Continuación de Recuerdos de Ujué de Iturralde y Suit.
La sillería del coro es del siglo XVII, con medallones de nogal esculpido,
representando escenas de la vida de la Santísima Virgen.
Los altares carecen de mérito y son modernos; el más antiguo data del siglo
XVI.
En el presbiterio, bajo las angostas bóvedas románicas, descúbrese a cierta
altura, sobre sencilla repisa adosada a un pilar, la estatua de un caballero arrodillado y orando ante la imagen de Nuestra Señora; su traje pertenece al siglo XVI; pero ese bulto reemplaza a otro más antiguo destruido en un incendio;
es de tamaño natural y conmemora una milagrosa curación.
Habiendo cegado D. Gonzalo Bustos, o Gustios, noble caballero castellano,
y desahuciado ya por la ciencia, volvió los ojos del alma hacia la Virgen
Santísima de Ujué, de la que había oído relatar grandes prodigios, y encaminóse
en compañía de sus servidores, al célebre Santuario. Previno a éstos que
le avisaran en el momento en que se descubriese el sagrado templo, lo que sucedió cerca de la historiada cruz que mencionamos, y apeándose de su corcel
y postrándose en tierra subió de rodillas, guiado por sus acompañantes, el áspero camino hasta llegar a presencia de la bendita imagen, a la que con fe y
confianza vivísimas pidió la vista. Pocos momentos después de comenzar su
súplica abrió los ojos; vió a su santa bienhechora; reconoció a sus criados y
exhalando un grito de gozo y gratitud invitóles a que con él cantasen alabanzas
al cielo por tamaño prodigio.
Esa es la tradición que recuerda la estatua y consignada se halla en un
lienzo pendiente de aquellos vetustísimos muros.
Fué reconstruida la iglesia (a excepción de los restos del siglo XI que hoy
existen) por el Rey D. Carlos II de Navarra, quien profesó especial devoción y
respeto a la imagen de Nuestra Señora de Ujué, mirando con tal predilección
a aquel pueblo, que resolvió establecer en el mismo una Universidad donde se
enseñara toda clase de ciencias. Principióse su edificación, pero no pudo terminarse, ni se dió cima a tan noble proyecto porque la guerra con Castilla vino, en 1378, a agotar el Real Tesoro.
La sillería del coro es del siglo XVII, con medallones de nogal esculpido,
representando escenas de la vida de la Santísima Virgen.
Los altares carecen de mérito y son modernos; el más antiguo data del siglo
XVI.
En el presbiterio, bajo las angostas bóvedas románicas, descúbrese a cierta
altura, sobre sencilla repisa adosada a un pilar, la estatua de un caballero arrodillado y orando ante la imagen de Nuestra Señora; su traje pertenece al siglo XVI; pero ese bulto reemplaza a otro más antiguo destruido en un incendio;
es de tamaño natural y conmemora una milagrosa curación.
Habiendo cegado D. Gonzalo Bustos, o Gustios, noble caballero castellano,
y desahuciado ya por la ciencia, volvió los ojos del alma hacia la Virgen
Santísima de Ujué, de la que había oído relatar grandes prodigios, y encaminóse
en compañía de sus servidores, al célebre Santuario. Previno a éstos que
le avisaran en el momento en que se descubriese el sagrado templo, lo que sucedió cerca de la historiada cruz que mencionamos, y apeándose de su corcel
y postrándose en tierra subió de rodillas, guiado por sus acompañantes, el áspero camino hasta llegar a presencia de la bendita imagen, a la que con fe y
confianza vivísimas pidió la vista. Pocos momentos después de comenzar su
súplica abrió los ojos; vió a su santa bienhechora; reconoció a sus criados y
exhalando un grito de gozo y gratitud invitóles a que con él cantasen alabanzas
al cielo por tamaño prodigio.
Esa es la tradición que recuerda la estatua y consignada se halla en un
lienzo pendiente de aquellos vetustísimos muros.
Fué reconstruida la iglesia (a excepción de los restos del siglo XI que hoy
existen) por el Rey D. Carlos II de Navarra, quien profesó especial devoción y
respeto a la imagen de Nuestra Señora de Ujué, mirando con tal predilección
a aquel pueblo, que resolvió establecer en el mismo una Universidad donde se
enseñara toda clase de ciencias. Principióse su edificación, pero no pudo terminarse, ni se dió cima a tan noble proyecto porque la guerra con Castilla vino, en 1378, a agotar el Real Tesoro.