legó la hora. Tras muchos meses de dilaciones, retrasos y promesas incumplidas, empieza el debate de los debates, el de la financiación autonómica, porque ahí es donde está "la pela" y porque su resultado condicionará los próximos años. Es el debate que Cataluña, Valencia y Madrid querían acelerar, que Moncloa prefería retrasar, siguiendo el método Rajoy y que Extremadura no quería abrir ni en pintura. Y es que el partido no se disputa en campo neutral ni empieza con empate a 0, porque la reclamación soberanista de Cataluña lo condiciona todo y porque la decisión de Montoro de publicar las balanzas fiscales ya ha puesto el 1 a 0 en el marcador. Podrá decir que esa balanza irá encuadrada en unas cuentas regionalizadas y todo lo que quiera, pero esta semana ha quedado claro quiénes han criticado la decisión y quiénes la han aplaudido. En Extremadura Monago, que hace dos años pidió revisar el modelo de financiación "porque el actual perjudica a Extremadura" y hace uno lo rechazó porque enfrentaría a las Comunidades y porque "repartirse las ropas cuando no hay ni ropas es un triste ejercicio", dice ahora, y con razón, que la negociación será una tómbola en la que "cada uno irá a la trinca, a ver qué saca más del nuevo modelo".
XESTA PELICULAx ya la vimos en la anterior legislatura, cuando el gobierno de Zapatero, como ahora el de Rajoy, se desdijo y publicó las balanzas como paso previo a la negociación. Entonces se aceptó que la distribución se hiciese por población, y cada uno fue proponiendo variables en función de sus intereses: las islas por ser islas, las regiones grandes por ser grandes, las pequeñas por ser pequeñas, las que tenían idioma propio, las que tenían más población envejecida, la dispersión... aunque con la diferencia de que la mayoría atendía a cómo financiar los servicios que debían dar a los ciudadanos, que es, en teoría, el fundamento de la financiación autonómica: que todos los ciudadanos, vivan donde vivan, puedan disfrutar de los mismos servicios.
XAHORA ELx debate es otro, desde el momento en el que algunas Comunidades buscarán aprovechar la publicación de las balanzas (lo que pagan en impuestos los ciudadanos de un territorio y lo que reciben vía inversiones y gastos) para que el nuevo sistema las corrija y las compense. Es decir, que si los ciudadanos catalanes en su conjunto pagan X, que reciban más o menos X. Y los demás, previo envío del concepto de solidaridad a la papelera, que se las apañen. Sería curioso que el alcalde de Barcelona le dijese eso mismo a Artur Mas, que a partir de ahora todo lo que se recaudase en Barcelona capital se invirtiese en Barcelona capital. Los de Lleida imagino que felices... O que los vecinos de Les Corts aludiesen a su importante esfuerzo fiscal para pedirle a Trías más inversiones allí... Se rompería Barcelona y Cataluña como puede romperse España, y no es ninguna broma. Esta misma semana el secretario general de Comisiones Obreras, Julián Carretero, pedía que se empezase a gobernar con "dos dedos de luces". Una extraña expresión que todos hemos entendido.
Con esta base, y visto que a nadie parece importarle el coste de los servicios públicos a la hora de negociar el modelo, Monago responde a las balanzas fiscales de Montoro con otras propias sobre infraestructuras, industria, renta per cápita, energía o medio ambiente, para que en el reparto no se tenga en cuenta sólo la fiscalidad, y reclama una "financiación preferente" para el sur de España porque "lleva más de 30 años con un modelo de desarrollo que genera más de un 30 por ciento de paro", es decir, una especie de compensación por la deuda histórica, de la que sigue sin haber noticias. ¿1-1?
Además, Monago quiere introducir en el debate los datos de deuda y déficit, después de constatar esta semana que Extremadura ha vuelto a cumplir con el objetivo. Era del 1%, el más bajo de todas las comunidades, y lo ha dejado en el 0,92%, aunque a buen seguro que en ninguna de las regiones del arco mediterráneo le aplaudirán por ello, incluso se lo echarán en cara: "claro, como Extremadura está hiperfinanciada, normal que cumpla". O "yo con esa financiación lo habría dejado más bajo"... Y con la deuda, más de lo mismo.
Con todos estos ingredientes, y a poco más de un año para las elecciones autonómicas, se abre el debate. ¿Se abre? Aún no, llegará en marzo. Lo de ahora son simples escaramuzas. Prepárense.
XESTA PELICULAx ya la vimos en la anterior legislatura, cuando el gobierno de Zapatero, como ahora el de Rajoy, se desdijo y publicó las balanzas como paso previo a la negociación. Entonces se aceptó que la distribución se hiciese por población, y cada uno fue proponiendo variables en función de sus intereses: las islas por ser islas, las regiones grandes por ser grandes, las pequeñas por ser pequeñas, las que tenían idioma propio, las que tenían más población envejecida, la dispersión... aunque con la diferencia de que la mayoría atendía a cómo financiar los servicios que debían dar a los ciudadanos, que es, en teoría, el fundamento de la financiación autonómica: que todos los ciudadanos, vivan donde vivan, puedan disfrutar de los mismos servicios.
XAHORA ELx debate es otro, desde el momento en el que algunas Comunidades buscarán aprovechar la publicación de las balanzas (lo que pagan en impuestos los ciudadanos de un territorio y lo que reciben vía inversiones y gastos) para que el nuevo sistema las corrija y las compense. Es decir, que si los ciudadanos catalanes en su conjunto pagan X, que reciban más o menos X. Y los demás, previo envío del concepto de solidaridad a la papelera, que se las apañen. Sería curioso que el alcalde de Barcelona le dijese eso mismo a Artur Mas, que a partir de ahora todo lo que se recaudase en Barcelona capital se invirtiese en Barcelona capital. Los de Lleida imagino que felices... O que los vecinos de Les Corts aludiesen a su importante esfuerzo fiscal para pedirle a Trías más inversiones allí... Se rompería Barcelona y Cataluña como puede romperse España, y no es ninguna broma. Esta misma semana el secretario general de Comisiones Obreras, Julián Carretero, pedía que se empezase a gobernar con "dos dedos de luces". Una extraña expresión que todos hemos entendido.
Con esta base, y visto que a nadie parece importarle el coste de los servicios públicos a la hora de negociar el modelo, Monago responde a las balanzas fiscales de Montoro con otras propias sobre infraestructuras, industria, renta per cápita, energía o medio ambiente, para que en el reparto no se tenga en cuenta sólo la fiscalidad, y reclama una "financiación preferente" para el sur de España porque "lleva más de 30 años con un modelo de desarrollo que genera más de un 30 por ciento de paro", es decir, una especie de compensación por la deuda histórica, de la que sigue sin haber noticias. ¿1-1?
Además, Monago quiere introducir en el debate los datos de deuda y déficit, después de constatar esta semana que Extremadura ha vuelto a cumplir con el objetivo. Era del 1%, el más bajo de todas las comunidades, y lo ha dejado en el 0,92%, aunque a buen seguro que en ninguna de las regiones del arco mediterráneo le aplaudirán por ello, incluso se lo echarán en cara: "claro, como Extremadura está hiperfinanciada, normal que cumpla". O "yo con esa financiación lo habría dejado más bajo"... Y con la deuda, más de lo mismo.
Con todos estos ingredientes, y a poco más de un año para las elecciones autonómicas, se abre el debate. ¿Se abre? Aún no, llegará en marzo. Lo de ahora son simples escaramuzas. Prepárense.