Yo fuí el que amparado por el manto de la noche, rompí la privacidad del huerto prohibido, quien con disimulo traidor esperé a que el dueño temporal de la fruta negada estuviera cumpliendo con su deber sagrado, yo fuí el que trepó al árbol preferido del guardian , el árbol que de día me llamaba haciéndome guiños con la fruta madura para que invisibles en la noche, nos diéramos cita a la sombra de la luna y lleváramos hasta el final la tentación del mal, su deseo de dármelo y el mío de tomarlo, yo ... (ver texto completo)