IN MEMORIAM
Carta en honor a Don ALFONSO BRONTE. DIARIO DE NAVARRA 16 ENERO 2012.
Alfonso Bronte
Hace unos días falleció en nuestra ciudad Alfonso Bronte, un bondadoso sacerdote, al que tuvimos la suerte de conocerlo allá por los años sesenta, cuando era párroco de Garaioa. Allí vivíamos entonces, y por tanto compartíamos muchas horas.
En aquellos fríos y nevados inviernos, él, con su “Vespa”, arriesgaba su físico en la carretera, para traernos la “película del domingo” desde Abaurrea Alta. Algún “capón” que otro tuvimos que aguantar de su parte, por ciertas pillerías, o alguna que otra reprimenda, como en aquella ocasión en que, tras haber ensayado con él algunos cantos para la romería de Roncesvalles, el día de la romería me instaló en un “Land Rover” con un megáfono para dirigir esos cantos, y cuando yo creía que todo salió bien, me dijo al siguiente día con el ceño fruncido, que yo había desafinado por todos lados.
Con los años, Don Alfonso (como le llamábamos siempre), ejerció en otras Localidades y parroquias, en Tolosa se dedicó a la docencia, y también desarrolló otras labores que yo no conozco del todo. Estos últimos años, su labor se desarrolló en la parroquia del Corazón de Jesús de Iturrama. Residía en este barrio, y con frecuencia, nos encontrábamos con él. Últimamente, y al ser preguntado sobre su salud, nos decía que se encontraba “bastante flojillo”. Sin embargo, esa contrariedad no frenaba su interés y recuerdo hacia nuestros familiares, por los que siempre preguntaba.
Alfonso Bronte: otro amigo más que se nos ha ido, y aunque uno sabe que la muerte es algo seguro para todos, también sabe uno que la pena por la pérdida del amigo aparece y te acompaña sin remisión.
Descanse en paz.
FERNANDO ESPARZA VENTURA
Carta en honor a Don ALFONSO BRONTE. DIARIO DE NAVARRA 16 ENERO 2012.
Alfonso Bronte
Hace unos días falleció en nuestra ciudad Alfonso Bronte, un bondadoso sacerdote, al que tuvimos la suerte de conocerlo allá por los años sesenta, cuando era párroco de Garaioa. Allí vivíamos entonces, y por tanto compartíamos muchas horas.
En aquellos fríos y nevados inviernos, él, con su “Vespa”, arriesgaba su físico en la carretera, para traernos la “película del domingo” desde Abaurrea Alta. Algún “capón” que otro tuvimos que aguantar de su parte, por ciertas pillerías, o alguna que otra reprimenda, como en aquella ocasión en que, tras haber ensayado con él algunos cantos para la romería de Roncesvalles, el día de la romería me instaló en un “Land Rover” con un megáfono para dirigir esos cantos, y cuando yo creía que todo salió bien, me dijo al siguiente día con el ceño fruncido, que yo había desafinado por todos lados.
Con los años, Don Alfonso (como le llamábamos siempre), ejerció en otras Localidades y parroquias, en Tolosa se dedicó a la docencia, y también desarrolló otras labores que yo no conozco del todo. Estos últimos años, su labor se desarrolló en la parroquia del Corazón de Jesús de Iturrama. Residía en este barrio, y con frecuencia, nos encontrábamos con él. Últimamente, y al ser preguntado sobre su salud, nos decía que se encontraba “bastante flojillo”. Sin embargo, esa contrariedad no frenaba su interés y recuerdo hacia nuestros familiares, por los que siempre preguntaba.
Alfonso Bronte: otro amigo más que se nos ha ido, y aunque uno sabe que la muerte es algo seguro para todos, también sabe uno que la pena por la pérdida del amigo aparece y te acompaña sin remisión.
Descanse en paz.
FERNANDO ESPARZA VENTURA