Mensajes enviados por Críspulo Cortés Cortés:

CANTABRIA
En Vellica, murió, Dioretano el grande.
El padre dador de vida á Lupo su hijo.
Sometedor de Vaceos y Astrigones.
El tenedor del más bello caballo.
CANTABRIA
Él, ardió en la pira sagrada.
Quemando lo orgánico de su estirpe.
Enviando a los dioses su alma.
Fundido con el verdor y la piedra.
CANTABRIA
César, contempla la batalla.
Contra tú pueblo, soberbio y obstinado.
Defendiendo tú tierra, sus barcenas.
Por el espíritu de tú libertad.
CANTABRIA
En Vellica, murió, Dioretano el grande.
El padre dador de vida á Lupo su hijo.
Sometedor de Vaceos y Astrigones.
El tenedor del más bello caballo.
CANTABRIA
En Vellica, acometió el César.
Con Legiones, y miles de Centurias.
Augusto el César, atacó feroz.
Sin ninguna tregua, sin pausa.
CANTABRIA
César, contempla la batalla.
Contra tú pueblo, soberbio y obstinado.
Defendiendo tú tierra, sus barcenas.
Por el espíritu de tú libertad.
CANTABRIA
Lupo el gran guerrero del Saja.
Él, tiene en el pelo un rojo remolino.
Él, se adorna con la mágica verde luz.
Como los dioses de la Montaña.
CANTABRIA
En Vellica, acometió el César.
Con Legiones, y miles de Centurias.
Augusto el César, atacó feroz.
Sin ninguna tregua, sin pausa.
CANTABRIA
Adornan las rocas de la montaña.
Con la mandrágora, los helechos.
Para así, dominar su magnetismo.
Protegiendo a sus padres de Roma.
CANTABRIA
Lupo el gran guerrero del Saja.
Él, tiene en el pelo un rojo remolino.
Él, se adorna con la mágica verde luz.
Como los dioses de la Montaña.
CANTABRIA
Allí, sometían a las esclavas Cantabras.
Allí, Casilda, servia a las legiones.
Ofreciendo el agridulce vino.
Sin ventajas, recibiendo sexualidad.
CANTABRIA
Adornan las rocas de la montaña.
Con la mandrágora, los helechos.
Para así, dominar su magnetismo.
Protegiendo a sus padres de Roma.
CANTABRIA
Las ancianas hembras lo preparan.
Con los dientes negros como la noche.
Ellas mascan las duras bellotas.
Para sus hombres de las montañas.
CANTABRIA
Los niños jugando a la guerra Romana.
Fuertes, rudos, juegan a morir.
Preparan a los dioses de la montaña.
Con su tierna y casta brutalidad.
CANTABRIA
En el interior de lo chozo de piel.
El Montañés germina a su hembra.
Libando del agridulce vino.
Comiendo el pan de bellotas.
CANTABRIA
Las ancianas hembras lo preparan.
Con los dientes negros como la noche.
Ellas mascan las duras bellotas.
Para sus hombres de las montañas.
CANTABRIA
Tus Concejos de venerables ancianos.
Rostros duros como las piedras.
Pergaminos de tú pueblo fuerte.
Fundidos con árboles y hojas.
CANTABRIA
En el interior de lo chozo de piel.
El Montañés germina a su hembra.
Libando del agridulce vino.
Comiendo el pan de bellotas.
CANTABRIA
Embutidos en sus pieles de ciervo.
Andaban como sátiros ligeros.
Por las veredas, los montes, los valles.
Ocultando sus ansias de morir.
CANTABRIA
Tus Concejos de venerables ancianos.
Rostros duros como las piedras.
Pergaminos de tú pueblo fuerte.
Fundidos con árboles y hojas.
CANTABRIA
Con sus cortas lanzas y ojos de fiera.
Que pronto se lucha en la montaña.
Cuando Herdo y el gran Lupo.
Conocían los trucos de la guerra.
CANTABRIA
Embutidos en sus pieles de ciervo.
Andaban como sátiros ligeros.
Por las veredas, los montes, los valles.
Ocultando sus ansias de morir.
CANTABRIA
Con sus cortas lanzas y ojos de fiera.
Que pronto se lucha en la montaña.
Cuando Herdo y el gran Lupo.
Conocían los trucos de la guerra.
CANTABRIA
Cuando el verano era apacible.
Y sosegados los vientos.
Es mal tiempo para morir.
Cuando brota la vida.
CANTABRIA
Cuando tus rebaños de yeguas.
Olfateaban el aire en la tarde.
Entre robledales, con relinchos suaves.
Resoplando del coito engendrador.
CANTABRIA
Guerra de trampas, de emboscadas.
Con sus cortas lanzas.
Con terribles mazas.
Con la sutileza de sus venenos.
El napelo, el tejo y el matalobos.
CANTABRIA
Cuando el verano era apacible.
Y sosegados los vientos.
Es mal tiempo para morir.
Cuando brota la vida.
CANTABRIA
Entre los calveros del verde bosque.
Lupo, adiestra a sus hombres.
En las impenetrables montañas.
Los prepara para luchar y morir.
CANTABRIA
Guerra de trampas, de emboscadas.
Con sus cortas lanzas.
Con terribles mazas.
Con la sutileza de sus venenos.
El napelo, el tejo y el matalobos.
CANTABRIA
Mientras Roma, duerme en sus orgías.
Tú belicoso pueblo, se despierta.
Se está, preparando para la batalla.
Aprendiendo la guerra Romana.
CANTABRIA
Entre los calveros del verde bosque.
Lupo, adiestra a sus hombres.
En las impenetrables montañas.
Los prepara para luchar y morir.
CANTABRIA
Son esclavas del brutal Aquitinio.
El gran Centurión, el despiadado.
No tiene corazón, ni sabe de piedad.
Ese gran déspota, ese gran fanático.
CANTABRIA
Mientras Roma, duerme en sus orgías.
Tú belicoso pueblo, se despierta.
Se está, preparando para la batalla.
Aprendiendo la guerra Romana.
CANTABRIA
Tus hembras, humilladas, por Roma.
Entre enjambres de brutales bestias.
Soldadescas, sucias, Romanas.
Con sus petos, con sus espaldares.
CANTABRIA
Son esclavas del brutal Aquitinio.
El gran Centurión, el despiadado.
No tiene corazón, ni sabe de piedad.
Ese gran déspota, ese gran fanático.
CANTABRIA
Allí, sometían a las esclavas Cantabras.
Allí, Casilda, servia a las legiones.
Ofreciendo el agridulce vino.
Sin ventajas, recibiendo sexualidad.
CANTABRIA
Tus hembras, humilladas, por Roma.
Entre enjambres de brutales bestias.
Soldadescas, sucias, Romanas.
Con sus petos, con sus espaldares.
CANTABRIA
Mientras, en los campamentos del César.
Roma, divertía a sus Legiones.
En Sagisama, gran fuerte amurallado.
Centro de Centurias, del poder Romano.
CANTABRIA
Allí, sometían a las esclavas Cantabras.
Allí, Casilda, servia a las legiones.
Ofreciendo el agridulce vino.
Sin ventajas, recibiendo sexualidad.
CANTABRIA
Tú mágica verdura, cambió de color.
Enrojecida está, tú tierra con la muerte.
Ya no saben, de olores tus campos.
Dormida la vida, negra la esperanza.
CANTABRIA
Mientras, en los campamentos del César.
Roma, divertía a sus Legiones.
En Sagisama, gran fuerte amurallado.
Centro de Centurias, del poder Romano.
CANTABRIA
Tú mágica verdura, cambió de color.
Enrojecida está, tú tierra con la muerte.
Ya no saben, de olores tus campos.
Dormida la vida, negra la esperanza.
CANTABRIA
Cuando los buitres, circularmente.
Descendían entre ábregos vientos.
Cebándose de carroñas Romanas.
Devorando, el Imperio del César.
CANTABRIA
César, dios valedor de Roma.
Acometiendo brutales guerras.
Batallas, duras como las rocas.
Con lábaros, llamando a la muerte.
CANTABRIA
Cuando los buitres, circularmente.
Descendían entre ábregos vientos.
Cebándose de carroñas Romanas.
Devorando, el Imperio del César.
CANTABRIA
Así, muere tú gente, tus hombres.
Sin lágrimas de las hembras.
Fiera especie, de coraje, de amor.
Hembra dura, rolliza y fuerte.
CANTABRIA
Cuando el hambre, apretaba la vida.
Vivía, sin descanso, del hombre.
Con la fiereza, de una boca hambrienta.
Bebía en la vena, de su caballo.
CANTABRIA
Tus danzas de monótonos ritmos.
Con pies desnudos, encallecidos.
Aplastando con ellos, la tierra.
Secos los ojos, sin ninguna lagrima.
CANTABRIA
Así, muere tú gente, tus hombres.
Sin lágrimas de las hembras.
Fiera especie, de coraje, de amor.
Hembra dura, rolliza y fuerte.
CANTABRIA
Tus leyendas se cuentan en cañadas.
Con ecos repetidos, entre las piedras.
En acompasados y rituales ritmos.
Profundos en la distancia.
CANTABRIA
Tus danzas de monótonos ritmos.
Con pies desnudos, encallecidos.
Aplastando con ellos, la tierra.
Secos los ojos, sin ninguna lagrima.
CANTABRIA
Con tus sagrados ritos misteriosos.
Contaban sus asombrosas hazañas.
Inmortalizando a tú gente.
Ante el rojo brillo de las hogueras.
CANTABRIA
Tus leyendas se cuentan en cañadas.
Con ecos repetidos, entre las piedras.
En acompasados y rituales ritmos.
Profundos en la distancia.
CANTABRIA
Que buitre alguno, tocara su carne.
Que bestia alguna, comiera su cuerpo.
Sabían, que volviéndose ceniza.
Se fundían con los dioses de la tierra.
CANTABRIA
Con tus sagrados ritos misteriosos.
Contaban sus asombrosas hazañas.
Inmortalizando a tú gente.
Ante el rojo brillo de las hogueras.
CANTABRIA
Al morir, quemaban sus cuerpos.
Con ritos y canto a la muerte.
Entre sonidos de cuernas y aduces.
Devolviendo, a la tierra materia.
CANTABRIA
Que buitre alguno, tocara su carne.
Que bestia alguna, comiera su cuerpo.
Sabían, que volviéndose ceniza.
Se fundían con los dioses de la tierra.
CANTABRIA
Tus hombres, mueren por tú tierra.
Por sus hijos, por la libertad.
Arropados con la luz de tú verdura.
Con las caricias, de adiós a la vida.
CANTABRIA
Al morir, quemaban sus cuerpos.
Con ritos y canto a la muerte.
Entre sonidos de cuernas y aduces.
Devolviendo, a la tierra materia.
CANTABRIA
Mientras, el sol en las alturas.
Funde la bruma en la mañana.
La muerte se esconde en las colinas.
Por la codicia de la loba romana.
CANTABRIA
Tus hombres, mueren por tú tierra.
Por sus hijos, por la libertad.
Arropados con la luz de tú verdura.
Con las caricias, de adiós a la vida.
CANTABRIA
Astur, ligero como el druida volador.
Galopaba solitario en la noche.
Montando su brioso caballo.
Galopa raudo, como el viento.
CANTABRIA
Mientras, el sol en las alturas.
Funde la bruma en la mañana.
La muerte se esconde en las colinas.
Por la codicia de la loba romana.
CANTABRIA
A todos los veneran en las Barcenas.
Por su misteriosa fuerza.
Por su virilidad.
Por ser hijos de la montaña.
CANTABRIA
Astur, ligero como el druida volador.
Galopaba solitario en la noche.
Montando su brioso caballo.
Galopa raudo, como el viento.
CANTABRIA
Ellos son tus hijos:
Astur, el poderoso.
Herdo, el pensador.
Lupo, el guerrero.
CANTABRIA
A todos los veneran en las Barcenas.
Por su misteriosa fuerza.
Por su virilidad.
Por ser hijos de la montaña.
CANTABRIA
En los montes, en los valles.
Sabe morir el Cantabro.
Entre escajos y robledales.
Con lágrimas, en la aurora.
CANTABRIA
Ellos son tus hijos:
Astur, el poderoso.
Herdo, el pensador.
Lupo, el guerrero.
CANTABRIA
Selva orgánica de bosque y verdor.
Por querer ser libre, enfurecida.
Sangrando están tus hijos.
Verde sangre, en bosques profundos.
CANTABRIA
En los montes, en los valles.
Sabe morir el Cantabro.
Entre escajos y robledales.
Con lágrimas, en la aurora.
CANTABRIA
Celosa paladina de tus Barcenas.
Enfurecida por legiones extrañas.
Protegida, con dioses de montaña.
Por la mandrágora y las piedras.
CANTABRIA
Selva orgánica de bosque y verdor.
Por querer ser libre, enfurecida.
Sangrando están tus hijos.
Verde sangre, en bosques profundos.
CANTABRIA
Sepultada, en tú magnetismo.
En tus montes, y valles profundos.
Por la fuerza de Roma acosada.
Como el rayo en la tormenta.
CANTABRIA
Celosa paladina de tus Barcenas.
Enfurecida por legiones extrañas.
Protegida, con dioses de montaña.
Por la mandrágora y las piedras.
LA GUERRA DE CÉSAR
Suelo amurallado de verdor.
Enfurecida por Roma.
Tú, señalaste la frontera en el tiempo.
Por tú libertad.
CANTABRIA
Sepultada, en tú magnetismo.
En tus montes, y valles profundos.
Por la fuerza de Roma acosada.
Como el rayo en la tormenta.
LA GUERRA DE CÉSAR
Suelo amurallado de verdor.
Enfurecida por Roma.
Tú, señalaste la frontera en el tiempo.
Por tú libertad.
A los pendejos ni Dios los quiere.
A los que Dios ayunta, el diablo no los separa.
A los tontos no les dura el dinero.
A los treinta doncellez, muy rara vez.
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Al que Cristo se la de, San Pedro se la bendiga.
Al que Cristo se la dé, San Pedro se la bendiga.
Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
Al que dice la verdad le ahorcan.
Al que Dios ha de ayudar, sábele bien hallar.
A los enemigos, bárreles el camino.
A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.
A los enfermos, los sanos les damos saludables consejos.
A los locos se les da la razón.
Al que bien sabe podar, la mejor viña le has de dar.
Al que come beleño, no le faltará sueño.
Al que come bien el pan, es pecado darle carne.
Al que come bien el pan, es pecado darle el ajo.
A los cien años todos calvos.
A los cuarenta de edad, fácil viene la enfermedad.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
A los enemigos bárreles el camino.
Al que bebe buen vino en jarro, quiébrale el cacharro.
Al que bebe vino le huele el hocico.
Al que bebe vino, le huele el hocico.
Al que bien come y mejor bebe, la muerte no se le atreve.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
A lo que puedas solo no esperes a otro.
A lo que se quiere bien, se castiga.
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
A los audaces la fortuna les ayuda.
A los buenos, Dios se los lleva; y a los malos aquí se quedan.
Al potro y al niño, con cariño.
Al principio y al fin, Abril suele ser vil.
Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
Al que al cielo escupe, en la cara le cae.
A lo que no puedas, nunca te atrevas.
A lo que no puede ser paciencia.
A lo que no puede ser, paciencia.
A lo que no te agrada, haz que no oyes nada.
A lo que no tiene remedio, litro y medio.
Al pobre le falta un poco; al avaro, todo.
Al pobre no hay bien que no le falte ni mal que no le sobre.
Al pobre y al feo todo se le va en deseo.
Al potro que le alabe otro.
A lo lejos mirar y en casa quedar.
A lo que está de moda, todo el mundo se acomoda.
A lo que has de negarte, niégate cuanto antes.
A lo que manda Dios, oreja de liebre.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Al pobre desnudo le valen más dos trajes que uno.
Al pobre desnudo le valen más dos trajes que uno.
Al pobre el sol se lo come.
Al pobre le faltan muchas cosas; al avaro, todas.
Al no ducho en bragas, las costuras le hacen llagas.
Al nopal lo van a ver sólo cuando tiene tunas.
Al nopal nada más lo visitan cuando tiene tunas.
A lo bobo, a lo bobo en todo me meto y de todo como.
A lo hecho, pecho.
Al pescado dormilón, se lo traga el tiburón.
Al pez, una vez.
Al pie del monte, se ahúma el capote.
Al pino por donde vino.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
Almuerza bien, come más, cena poco y vivirás.
Al músico viejo le queda el compás.
Al niño besa quien besar a la madre quisiera.
Al niño y al mulo, en el culo.
Al perro que es traicionero, no le vuelvas el trasero.
Al perro y al gato no les pongas en el mismo plato.
Al perro y al niño donde le den cariño.
Al pesar por el bien ajeno, llaman envidia y es veneno.
Al perro más flaco, hasta las pulgas le abandonan.
Al perro más flaco se le cargan las pulgas.
Al perro muerto, échale del huerto.
Al perro que come brasas ni que le quemen el chipo.