Mensajes enviados por Críspulo Cortés Cortés:

Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo.
De la mano a la boca se pierde la sopa.
Del agua fría el gato escaldado huye.
De la mala mujer no te guíes, y de la buena no te fíes.
Del agua derramada, ni la mitad aprovechada.
De la mala mujer no te guíes y de la buena no te fíes.
Del agenciosos se hace el caudaloso.
De la madre la gran ciencia, es tener mucha paciencia.
De la esperanza vive el cautivo.
Del aire se mantienen los camaleones, pero no los hombres.
De la discusión surge la luz.
Del ahorro viene la posesión.
De la cuchara a la boca, se cae la sopa.
Del ahorro viene el logro.
De la corriente mansa me libre Dios, que de las aguas bravas me libro yo.
Del ahogado, el sombrero.
De la continua lección nace la ciencia.
Del agua vertida, nunca toda recogida.
De la casa en que amanece tarde, Dios nos guarde.
Del agua vertida, la que pueda ser recogida.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Del agua mansa te guarda; que la brava hace su ruido y pasa.
Del agua mansa se asombra el perro.
De la calle vendrá, quien de tu casa te echará.
Del agua mansa no fíes nada.
De la calle vendrá quien de tu casa te echará.
Del agua mansa me libre Dios, que de la turbia me libro yo.
De la buena hierba me libre Dios, que de la mala me libro yo.
Del agua mansa me libre Dios, que de la brava me guardaré yo.
De la boca del ladrón, todos lo son.
Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo.
De la abundancia viene la vagancia.
Del agua fría el gato escaldado huye.
De la abundancia del corazón, habla la boca.
Del agua derramada, ni la mitad aprovechada.
De la abundancia del corazón habla la boca.
Del agenciosos se hace el caudaloso.
De la abeja y de la vaca, en Abril muere la flaca.
De la esperanza vive el cautivo.
De jugador a cornudo, el canto de un duro.
De la discusión surge la luz.
De juez de poca conciencia, no esperes justa sentencia.
De la cuchara a la boca, se cae la sopa.
De juergas, pendencias y amores, todos somos autores.
De la corriente mansa me libre Dios, que de las aguas bravas me libro yo.
De joven maromero y de viejo payaso.
De la continua lección nace la ciencia.
Deja tranquilos a los perros que duermen.
De la casa en que amanece tarde, Dios nos guarde.
Déjate la vergüenza atrás, y medrarás.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Deja que el buey mee que descansa.
De la calle vendrá, quien de tu casa te echará.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
De la calle vendrá quien de tu casa te echará.
Deja la h de ayer para hoy.
De la buena hierba me libre Dios, que de la mala me libro yo.
Deja la contienda, y no te quebrarán la cabeza.
De la boca del ladrón, todos lo son.
De la abundancia viene la vagancia.
De Jaén, o fuleros o malajes.
De la abundancia del corazón, habla la boca.
Dejadle correr, que él parará.
De la abundancia del corazón habla la boca.
Deja de mirar la puerta que se cerró, pues nunca encontrarás la que se ha abierto frente a ti.
De la abeja y de la vaca, en Abril muere la flaca.
Deja al que está muriendo, y acude a la que está pariendo.
De jugador a cornudo, el canto de un duro.
Deja a la gente que está muriendo y acude a la que está pariendo.
De juez de poca conciencia, no esperes justa sentencia.
De inteligentes y de sabios, es perdonar injurias y olvidar agravios.
De juergas, pendencias y amores, todos somos autores.
De inteligentes y de sabios es perdonar injurias y olvidar agravios.
De joven maromero y de viejo payaso.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
Deja tranquilos a los perros que duermen.
De hoy a mañana se cae una casa.
Déjate la vergüenza atrás, y medrarás.
De hombres leales, están llenos los hospitales.
Dejar de comer por haber comido no es tiempo perdido.
De hombres es errar, y de burros rebuznar.
Deja que el buey mee que descansa.
De hombres bien nacidos es ser agradecidos.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
De hijos y de bienes tu casa llenes.
Deja la h de ayer para hoy.
De hijos y de bienes, la casa llenes.
Deja la contienda, y no te quebrarán la cabeza.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
De Jaén, o fuleros o malajes.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
Dejadle correr, que él parará.
Deja de mirar la puerta que se cerró, pues nunca encontrarás la que se ha abierto frente a ti.
De grano en grano, se llena la gallina el buche.
Deja al que está muriendo, y acude a la que está pariendo.
De grandes cenas, están las tumbas llenas.
Deja a la gente que está muriendo y acude a la que está pariendo.