Durante todo el tiempo que llevábamos de descanso me estuve percatando de un sonido rechinante que procedía de un rincón a mi derecha.
Cuando el sargento dejó de hablar, me volví para ver cuál era la causa del sonido. "Son cosas de Nogueira", me explicó el cabo. Volví aún más la cabeza, y vi a un legionario de rostro enjuto y amargado, que tal vez contaría veinte años.
Él me devolvió la mirada con aquella fijeza malhumorada que los oficiales provocan a menudo en los soldados, y que probablemente ... (ver texto completo)
Cuando el sargento dejó de hablar, me volví para ver cuál era la causa del sonido. "Son cosas de Nogueira", me explicó el cabo. Volví aún más la cabeza, y vi a un legionario de rostro enjuto y amargado, que tal vez contaría veinte años.
Él me devolvió la mirada con aquella fijeza malhumorada que los oficiales provocan a menudo en los soldados, y que probablemente ... (ver texto completo)