Madre, el
cielo se ha oscurecido. No sé que hora será: Estoy cansado de jugar y vengo a tu lado. Es sábado y no tengo
colegio. ¡No trabajes más, madre, siéntate aquí junto a la
ventana y dime donde está el desierto de Tepantar del que habla el cuento!
¿Dónde está, madre? ¿En qué
playa de que
mar, al pie de que colina, en el país de qué rey? No habrá allí vallados para dividir los
campos, ni sendas por las que pasan los labradores cuando vuelven a sus
casas a la caída del sol, ni las mujeres que
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