Cuentan por la contorna la retranca que tiene algún
amigo nuestro de Lubián. No seré yo quien la niegue.
Hace unos meses me subí al
Tren Hotel en La Gudiña en un viaje relámpago a
Madrid. A mi lado se sentó un hombre que también subió en La Gudiña, al cual consideré mudo, dado que no contestó a las buenas
noches en la
estación, ni abrió la boca hasta que se despertó en Medina del
Campo.
En Puebla de Sanabria montó el amigo Inda, quien se sentó en frente de nosotros. Eran las 2:30 de la madrugada,
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