Ciertamente, según sus propias palabras, parece usted más un gañán que un romántico pretendiente.
Pero no se preocupe. Aún quedan muchas acémilas que pueda usted montar.
Por mi parte, soy yo la que cabalga habitualmente. Y no creo que pudiera resistir usted encima mis ochenta y dos kilos de masa esparramada.
Para eso hay que ser un hombre bien templado, con músculos de acero.
Esa calentura puede aliviarla muy bien con las frescas aguas de O Torroal.
Como me dice usted gañán, solo pretendi urgar en lo más intimo de los pensamientos
humanos. Lo unico que me descoloca es su peso, me imagino debajo al
militar. Pobre hombre lo triturara, y dejese de hombre bien templado y músculos de acero, el que lo intente por debajo es hombre muerto. Yo ya se que soy un gallo de
labranza, y un destripaterrones, pero ya con su peso se me quitan las ganas, en vez de una gallina es usted una avestruz y me quedo corto.
Mi amor por usted termina en este instante,
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