Geología viva y erosión activa: Los espectaculares
acantilados de esta zona están compuestos principalmente por pizarras y esquistos paleozoicos. Al ser
rocas sedimentarias dispuestas en láminas o capas, son muy susceptibles a la fractura. La fuerza del
Mar Cantábrico, las filtraciones de
lluvia y los cambios de temperatura erosionan las bases y las uniones continuamente. De la misma forma que el mar "escupe" y crea los
arcos, el propio ciclo natural de erosión acaba provocando el colapso de los techos de las
cuevas y los laterales de las paredes. Caminar por estos pasillos arenosos durante la bajamar ofrece un
paisaje imponente, pero la acumulación de escombros de la imagen sirve como un recordatorio visual de por qué siempre se recomienda no permanecer parado directamente debajo de los techos rocosos o muy pegado a las paredes inestables del
acantilado.