San Andrés Kim Taegon, presbítero y San Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires
- Santos Eustaquio, su mujer Teopista y sus dos hijos Agapito y Teopisto, Roma. 118.
-Beato Francisco de Posadas. Natural de Córdoba; muy joven aún vistió el hábito dominicano en Scala Dei, (provincia de Córdoba). Enviado a Sanlúcar de Barrameda y oyendo predicar al Padre González, S. J., se convirtió de veras a Dios, comenzando una vida penitentísima. Prior en varios conventos de su Orden, fue uno de los confesores más afamados de su siglo en España. Falleció en Córdoba, 1713.
- Santa María de Cervelló (1230-1260). Fue una joven de familia ilustre, nacida en el barrio marinero de Barcelona, y desde la niñez dio muestras de una piedad fuera de lo común; se negó a casarse, hizo voto de castidad y se retiró a un convento a la sombra de la iglesia de la Merced, también muy próxima al mar que surcaban los mercedarios para redimir cautivos en tierras africanas. Algo después se fundó la rama de la Merced para mujeres, y María fue la primera mercedaria y la primera superiora en el convento barcelonés. Hasta que murió, su historia exterior es la de una monja con fama de buen gobierno y virtudes eminentes. Pero su leyenda dice que sin salir de su convento, salvó muchos barcos de perecer y muchos cautivos fueron redimidos por el poder de su oración. Se le representa siempre con un barco en las manos: fue la santa marinera que jamás embarcó.
- San José María de Yermo y Parrés, (1851-1904)
-Santa Fausta, virgen, y San Evilasio, mártir, Cícico (Grecia), 308.
-Santos Dionisio y Privato, mártires., Frigia (Asia Menor).
-San Prisco, mártir, Constantinopla.
-Santos Teodoro y Felipa, su madre, Perge de Panfilia (Asia). s. II.
-Santa Cándida, virgen, Cartago, siglo IV.
-Santa Susana, mártir, hija de un sacerdote de los ídolos y nacida en Eleuterópolis, de Palestina; muertos sus padres, se convirtió al cristianismo, dejó sus inmensas riquezás y se puso bajo la dirección de dos monjes de Palestina. Acusada de haber derribado unos ídolos, Juliano la condenó a la pena capital. Rufino hace grandes elogios de su virtud y de la constancia con que padeció por Cristo. 362.
-San Agapito I, papa; sucesor de Juan II y romano de nacimiento. Teodato, rey de los godos, amenazado por las tropas de Justiniano de perder sus estados, comisionó a San Agapito para que fuese a Constatinopla a entrevistarse con el emperador. Nada, sin embargo consiguió el Pontífice. San Agapito mostró una energía indomable en la deposición por él decretada de Antimo, patriarca intruso y hereje eutiquiano, llevado por Justiniano a la sede de Constantinopla. Teodora, principal instigadora de esta elección, amenazó al papa con el destierro, y el santo pontífice pronunció aquellas memorables palabras: "He venido a Constantinopla en la creencia de encontrar un emperador cristiano y he hallado un Diocleciano. Vuestras amenazas no me intimidan. No obstante, llamad a vuestra hechura para convenceros de que es un obispo indigno, llamadle para que confiese las dos naturalezas en Jesucristo." El obispo no compareció y Justiniano se dió por vencido, nombrando a Menas, varón virtuosísimo, para la sede de Constantinopla. Aquí murió el papa, cuando proyectaba la reunión de un conclio ecuménico, 536.
-San Clicerio, obispo, Milán. 432
- Santos Eustaquio, su mujer Teopista y sus dos hijos Agapito y Teopisto, Roma. 118.
-Beato Francisco de Posadas. Natural de Córdoba; muy joven aún vistió el hábito dominicano en Scala Dei, (provincia de Córdoba). Enviado a Sanlúcar de Barrameda y oyendo predicar al Padre González, S. J., se convirtió de veras a Dios, comenzando una vida penitentísima. Prior en varios conventos de su Orden, fue uno de los confesores más afamados de su siglo en España. Falleció en Córdoba, 1713.
- Santa María de Cervelló (1230-1260). Fue una joven de familia ilustre, nacida en el barrio marinero de Barcelona, y desde la niñez dio muestras de una piedad fuera de lo común; se negó a casarse, hizo voto de castidad y se retiró a un convento a la sombra de la iglesia de la Merced, también muy próxima al mar que surcaban los mercedarios para redimir cautivos en tierras africanas. Algo después se fundó la rama de la Merced para mujeres, y María fue la primera mercedaria y la primera superiora en el convento barcelonés. Hasta que murió, su historia exterior es la de una monja con fama de buen gobierno y virtudes eminentes. Pero su leyenda dice que sin salir de su convento, salvó muchos barcos de perecer y muchos cautivos fueron redimidos por el poder de su oración. Se le representa siempre con un barco en las manos: fue la santa marinera que jamás embarcó.
- San José María de Yermo y Parrés, (1851-1904)
-Santa Fausta, virgen, y San Evilasio, mártir, Cícico (Grecia), 308.
-Santos Dionisio y Privato, mártires., Frigia (Asia Menor).
-San Prisco, mártir, Constantinopla.
-Santos Teodoro y Felipa, su madre, Perge de Panfilia (Asia). s. II.
-Santa Cándida, virgen, Cartago, siglo IV.
-Santa Susana, mártir, hija de un sacerdote de los ídolos y nacida en Eleuterópolis, de Palestina; muertos sus padres, se convirtió al cristianismo, dejó sus inmensas riquezás y se puso bajo la dirección de dos monjes de Palestina. Acusada de haber derribado unos ídolos, Juliano la condenó a la pena capital. Rufino hace grandes elogios de su virtud y de la constancia con que padeció por Cristo. 362.
-San Agapito I, papa; sucesor de Juan II y romano de nacimiento. Teodato, rey de los godos, amenazado por las tropas de Justiniano de perder sus estados, comisionó a San Agapito para que fuese a Constatinopla a entrevistarse con el emperador. Nada, sin embargo consiguió el Pontífice. San Agapito mostró una energía indomable en la deposición por él decretada de Antimo, patriarca intruso y hereje eutiquiano, llevado por Justiniano a la sede de Constantinopla. Teodora, principal instigadora de esta elección, amenazó al papa con el destierro, y el santo pontífice pronunció aquellas memorables palabras: "He venido a Constantinopla en la creencia de encontrar un emperador cristiano y he hallado un Diocleciano. Vuestras amenazas no me intimidan. No obstante, llamad a vuestra hechura para convenceros de que es un obispo indigno, llamadle para que confiese las dos naturalezas en Jesucristo." El obispo no compareció y Justiniano se dió por vencido, nombrando a Menas, varón virtuosísimo, para la sede de Constantinopla. Aquí murió el papa, cuando proyectaba la reunión de un conclio ecuménico, 536.
-San Clicerio, obispo, Milán. 432