Solía sentarme, sobre las 22:00 horas, en una especie de columpio que daba a una solitaria plaza. El cielo, que me arropaba con su diáfano manto, era de lo más excepcional. La luz artificial se apagaba, y sólo el sonido del columpio rompía la monotonía del silencio. Me deslizaba suavemente, soñando absurdas composiciones metafísicas. Después pensaba y pensaba, con la sola compañía de mis cosas, en grandes encinares de bellas dehesas. Me mantenían en pie, pasando paulatinamente las horas, los tiempos ... (ver texto completo)
Amigo PC. Qué bonito este texto. ¿Qué es de tu vida? Un abrazo muy fuerte.