--Vuélvete de espaldas hasta que yo te avise --me dijo ella.
--No entiendo.
--Hazme caso... antes de que me arrepienta.
En estos tiempos de tantas tribulaciones nacionales prefiero recordar recovecos individuales.
Obedecí.
Pita se puso en pie y comenzó a desnudarse.
Un frufrú de sedas precedió al momento mágico.
--Ya puedes.
Me di la vuelta y me puse en pie.
La mujer que había habitado mis más enloquecidos sueños de
juventud estaba ante mi, en mi senectud, apenas cubierta su espléndida desnudez
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