Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:

Pero el Temple deberá reconocer, que la custodia mística del Arca de la Alianza del Creador, está impregnada de rituales y las disciplinas católicas apostólicas y romanas.
Convoca a los responsables del Temple, para que analicen los pros y los contras, de la definitiva paz que Matania Rugieri te propone personalmente sin otros intermediarios que puedan influenciar en la antigua amistad que nos une.
Es el Temple con sus armas el primer custodio del Arca del Creador, por haberla transportado hasta Liébana, por orden del Papa desde Ravena.
Pero el Temple deberá reconocer, que la custodia mística del Arca de la Alianza del Creador, está impregnada de rituales y las disciplinas católicas apostólicas y romanas.
Escucha con atención, estimado Maestre Corona, mí buena voluntad y mi deseo de que analices sin influencias externas la idea de que el Temple torne a custodiar el Arca, entre las dos congregaciones sagradas que ahora luchan por ella.
Es el Temple con sus armas el primer custodio del Arca del Creador, por haberla transportado hasta Liébana, por orden del Papa desde Ravena.
Somos los culpables del desaguisado terrible, que marcó al Temple y a la Iglesia, en lejanos siglos pasados, cuando creíamos que teniendo en nuestro poder los inmensos tesoros del Temple, podíamos ser los más poderosos del planeta, pero nunca los hallamos.
Escucha con atención, estimado Maestre Corona, mí buena voluntad y mi deseo de que analices sin influencias externas la idea de que el Temple torne a custodiar el Arca, entre las dos congregaciones sagradas que ahora luchan por ella.
Mí más ferviente deseo, como siervo del Señor, es que los pecadores acojamos nuestras almas dentro del regazo amoroso y fraterno de la paz.
Somos los culpables del desaguisado terrible, que marcó al Temple y a la Iglesia, en lejanos siglos pasados, cuando creíamos que teniendo en nuestro poder los inmensos tesoros del Temple, podíamos ser los más poderosos del planeta, pero nunca los hallamos.
En el primero de la era de Acuario, yo saludo con la cortesía debida al Gran Maestre Corona, por su perfecta sabiduría salomónica y porque estamos a punto de iniciar el decisivo combate para obtener unos atributos que pertenecen a la Divinidad.
Mí más ferviente deseo, como siervo del Señor, es que los pecadores acojamos nuestras almas dentro del regazo amoroso y fraterno de la paz.
Monje y Nigromante.
Siervo del Creador.
Matania Rugieri.
Monasterio Benedictino de Santo Toribio.
12 de diciembre del 2006
En el primero de la era de Acuario, yo saludo con la cortesía debida al Gran Maestre Corona, por su perfecta sabiduría salomónica y porque estamos a punto de iniciar el decisivo combate para obtener unos atributos que pertenecen a la Divinidad.
El pergamino le comunica lo siguiente:
Monje y Nigromante.
Siervo del Creador.
Matania Rugieri.
Monasterio Benedictino de Santo Toribio.
12 de diciembre del 2006
Apartándose, Corona rompió los lacres sellados y se enfrasco en la lectura del mensaje que le envía el conocido y viejo monje Benedictino Matania.
El pergamino le comunica lo siguiente:
-Matania os envía este manuscrito y los más gratos augurios para establecer una paz que anhelan todos los siervos de Cristo.
Le dijo Feliciano, apartándose de Corona, para es-perar la respuesta del Maestre.
Apartándose, Corona rompió los lacres sellados y se enfrasco en la lectura del mensaje que le envía el conocido y viejo monje Benedictino Matania.
Feliciano sin decir palabra alguna, le entregó en la mano a Corona un cilindro de piel atado y lacrado por todas partes y después acercándose al oído del Maestre dijo suavemente:
-Matania os envía este manuscrito y los más gratos augurios para establecer una paz que anhelan todos los siervos de Cristo.
Le dijo Feliciano, apartándose de Corona, para es-perar la respuesta del Maestre.
Al penetrar en el despacho de Corona que estaba al otro extremo de la casona fortaleza. El Maestre, le estrecho la mano efusivamente al reconocerle, y le indicó con amable gesto, acomodarse a su gusto, y que expusiera el asunto tan urgente y especial que originaba su grata visita a la casa del Temple.
Feliciano sin decir palabra alguna, le entregó en la mano a Corona un cilindro de piel atado y lacrado por todas partes y después acercándose al oído del Maestre dijo suavemente:
Una larguísima andadura por laberínticos pasillos y largos corredores, profusamente adornados con las multicolores adargas y armas de los gentilhombres del Temple (caídos en todas las batallas en defensa la fe de Cristo) emocionó a Feliciano, maravillado por la disciplina y el fervor tierno, de los valedores de la humilde verdad que predicara el Mesías a los hombres del pueblo que le escuchaban y le seguían a todas partes.
Al penetrar en el despacho de Corona que estaba al otro extremo de la casona fortaleza. El Maestre, le estrecho la mano efusivamente al reconocerle, y le indicó con amable gesto, acomodarse a su gusto, y que expusiera el asunto tan urgente y especial que originaba su grata visita a la casa del Temple.
A continuación de saludarse, Argos indicó, que si él tenía a bien siguiese sus pasos hasta el despacho del Maestre Corona.
Una larguísima andadura por laberínticos pasillos y largos corredores, profusamente adornados con las multicolores adargas y armas de los gentilhombres del Temple (caídos en todas las batallas en defensa la fe de Cristo) emocionó a Feliciano, maravillado por la disciplina y el fervor tierno, de los valedores de la humilde verdad que predicara el Mesías a los hombres del pueblo que le escuchaban y le seguían a todas partes.
El inesperado sonido de Leopoldo Argos, que golpeó con los nudillos el cristal delantero del coche, le despertó del fugaz letargo en que estaba sumido y alegró la cara al ver al viejo amigo de la tertulia.
A continuación de saludarse, Argos indicó, que si él tenía a bien siguiese sus pasos hasta el despacho del Maestre Corona.
La espera en el aparcamiento fue breve.
El inesperado sonido de Leopoldo Argos, que golpeó con los nudillos el cristal delantero del coche, le despertó del fugaz letargo en que estaba sumido y alegró la cara al ver al viejo amigo de la tertulia.
- ¡Suerte amigo!
Dijo Canive (en tanto Pinza meneaba el rabo al ver a Feliciano) entrando en el cuerpo de guardia.
La espera en el aparcamiento fue breve.
- ¿Aparca el coche en el estacionamiento señalado a la derecha y espera hasta que vengan a buscarte?
- ¡Suerte amigo!
Dijo Canive (en tanto Pinza meneaba el rabo al ver a Feliciano) entrando en el cuerpo de guardia.
Cuando Canive regreso, indico a los guardias de la segunda puerta que dejasen paso libre al coche y le dijo al amigo:
- ¿Aparca el coche en el estacionamiento señalado a la derecha y espera hasta que vengan a buscarte?
Dijo Canive, desapareciendo dentro de las oficinas de la guardia para comunicar a Corona la misteriosa llegada al complejo del popular Feliciano con la correspondencia secreta que traía del Monasterio.
Cuando Canive regreso, indico a los guardias de la segunda puerta que dejasen paso libre al coche y le dijo al amigo:
- ¿Espera dentro del coche y no salgas hasta que yo te lo indique si no quieres que te disparen los guar-dias desde las torres de vigilancia?
Dijo Canive, desapareciendo dentro de las oficinas de la guardia para comunicar a Corona la misteriosa llegada al complejo del popular Feliciano con la correspondencia secreta que traía del Monasterio.
- ¡Es secreto, personal y urgente!
-Y dile que debo entregárselo sólo a él en persona.
Termino de hablar Feliciano, estrechando la mano de su amigo Canive.
- ¿Espera dentro del coche y no salgas hasta que yo te lo indique si no quieres que te disparen los guar-dias desde las torres de vigilancia?
-Traigo un mensaje del Monasterio para el Maestre del Temple Campo Corona.
- ¡Es secreto, personal y urgente!
-Y dile que debo entregárselo sólo a él en persona.
Termino de hablar Feliciano, estrechando la mano de su amigo Canive.
- ¿Qué te trae por estos andurriales, Feliciano?
Le preguntó Canive.
-Traigo un mensaje del Monasterio para el Maestre del Temple Campo Corona.
La inesperada llegada de Feliciano resulto bastante sorprendente, para Jesús Canive, porque estaba de servicio como Oficial de la guardia y le reconoció por las cámaras fijas que tenían instaladas por todo el perímetro. Como no era habitual la presencia de su amigo de Torrelavega en esos lejanos parajes, le preguntó, después de abrir el portón, el motivo de tan grata visita:
- ¿Qué te trae por estos andurriales, Feliciano?
Le preguntó Canive.
La vigilancia electrónica a distancia, se encargaba de determinar si los personajes que llegaban hasta la puerta eran hostiles al Temple, ó por el contrario podían penetrar al interior, para ser inspeccionados más atentamente por los guardias permanentes del complejo.
La inesperada llegada de Feliciano resulto bastante sorprendente, para Jesús Canive, porque estaba de servicio como Oficial de la guardia y le reconoció por las cámaras fijas que tenían instaladas por todo el perímetro. Como no era habitual la presencia de su amigo de Torrelavega en esos lejanos parajes, le preguntó, después de abrir el portón, el motivo de tan grata visita:
La moderna y elegante berlina del antiguo Masón Feliciano, se detuvo con fino balanceo, delante del portón blindado donde remataban las altas paredes de sillería que rodeaban en su totalidad al misterioso recinto templario.
La vigilancia electrónica a distancia, se encargaba de determinar si los personajes que llegaban hasta la puerta eran hostiles al Temple, ó por el contrario podían penetrar al interior, para ser inspeccionados más atentamente por los guardias permanentes del complejo.
Lola, Quique y Pinza eran los demás perros que se acoplaban silenciosos a la tertulia aunque algunos ladridos esporádicos de Quique y Lola, exigían de vez en cuando, una queja de silencio a la peña.
La moderna y elegante berlina del antiguo Masón Feliciano, se detuvo con fino balanceo, delante del portón blindado donde remataban las altas paredes de sillería que rodeaban en su totalidad al misterioso recinto templario.
Feliciano, hablaba de la vida cotidiana y de otros temas materiales, con Marañón, Becerril, Corona, Setroc, Argos, Canive y con Victoriano Iglesias, al que apodaban Tano, porque tenía un perro de raza indefinida que se parecía bastante a su amo.
Lola, Quique y Pinza eran los demás perros que se acoplaban silenciosos a la tertulia aunque algunos ladridos esporádicos de Quique y Lola, exigían de vez en cuando, una queja de silencio a la peña.
Feliciano tenía una gran ventaja, porque conocía a todos los que se reunían en la Mesa Redonda del Centro Andaluz de Torrelavega. Porque casi todos sacaban a pasear al parque (que rodeaba el Centro) a sus perros y se reunían sentados a los bancos del parque, charlando de Dios y del Diablo.
Feliciano, hablaba de la vida cotidiana y de otros temas materiales, con Marañón, Becerril, Corona, Setroc, Argos, Canive y con Victoriano Iglesias, al que apodaban Tano, porque tenía un perro de raza indefinida que se parecía bastante a su amo.
La suerte estaba echada y ahora todo dependía de la habilidad que Feliciano desarrollaría para llevar a buen término tan delicada misión.
Feliciano tenía una gran ventaja, porque conocía a todos los que se reunían en la Mesa Redonda del Centro Andaluz de Torrelavega. Porque casi todos sacaban a pasear al parque (que rodeaba el Centro) a sus perros y se reunían sentados a los bancos del parque, charlando de Dios y del Diablo.
Matania, acarició a Bécquer, el más fiel discípulo de Feliciano y desapareció por los espesos matojos que bordeaban el cruce de caminos.
La suerte estaba echada y ahora todo dependía de la habilidad que Feliciano desarrollaría para llevar a buen término tan delicada misión.
-Y también, porque si no hay algún acuerdo entre las dos partes en litigio morirán muchos caballeros y católicos en la guerra que están preparando.
Matania, acarició a Bécquer, el más fiel discípulo de Feliciano y desapareció por los espesos matojos que bordeaban el cruce de caminos.
-Porque debes saber, mí estimado Feliciano, que este mensaje es vital para salvar vidas humanas.
-Y también, porque si no hay algún acuerdo entre las dos partes en litigio morirán muchos caballeros y católicos en la guerra que están preparando.
-Una vez dentro de la fortaleza templaria, debes de entregar este documento que te doy, en persona, al Gran Maestre Campo Corona, y esperar hasta que te dispense una respuesta que esté adecuada a esta invitación y me la traes de inmediato.
-Porque debes saber, mí estimado Feliciano, que este mensaje es vital para salvar vidas humanas.
-Ahí tienes el salvoconducto que te abrirá la puerta Templaria del fortín de Lebeña, al ser comisionado de Matania, un humilde monje de la Orden de San benito y servidor de vuestra merced, Feliciano; fiel servidor de la Iglesia del Salvador de los Hombres.
-Una vez dentro de la fortaleza templaria, debes de entregar este documento que te doy, en persona, al Gran Maestre Campo Corona, y esperar hasta que te dispense una respuesta que esté adecuada a esta invitación y me la traes de inmediato.
Matania agradecido por tan positiva reacción de su discípulo Feliciano, le abrazo con esa afectuosidad que desprenden los verdaderos camaradas y le dijo aparte, con los ojos mirando inquietos en todas las direcciones, estas precisas instrucciones:
-Ahí tienes el salvoconducto que te abrirá la puerta Templaria del fortín de Lebeña, al ser comisionado de Matania, un humilde monje de la Orden de San benito y servidor de vuestra merced, Feliciano; fiel servidor de la Iglesia del Salvador de los Hombres.
En cuanto el amigo Feliciano estuvo enterado de la férrea voluntad de conciliación, que tenía Matania en la antigua disputa que venía desde el Siglo trece entre el Temple, el Papa y el Cardenal, dijo que le echaba un capote como intermediario entre los dos colosos.
Matania agradecido por tan positiva reacción de su discípulo Feliciano, le abrazo con esa afectuosidad que desprenden los verdaderos camaradas y le dijo aparte, con los ojos mirando inquietos en todas las direcciones, estas precisas instrucciones:
Matania, como tenía un carácter práctico y por este motivo aceleraba la ejecución de sus descabelladas ideas de inmediato, fue enseguida al grano, planteando al amigo, el plan que se le había ocurrido para lograr una paz definitiva entre el Temple y la Iglesia.
En cuanto el amigo Feliciano estuvo enterado de la férrea voluntad de conciliación, que tenía Matania en la antigua disputa que venía desde el Siglo trece entre el Temple, el Papa y el Cardenal, dijo que le echaba un capote como intermediario entre los dos colosos.
Matania, se cito con su amigo en la cruz del cruce de caminos, que estaba a la salida del Monasterio, con el deseo de que Feliciano le hiciese un favor.
Matania, como tenía un carácter práctico y por este motivo aceleraba la ejecución de sus descabelladas ideas de inmediato, fue enseguida al grano, planteando al amigo, el plan que se le había ocurrido para lograr una paz definitiva entre el Temple y la Iglesia.
Le llamaban Feliciano y se apellidaba Pérez.
Siempre estaba en compañía del fiel condiscípulo canino que llama Bécquer.
Matania, se cito con su amigo en la cruz del cruce de caminos, que estaba a la salida del Monasterio, con el deseo de que Feliciano le hiciese un favor.
Matania, tenía un buen amigo en una aldea cercana al Monasterio, que trabajaba de Masón, (en francés albañil) en cuerpo y alma, y que tenía el estilo y la gallarda planta de los viejos maestros de obras de las Catedrales.
Le llamaban Feliciano y se apellidaba Pérez.
Siempre estaba en compañía del fiel condiscípulo canino que llama Bécquer.
Estaba cansado de la continua e inútil guerra que enfrentaban al Temple y a la Iglesia desde tiempos inmemoriales y su mayor deseo era terminar para siempre con esa estúpida lucha, se decidió hablarle seriamente al Maestre Corona, que ya conocía de muy antiguo, para tratar de repartirse los antiguos derechos que tenían las dos instituciones sobre el Arca.
Matania, tenía un buen amigo en una aldea cercana al Monasterio, que trabajaba de Masón, (en francés albañil) en cuerpo y alma, y que tenía el estilo y la gallarda planta de los viejos maestros de obras de las Catedrales.
Matania, repensaba recostado sobre el camastro de su estrecha celda, después de haber rezado con los demás los maitines y los dilatados rezos, que en un ritmo monótono y cansino salpicaban con su ritmo el casto silencio del Monasterio Benedictino.
Estaba cansado de la continua e inútil guerra que enfrentaban al Temple y a la Iglesia desde tiempos inmemoriales y su mayor deseo era terminar para siempre con esa estúpida lucha, se decidió hablarle seriamente al Maestre Corona, que ya conocía de muy antiguo, para tratar de repartirse los antiguos derechos que tenían las dos instituciones sobre el Arca.
Los tambores silenciosos de la guerra atronaban el alma muda de unos contendientes; empalagando el aire del aroma de una sangre inútil que siempre se vierte a raudales en las tierras de España.
Matania, repensaba recostado sobre el camastro de su estrecha celda, después de haber rezado con los demás los maitines y los dilatados rezos, que en un ritmo monótono y cansino salpicaban con su ritmo el casto silencio del Monasterio Benedictino.
Las armas se engrasaban en las rudas manos de los caballeros y los guardias del Papa para defenderse con ferocidad de las acometidas de sus enconados enemigos seculares.
Los tambores silenciosos de la guerra atronaban el alma muda de unos contendientes; empalagando el aire del aroma de una sangre inútil que siempre se vierte a raudales en las tierras de España.
Los laboratorios de los contrincantes trabajaban al máximo para preparar los equipos necesarios para hacer sonar las trompetas de la Octava Profecía.
Las armas se engrasaban en las rudas manos de los caballeros y los guardias del Papa para defenderse con ferocidad de las acometidas de sus enconados enemigos seculares.
Esa era la ley de Dios impuesta por Él mismo en la puerta del Jardín del Edén, antes de expulsar a los seres humanos que Él mismo había creado; porque habían traicionado el mandamiento imperativo que le prohibía comer el fruto del árbol que contenía la esencia del bien y del mal.
Los laboratorios de los contrincantes trabajaban al máximo para preparar los equipos necesarios para hacer sonar las trompetas de la Octava Profecía.
- ¡Ningún humano lo sabrá jamás hasta que salga a la luz el Arcón Divino del Señor!
Esa era la ley de Dios impuesta por Él mismo en la puerta del Jardín del Edén, antes de expulsar a los seres humanos que Él mismo había creado; porque habían traicionado el mandamiento imperativo que le prohibía comer el fruto del árbol que contenía la esencia del bien y del mal.
- ¿Es posible que los antiguos escribas de los viejos proverbios sagrados trucaran, por voluntad expresa del Altísimo, en lenguaje retruécano, este concepto literal para evitar que cayese en manos impuras?
- ¡Ningún humano lo sabrá jamás hasta que salga a la luz el Arcón Divino del Señor!