó el mapa nº 12 sobre la mesa y trazó con una regla y un lápiz las líneas, hasta que halló el punto en donde estas se entrecruzaban con matemática precisión.
Cuando estaban solos Roberto rompió nervioso los lacres del sobre y algo alterado leyó ansioso las instrucciones del Consejo Anarquista.
El texto que le habían entregado estaba escrito en fino papel cebolla y decía lo siguiente:
_ Consejo Anarquista.
_ Bruselas 4 de junio de 1944
_ Órdenes para el comando. A - 42.
_ Primero tenéis que abrir el mapa nº 12 y buscar en las coordenadas 10/30-32/17 en el perímetro de la ciudad de Bruselas.
_ Santo y seña: Rosa negra.
_ Contraseña: Roja y negra.
_ Una vez allí recibiréis instrucciones precisas y al final de este viaje cuando ya estéis todos en Paris, recibiréis por separado las ordenes ... (ver texto completo)
_ ¿Tienes órdenes para nosotros?
_ ¡Sí!…Vuestras órdenes están en un sobre lacrado que se encuentra encima de la mesa.
Les apunto el compañero Anselmo señalando una mesa con la mano, y continuó:
_ Yo debo regresar a mí trabajo camaradas.
En el cajón grande que esta a mano derecha tenéis municiones y armas de toda clase y si marcháis de aquí, dejad todo tal como estaba y cerrar las puertas y la entrada secreta al salir.
Cuando estaban solos Roberto rompió nervioso los lacres del sobre y algo alterado leyó ansioso las instrucciones del Consejo Anarquista.
_ ¿Estamos seguros aquí?
Preguntó Roberto.
_ ¡Sí!… Es el sitio más seguro que por ahora tenemos.
Le respondió Anselmo y continuó:
_ Con el camuflaje que tengo ahora, de colaborador de los fascistas y de chivato, no se atreven a registrar esta casa.
_ ¿Tienes órdenes para nosotros?
_ ¡Sí!…Vuestras órdenes están en un sobre lacrado que se encuentra encima de la mesa.
Les apunto el compañero Anselmo señalando una mesa con la mano, y continuó:
_ Yo debo regresar a mí trabajo camaradas.
En el cajón grande que esta a mano derecha tenéis municiones y armas de toda clase y si marcháis de aquí, dejad todo tal como estaba y cerrar las puertas y la entrada secreta al salir.
Escuchar bien lo que os voy a decir:
_ Han detenido a una parte del Comité ayer por la noche y alguno de los detenidos ha debido hablar porque la ges-tapo anda por todas partes vigilando los antiguos puntos de reunión.
_ ¿Estamos seguros aquí?
Preguntó Roberto.
_ ¡Sí!… Es el sitio más seguro que por ahora tenemos.
Le respondió Anselmo y continuó:
_ Con el camuflaje que tengo ahora, de colaborador de los fascistas y de chivato, no se atreven a registrar esta casa.
Cuando cerraron tan disimulada puerta detrás de ellos y la luz se encendió en el techo de la inclinada guardilla, Anselmo abrazó a Roberto y a los demás diciendo:
Escuchar bien lo que os voy a decir:
_ Han detenido a una parte del Comité ayer por la noche y alguno de los detenidos ha debido hablar porque la ges-tapo anda por todas partes vigilando los antiguos puntos de reunión.
De puntillas penetraron los amigos en la vieja habitación interior y entonces Anselmo, que así se llamaba el cama-rada, pulsó un resorte de la pared, que estaba camuflado con una escarpia, de la cual colgaba el retrató de Hitler.
En aquel momento y ante al asombro de los visitantes, la vieja pared se abrió silenciosa y los cinco camaradas anarquistas penetraron por el hueco que había dejado la pared al descubierto, sin hacer ruido alguno.
Cuando cerraron tan disimulada puerta detrás de ellos y la luz se encendió en el techo de la inclinada guardilla, Anselmo abrazó a Roberto y a los demás diciendo:
Cuando la puerta al fin se abrió sigilosamente, el rostro de un conocido camarada apareció por el hueco y esté al reconocer a los cuatro que venían, muy contento les con-minó a que entrasen.
Una vez dentro cerró la puerta detrás del último, a la vez que hacía señales con el dedo en los labios para que guardaran silenció.
De puntillas penetraron los amigos en la vieja habitación interior y entonces Anselmo, que así se llamaba el cama-rada, pulsó un resorte de la pared, que estaba camuflado con una escarpia, de la cual colgaba el retrató de Hitler.
En aquel momento y ante al asombro de los visitantes, la vieja pared se abrió silenciosa y los cinco camaradas anarquistas penetraron por el hueco que había dejado la pared al descubierto, sin hacer ruido alguno.
Roberto después de deambular un buen rato junto con sus camaradas por las estrechas callejas de los viejos barrios de Bruselas, se metió por fin junto a los compañeros en un viejo portal y subieron con gran sigilo la carcomida escalera de la vieja casa hasta llegar a la guardilla.
Allí la desvencijada y vieja puerta aguantó con verdadero estoicismo los golpes espaciados de los nudillos, que fueron tres, seguidos de otros cuatro y de uno al final.
Cuando la puerta al fin se abrió sigilosamente, el rostro de un conocido camarada apareció por el hueco y esté al reconocer a los cuatro que venían, muy contento les con-minó a que entrasen.
Una vez dentro cerró la puerta detrás del último, a la vez que hacía señales con el dedo en los labios para que guardaran silenció.
Con mucho cuidado escondiéndose entre los viejos soportales y sabiendo que debían evitar el trajín de las antiguas callejas en donde cualquier patrulla de policía podía pedirles la documentación y detenerlos, para comprobar en la comisaría la autenticidad de los salvoconductos que llevaban.
Roberto después de deambular un buen rato junto con sus camaradas por las estrechas callejas de los viejos barrios de Bruselas, se metió por fin junto a los compañeros en un viejo portal y subieron con gran sigilo la carcomida escalera de la vieja casa hasta llegar a la guardilla.
Allí la desvencijada y vieja puerta aguantó con verdadero estoicismo los golpes espaciados de los nudillos, que fueron tres, seguidos de otros cuatro y de uno al final.
Después de bebérsela muy tranquilos salieron del bar sin pronunciar ni una palabra y por la señal del peligro que les había hecho la dueña del bar, los cuatro compañeros anarquistas dedujeron que la gestapo vigilaba el local.
Con mucho cuidado escondiéndose entre los viejos soportales y sabiendo que debían evitar el trajín de las antiguas callejas en donde cualquier patrulla de policía podía pedirles la documentación y detenerlos, para comprobar en la comisaría la autenticidad de los salvoconductos que llevaban.
Los cuatro que estaban acostumbrados a vivir en la clandestinidad, impasibles ante el gesto, se aproximaron con mucha tranquilidad a la barra, mientras observaban a la clientela que había en las mesas y la pidieron cerveza.
Después de bebérsela muy tranquilos salieron del bar sin pronunciar ni una palabra y por la señal del peligro que les había hecho la dueña del bar, los cuatro compañeros anarquistas dedujeron que la gestapo vigilaba el local.
La paisana Belga cuando vio penetrar a Roberto en el bar acompañado de sus camaradas les reconoció enseguida y con un disimulado aspaviento les hizo la señal convenida que les indicaba que dentro del bar había peligro.
Los cuatro que estaban acostumbrados a vivir en la clandestinidad, impasibles ante el gesto, se aproximaron con mucha tranquilidad a la barra, mientras observaban a la clientela que había en las mesas y la pidieron cerveza.
El marido por ser del partido anarquista había sido deportado por los ocupantes alemanes y se hallaba prisionero en los campos de trabajo construyendo por la fuerza los búnkeres del muro del Atlántico.
La paisana Belga cuando vio penetrar a Roberto en el bar acompañado de sus camaradas les reconoció enseguida y con un disimulado aspaviento les hizo la señal convenida que les indicaba que dentro del bar había peligro.
Allí en la esquina de una de las avenidas, en una calle estrecha, penetraron en una tasca española que tenía un letrero de la fachada con el nombre de Bar Andalucía. La dueña de tan español nombre era una gruesa señora belga que estaba casada con un simpático andaluz, que además de entonar bien el flamenco, era refugiado republicano.
El marido por ser del partido anarquista había sido deportado por los ocupantes alemanes y se hallaba prisionero en los campos de trabajo construyendo por la fuerza los búnkeres del muro del Atlántico.
Con los pañuelos empapados en agua sobre el rostro sé alejaron los cuatro camaradas entre el acre y polvoriento humo y hasta que no llegaron los cuatro a unas manzanas de casas un poco apartadas de lo que había sido antes la estación, no se sintieron aliviados entre las viejas callejas de la rue Blas, cercana a la estación de Midí.
Allí en la esquina de una de las avenidas, en una calle estrecha, penetraron en una tasca española que tenía un letrero de la fachada con el nombre de BarAndalucía. La dueña de tan español nombre era una gruesa señora belga que estaba casada con un simpático andaluz, que además de entonar bien el flamenco, era refugiado republicano.
Roberto y los compañeros, como veteranos en esas lides, aprovecharon el caos para marcharse de allí.
Ellos conocían bien a los alemanes y sabían que después de cada bombardeo tomaban rehenes civiles para desescombrar el área de la estación y todo el complejo de las vías y poder de esa manera reanudar el tráfico de trenes cuanto antes.
Con los pañuelos empapados en agua sobre el rostro sé alejaron los cuatro camaradas entre el acre y polvoriento humo y hasta que no llegaron los cuatro a unas manzanas de casas un poco apartadas de lo que había sido antes la estación, no se sintieron aliviados entre las viejas callejas de la rue Blas, cercana a la estación de Midí.
El intenso humo entremezclado con las llamas no dejaban respirar y una niebla de cenizas quemadas irrespira-ble flotaba entre el humo y el aire dejando a los pocos supervivientes que se atrevían a salir de los refugios medio asfixiados.
Roberto y los compañeros, como veteranos en esas lides, aprovecharon el caos para marcharse de allí.
Ellos conocían bien a los alemanes y sabían que después de cada bombardeo tomaban rehenes civiles para desescombrar el área de la estación y todo el complejo de las vías y poder de esa manera reanudar el tráfico de trenes cuanto antes.
Dos horas más tarde cuando la sirena de la estación anun-ció el final del bombardeo a las personas que habían sobrevivido a la espantosa lluvia de bombas metidos en los refugios antiaéreos; al salir, no reconocían nada de lo que había anteriormente.
La estación entera había sido eclipsada del mapa y un enorme montón de escombros hu-meantes estaban entremezclados con restos de vagones y vías retorcidas que se entremezclan caóticamente en un paisaje desolador.
El intenso humo entremezclado con las llamas no dejaban respirar y una niebla de cenizas quemadas irrespira-ble flotaba entre el humo y el aire dejando a los pocos supervivientes que se atrevían a salir de los refugios medio asfixiados.
Cuando después del largo días de lentísimo y arduo viaje los cuatro compañeros se apearon en la Estación Central de Bruselas, tuvieron que proteger sus vidas en el refugió antiaéreo de la estación.
Porque gran cantidad de aviones aliados bombardeaban las estaciones y los centros ferroviarios Belgas, para intentar paralizar los abastecimientos militares del ejercito alemán y el trafico ferroviario civil.
Dos horas más tarde cuando la sirena de la estación anun-ció el final del bombardeo a las personas que habían sobrevivido a la espantosa lluvia de bombas metidos en los refugios antiaéreos; al salir, no reconocían nada de lo que había anteriormente.
La estación entera había sido eclipsada del mapa y un enorme montón de escombros hu-meantes estaban entremezclados con restos de vagones y vías retorcidas que se entremezclan caóticamente en un paisaje desolador.
Después con documentación falsa para cada uno de ellos, se disfrazaron con ropas campesinas muy habituales de la región, y cogieron los compañeros por separado el tren hacía Bruselas en la destrozada estación de Namur.
Cuando después del largo días de lentísimo y arduo viaje los cuatro compañeros se apearon en la Estación Central de Bruselas, tuvieron que proteger sus vidas en el refugió antiaéreo de la estación.
Porque gran cantidad de aviones aliados bombardeaban las estaciones y los centros ferroviarios Belgas, para intentar paralizar los abastecimientos militares del ejercito alemán y el trafico ferroviario civil.
Antes de marcharse de la zona ocultaron en una profunda cueva en el bosque los equipos, las armas y las municio-nes y dejando los materiales bien embalados y envueltos con lonas impermeables para su buena conservación y pa poder utilizarlos en un futuro próximo.
Después con documentación falsa para cada uno de ellos, se disfrazaron con ropas campesinas muy habituales de la región, y cogieron los compañeros por separado el tren hacía Bruselas en la destrozada estación de Namur.
Roberto ya cansado de tan quiméricas ideas, se concentró al instante en sus habituales trabajos de maquí de campo. Había recibido un aviso urgente del Comité Anarquista de Bruselas en el cual le ordenaban que abandonase esta zona del maquís y tenía que presentarse junto con sus camaradas lo más pronto posible ente el responsable de la C. N. T, que estaba en una calleja en los alrededores de la estación del mediodía, que se encontraba en uno de los barrios obreros de la capital.
Antes de marcharse de la zona ocultaron en una profunda cueva en el bosque los equipos, las armas y las municio-nes y dejando los materiales bien embalados y envueltos con lonas impermeables para su buena conservación y pa poder utilizarlos en un futuro próximo.
Envolver a los habitantes del planeta Tierra en una guerra más, no tiene ninguna importancia para los imperecederos manipuladores sociales, porque desde que Adán y Eva salieron del Jardín del Edén, sus hijos Caín y Abel, ya se violentaron hasta la muerte.
La guerra entre los seres humanos es natural, desde los tiempos que el hombre habita sobre el planeta Tierra.
Roberto ya cansado de tan quiméricas ideas, se concentró al instante en sus habituales trabajos de maquí de campo. Había recibido un aviso urgente del Comité Anarquista de Bruselas en el cual le ordenaban que abandonase esta zona del maquís y tenía que presentarse junto con sus camaradas lo más pronto posible ente el responsable de la C. N. T, que estaba en una calleja en los alrededores de la estación del mediodía, que se encontraba en uno de los barrios obreros de la capital.
Todo hombre fanático será siempre arrastrado por los clásicos manipuladores ideológicos.
Son todos esos que medran en nuestra vida enfrentando a los obreros con el fanatismo de los dogmas totalitarios y estériles.
Son los dilapidadores de las palabras que engatusan al pueblo con falsas promesas de idílicos paraísos que al solo al final lo disfrutaran los dictadores y los aprovechados.
Envolver a los habitantes del planeta Tierra en una guerra más, no tiene ninguna importancia para los imperecederos manipuladores sociales, porque desde que Adán y Eva salieron del Jardín del Edén, sus hijos Caín y Abel, ya se violentaron hasta la muerte.
La guerra entre los seres humanos es natural, desde los tiempos que el hombre habita sobre el planeta Tierra.