Como en años anteriores durante estas cortas vacaciones, El
Bronco reverdece, parece tomar nueva vida, llegan los emigrantes con sus hijos y en las
calles se vuelven a escuchar (aunque sólo sea por unos días) la algarabía de los
juegos de la chiquillería, un barullo que allí tanto añoramos. Un
pueblo sin niños es un lugar sin vida, pues ellos son esperanza de continuidad, en definitiva el futuro.
Los mayores a disfrutar de la
naturaleza; está época es la más propicia para ello y luego a tomarse
... (ver texto completo)