Hacia el final de la Edad Media, gracias a la exención a la villa de
Foz de los abusivos tributos y a las antiguas prerrogativas e inmunidades concedidas por los Reyes Católicos, la
pesca de la ballena y la exportación de la madera fueron importantes actividades económicas de la población. Contaba por aquel entonces, con uno de los tres astilleros más importantes de
Galicia. Era el “porto de Masma” por aquella época,
refugio de navegantes, figurando desde entonces en todos los portulanos de navegación, hasta tal punto que, en el siglo XII, era uno de los únicos
puertos de la cornisa cantábrica con tráfico internacional, integrado en las rutas entre Inglaterra, Flandes y
Portugal.