Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
El Hombre de la Rosa, como Caballero Hermético de la Orden se sentó a la izquierda de Roberto y al lado del Gran Maestre Guatire, permaneciendo en completo silencio por voluntad propia.
La solemne sesión sirvió para presentar a todos los nuevos miembros del Temple al belga Guatire, que había llegado hacía poco tiempo a la casona desde el aeropuerto santanderino de Parayas.
Roberto, como Caballero Combatiente de la Orden se sentaba a la izquierda de Marcos.
El Hombre de la Rosa, como Caballero Hermético de la Orden se sentó a la izquierda de Roberto y al lado del Gran Maestre Guatire, permaneciendo en completo silencio por voluntad propia.
Marcos, como Caballero Ingeniero de la Orden se sentaba a la izquierda de Elva.
Roberto, como Caballero Combatiente de la Orden se sentaba a la izquierda de Marcos.
Elva, como Cabalista en Derecho Facineroso de la Orden se sienta a la izquierda de Ramón.
Marcos, como Caballero Ingeniero de la Orden se sentaba a la izquierda de Elva.
Ramón, como Caballero Depositario de la Orden se sentó a la izquierda de Maica.
Elva, como Cabalista en Derecho Facineroso de la Orden se sienta a la izquierda de Ramón.
Maica, como Caballista de Ordenación de la Orden se sentó a la izquierda de Iglesias.
Ramón, como Caballero Depositario de la Orden se sentó a la izquierda de Maica.
Iglesias, como Caballero de Seguridad de la Orden se colocaba a la izquierda de Argos.
Maica, como Caballista de Ordenación de la Orden se sentó a la izquierda de Iglesias.
Argos, como Caballero de Maestresala Mayor de la Orden ocupó la izquierda de Marañón.
Iglesias, como Caballero de Seguridad de la Orden se colocaba a la izquierda de Argos.
Marañón, como Caballero Nigromante de la Orden se colocó a la izquierda de Canive.
Argos, como Caballero de Maestresala Mayor de la Orden ocupó la izquierda de Marañón.
Canive, como Caballero especialista en armamento se colocó a la Izquierda de Becerril.
Marañón, como Caballero Nigromante de la Orden se colocó a la izquierda de Canive.
Becerril, como Caballero Gobernador de la Orden le siguió sentándose a la izquierda de Corona.
Canive, como Caballero especialista en armamento se colocó a la Izquierda de Becerril.
Corona, como Maestre Nacional de la Orden ocupo el sillón izquierdo al lado de Guatire.
Becerril, como Caballero Gobernador de la Orden le siguió sentándose a la izquierda de Corona.
Guatire, como Gran Maestre Soberano de la Orden, se situó sobre el segmento que marcaba el grado 33 del Norte vertical del planeta.
Corona, como Maestre Nacional de la Orden ocupo el sillón izquierdo al lado de Guatire.
Dividiendo la mesa en cuatro partes iguales, que se asemejan a la Cruz de Cristo, se colocaron desde la derecha hacía la izquierda por orden de antigüedad en la Orden sagrada del Temple los trece hermanos servidores de la Santa Cruz y de la fe.
Guatire, como Gran Maestre Soberano de la Orden, se situó sobre el segmento que marcaba el grado 33 del Norte vertical del planeta.
La vieja Mesa Redonda estaba compuesta por trece caballeros templarios, igual que la conmemoración de la última cena de Jesús el Cristo.
Dividiendo la mesa en cuatro partes iguales, que se asemejan a la Cruz de Cristo, se colocaron desde la derecha hacía la izquierda por orden de antigüedad en la Orden sagrada del Temple los trece hermanos servidores de la Santa Cruz y de la fe.
La presencia del Gran Maestre Belga, Guatire, que había llegado oportunamente en el avión privado de la Orden, confortó a más no poder este cónclave secreto que convocaba el Maestre de Lebeña.
La vieja Mesa Redonda estaba compuesta por trece caballeros templarios, igual que la conmemoración de la última cena de Jesús el Cristo.
De inmediato se convocó un conclave secreto entre sus más fieles seguidores, para fijar entre todos los pasos que tenían que dar para neutralizar el efecto psicológico que comportaba la caída de Remigio.
La presencia del Gran Maestre Belga, Guatire, que había llegado oportunamente en el avión privado de la Orden, confortó a más no poder este cónclave secreto que convocaba el Maestre de Lebeña.
La ira de Corona subió como sube la adrenalina en la sangre de los caballeros del temple al combatir a los enemigos seculares de la Orden.
De inmediato se convocó un conclave secreto entre sus más fieles seguidores, para fijar entre todos los pasos que tenían que dar para neutralizar el efecto psicológico que comportaba la caída de Remigio.
Las malas noticias que había recibido Corona desde el Monasterio de Santo Toribio le indicaban que el Templario Remigio fue detenido el mismo día de la visita a la casona de lebeña por los guardias del Papa, y después fue vilmente ejecutado delante del fraile Dominico, que supervisaba y escribía el acta del interrogatorio y llegado desde el Monasterio de Roa, (Burgos) con crueles y dolosas torturas que el ser humano pueda imaginar; hechas por el verdugo de la Inquisición por expreso mandato del Cardenal ... (ver texto completo)
La ira de Corona subió como sube la adrenalina en la sangre de los caballeros del temple al combatir a los enemigos seculares de la Orden.
Del Centro a la Base X76MJR45.
El ruiseñor salió pitando desde la jaula dorada y torna al encuentro de su dueño, al tercer día de la luna que alumbra las altas cimas de las montañas.
Saludos cordiales.
Centro B6G77M31
Las malas noticias que había recibido Corona desde el Monasterio de Santo Toribio le indicaban que el Templario Remigio fue detenido el mismo día de la visita a la casona de lebeña por los guardias del Papa, y después fue vilmente ejecutado delante del fraile Dominico, que supervisaba y escribía el acta del interrogatorio y llegado desde el Monasterio de Roa, (Burgos) con crueles y dolosas torturas que el ser humano pueda imaginar; hechas por el verdugo de la Inquisición por expreso mandato del Cardenal ... (ver texto completo)
Marañón, Becerril y Corona, estaban confrontando en el laboratorio de la guardilla, el paisaje del Valle con las claves que aportaban el libro miniado, para tenerlo todo dispuesto hasta la eminente llegada del Gran Maestre del Temple Belga Monseñor Guatire, que se encargaría de los detalles esenciales hechos en el campo a pie de obra.
El fax cifrado en retruécano decía:
Del Centro a la Base X76MJR45.
El ruiseñor salió pitando desde la jaula dorada y torna al encuentro de su dueño, al tercer día de la luna que alumbra las altas cimas de las montañas.
Saludos cordiales.
Centro B6G77M31
Mientras esto pasaba en los bosques del exterior, el Proveedor Leopoldo Argos se afanaba sin descanso preparando los materiales precisos para una posible expedición de castigo que el Maestre Corona había ordenado disponer.
Marañón, Becerril y Corona, estaban confrontando en el laboratorio de la guardilla, el paisaje del Valle con las claves que aportaban el libro miniado, para tenerlo todo dispuesto hasta la eminente llegada del Gran Maestre del Temple Belga Monseñor Guatire, que se encargaría de los detalles esenciales hechos en el campo a pie de obra.
El fax cifrado en retruécano decía:
El tiempo invernal del año es para el Valle apacible en demasía y se notaba a ciencia cierta que el clima de las comarcas de alta montaña estaba cambiando paulatinamente, lo que involucraba a la naturaleza haciéndola más frágil é imprevisible.
Mientras esto pasaba en los bosques del exterior, el Proveedor Leopoldo Argos se afanaba sin descanso preparando los materiales precisos para una posible expedición de castigo que el Maestre Corona había ordenado disponer.
Canive y Victoriano controlaban a los perros en esa pequeña expedición de cacería, armados de sendas escopetas, que estaban dispuestas para disparar a la menor señal de avistamiento de una presa.
El tiempo invernal del año es para el Valle apacible en demasía y se notaba a ciencia cierta que el clima de las comarcas de alta montaña estaba cambiando paulatinamente, lo que involucraba a la naturaleza haciéndola más frágil é imprevisible.
Los tres perros templarios se entrenaban para proveer de alimentos a los templarios en caso de suma necesidad y los husmeadores estaban demostrando que estaban físicamente en forma.
Canive y Victoriano controlaban a los perros en esa pequeña expedición de cacería, armados de sendas escopetas, que estaban dispuestas para disparar a la menor señal de avistamiento de una presa.
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Lola olfateaba el rastro que dejaba una hermosa y blanca liebre de montaña, mientras quique y pinza algo más retrasados seguían el olor que iba dejando el aterrorizado animal al correr tan apresurado co-mo el viento entre troncos ramas y bardales.
Los tres perros templarios se entrenaban para proveer de alimentos a los templarios en caso de suma necesidad y los husmeadores estaban demostrando que estaban físicamente en forma.
-Los mejores especialistas que tienen, son antiguos y experimentados miembros de la Orden, apoyados por dos batallones armados hasta los dientes.
Concluía Reinaldo, mientras se tragaba un enorme pedazo de ciervo asado a brasa.
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Lola olfateaba el rastro que dejaba una hermosa y blanca liebre de montaña, mientras quique y pinza algo más retrasados seguían el olor que iba dejando el aterrorizado animal al correr tan apresurado co-mo el viento entre troncos ramas y bardales.
- ¿Cuántos efectivos tiene el Temple en Lebeña?
Requiere Mariani.
-Los mejores especialistas que tienen, son antiguos y experimentados miembros de la Orden, apoyados por dos batallones armados hasta los dientes.
Concluía Reinaldo, mientras se tragaba un enorme pedazo de ciervo asado a brasa.
-Mi mejor espía nos informa puntualmente de todo lo que ocurre en Santa María de lebeña, Monseñor; él nos comunicó la traición de Remigio.
Dijo satisfecho y ufano el Abad.
- ¿Cuántos efectivos tiene el Temple en Lebeña?
Requiere Mariani.
- ¿Quien se encarga de espiar al Temple?
Pregunta el Cardenal.
-Mi mejor espía nos informa puntualmente de todo lo que ocurre en Santa María de lebeña, Monseñor; él nos comunicó la traición de Remigio.
Dijo satisfecho y ufano el Abad.
-Yo espero el mismo proceder valeroso de vuestras milicias, Eminencia.
Replico enfadado el Abad.
- ¿Quien se encarga de espiar al Temple?
Pregunta el Cardenal.
- ¿Tenéis la suficiente confianza en vuestros monjes para poder atacarles sin más traiciones?
Remato descaradamente Domenico Mariani.
-Yo espero el mismo proceder valeroso de vuestras milicias, Eminencia.
Replico enfadado el Abad.
-Tenemos que atacarlos ahora, porque aún tenemos cierta ventaja sobre ellos, Eminencia.
Dijo el Abad muy serio.
- ¿Tenéis la suficiente confianza en vuestros monjes para poder atacarles sin más traiciones?
Remato descaradamente Domenico Mariani.
-Que opina vuestra merced ahora, cuando sabemos al dedillo que los templarios conocen el número de nuestros efectivos.
-Tenemos que atacarlos ahora, porque aún tenemos cierta ventaja sobre ellos, Eminencia.
Dijo el Abad muy serio.
Mientras comían solos, el Cardenal con un ademán de incertidumbre impresa en la unión de los labios, grasientos por la glotonería, pregunta a Reinaldo:
-Que opina vuestra merced ahora, cuando sabemos al dedillo que los templarios conocen el número de nuestros efectivos.
El asunto de la traición se tapona con la sangre que requería para ejemplo de los demás miembros de la Orden Benedictina y por ese lado estaban tranquilos; aunque sospechan que el traidor les facilitó los informes secretos que el Temple quería saber para contrarrestar la posible ofensiva del Cardenal.
Mientras comían solos, el Cardenal con un ademán de incertidumbre impresa en la unión de los labios, grasientos por la glotonería, pregunta a Reinaldo:
El Cardenal Mariani y el Abad se sentaban ante las suculentas viandas, sin tener remordimiento alguno por el grave incidente protagonizado por Remigio.
El asunto de la traición se tapona con la sangre que requería para ejemplo de los demás miembros de la Orden Benedictina y por ese lado estaban tranquilos; aunque sospechan que el traidor les facilitó los informes secretos que el Temple quería saber para contrarrestar la posible ofensiva del Cardenal.
El alma de Remigio subió como una centella surca el firmamento, hasta encontrar el paraíso donde se hallan todas las almas puras y castas que sucumben en la Tierra bajo la tortura de otros hombres.
El Cardenal Mariani y el Abad se sentaban ante las suculentas viandas, sin tener remordimiento alguno por el grave incidente protagonizado por Remigio.
El fallecimiento del reo durante este interrogatorio inquisitorial ha determinado la culpa evidente del antes monje Remigio Berceli.
El Señor le tenga delante de la puerta del infierno en castigo a su maldad y por traición a la Iglesia del Papa y del Padre Eterno.
Firmado y sellado en Santo Toribio de Liébana el día 1 de diciembre del año del Señor 2006.
Cardenal: Abad:
Domenico Mariani Reinaldo Sevané
El alma de Remigio subió como una centella surca el firmamento, hasta encontrar el paraíso donde se hallan todas las almas puras y castas que sucumben en la Tierra bajo la tortura de otros hombres.
TRIBUNAL DE LA SANTA FE
Acta de preguntas y respuestas del acto de fe que se ha efectuado en el Valle de Liébana el día 1 de diciembre del año 2006, bajo la supervisión de su Eminencia el cardenal Mariani y la del Prior de la Abadía de Santo Toribio sita en el mismo Valle.
Culpa del reo: Traición a la Iglesia.
Nombre del reo: Remigio Berceli cocinero y monje de la Abadía de Santo Toribio de Liébana.
Acta de preguntas y respuestas del interrogatorio doloso, efectuado por el padre Basilio, Dominico ... (ver texto completo)
El fallecimiento del reo durante este interrogatorio inquisitorial ha determinado la culpa evidente del antes monje Remigio Berceli.
El Señor le tenga delante de la puerta del infierno en castigo a su maldad y por traición a la Iglesia del Papa y del Padre Eterno.
Firmado y sellado en Santo Toribio de Liébana el día 1 de diciembre del año del Señor 2006.
Cardenal: Abad:
Domenico Mariani Reinaldo Sevané
Había condenado su Eminencia sin parpadear.
La confesión de Remigio estaba pasándola a limpio el Dominico Rufino, como inexorable secretario de la Iglesia y la redactó en estos términos:
TRIBUNAL DE LA SANTA FE
Acta de preguntas y respuestas del acto de fe que se ha efectuado en el Valle de Liébana el día 1 de diciembre del año 2006, bajo la supervisión de su Eminencia el cardenal Mariani y la del Prior de la Abadía de Santo Toribio sita en el mismo Valle.
Culpa del reo: Traición a la Iglesia.
Nombre del reo: Remigio Berceli cocinero y monje de la Abadía de Santo Toribio de Liébana.
Acta de preguntas y respuestas del interrogatorio doloso, efectuado por el padre Basilio, Dominico ... (ver texto completo)
La detención nocturna de Remigio fue efectuada en su celda, sin testigos oculares extraños a la Iglesia.
Las órdenes del Cardenal fueron tajantes:
- ¡Tortura y confesión!
Había condenado su Eminencia sin parpadear.
La confesión de Remigio estaba pasándola a limpio el Dominico Rufino, como inexorable secretario de la Iglesia y la redactó en estos términos:
El sádico verdugo era un siniestro protagonista que había llegado en el séquito del Cardenal desde Roa, para realizar estos necesarios menesteres.
La detención nocturna de Remigio fue efectuada en su celda, sin testigos oculares extraños a la Iglesia.
Las órdenes del Cardenal fueron tajantes:
- ¡Tortura y confesión!
17
El Dominico, se regodeaba de inmenso placer ante la presencia del descoyuntado cuerpo de Remigio, cruelmente torturado por el sanguinario verdugo de la Inquisición.
El sádico verdugo era un siniestro protagonista que había llegado en el séquito del Cardenal desde Roa, para realizar estos necesarios menesteres.
- ¡Considérese prisionero de Dios!
Ordenó Claudio el magistrado de la guardia.
Una etapa de dolor y vejaciones comenzaba para la vida de Remigio.
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El Dominico, se regodeaba de inmenso placer ante la presencia del descoyuntado cuerpo de Remigio, cruelmente torturado por el sanguinario verdugo de la Inquisición.
Cuando Remigio se retiraba a su celda a descansar del duro día de trabajo y de las nuevas ilusiones, un piquete de guardias del Papa le estaban esperando en la pequeña habitación.
- ¡Considérese prisionero de Dios!
Ordenó Claudio el magistrado de la guardia.
Una etapa de dolor y vejaciones comenzaba para la vida de Remigio.
Remigio tenía la total convicción de que ninguno le observaba, pero estaba equivocado; un fiel servidor de la Iglesia que le estaba vigilando estrechamente, por orden de Reinaldo, había controlado la entrada y la salida del Monasterio.
Cuando Remigio se retiraba a su celda a descansar del duro día de trabajo y de las nuevas ilusiones, un piquete de guardias del Papa le estaban esperando en la pequeña habitación.
Eran los tiempos que pertenecen a la expiración del organismo de los humanos vivos. Cuando estos son llamados a la presencia del Creador para pedirles el canon que corresponde a los días de existencia real de los habitantes de ciertos planetas del Universo.
Remigio tenía la total convicción de que ninguno le observaba, pero estaba equivocado; un fiel servidor de la Iglesia que le estaba vigilando estrechamente, por orden de Reinaldo, había controlado la entrada y la salida del Monasterio.
El mismo que vagabundeaba entre el ramaje de los abetos mientras busca la invocada piedra filosofal; para entregarla a los dioses de la espesura antes de que el diablo del verde profundo se quede con ella para siempre.
Eran los tiempos que pertenecen a la expiración del organismo de los humanos vivos. Cuando estos son llamados a la presencia del Creador para pedirles el canon que corresponde a los días de existencia real de los habitantes de ciertos planetas del Universo.
Los seres que habitan en el antiguo Valle, serán los únicos testigos sensoriales de esta tragedia humana que estaba ordenando sin descanso el viejo espíritu del bosque lebaniego.
El mismo que vagabundeaba entre el ramaje de los abetos mientras busca la invocada piedra filosofal; para entregarla a los dioses de la espesura antes de que el diablo del verde profundo se quede con ella para siempre.