¿Quién no ha visto alguna vez en
foto esa
playa gallega en la que de la arena emergen unos
arcos de
piedra que recuerdan los arbotantes de una
catedral gótica? La playa de las
Catedrales no podría tener un nombre más acertado. Pero estos arcos no han sido creados por unos maestros de obra
medievales. No. Se los debemos al lento trabajo de la madre
naturaleza. Hablamos del conjunto de arcos rocosos más importante de la península ibérica. Y no solo arcos: también hay
cuevas,
pasadizos y galerías labrados por los vientos y las
aguas del Cantábrico.