Perdona amigo que me dirija a ti como “amigo mío”, pues no te he pedido permiso para darte el trato de amigo y menos mío, pero veo tu piel curtida por los aires de la sierra, tus vacas prestas para obedecerte, con su andar cansino, pues conocen bien los caminos donde dejarán sus sudores mezclados con el tuyo como marca y seña en la tierra que ha de parir el fruto, más sólo quedas tú, fiel al sonido de los cencerros de tus alimañas, enemigo del ronroneo de los motores, que las buenas cosechas te guien ... (ver texto completo)