Mi fiel y leal amigo PC: Me complace sobremanera que se dirija a mí en tales términos, porque con ello, deja por sentado y sirve de ejemplo, que "Aquí la más principal hazaña es obedecer, y el modo como ha de ser, es ni pedir ni rehusar..." que decía mi compañero de arma y de compañía, D. Pedro Calderón de la Barca como V. I. bien sabe.
Compruebo con satisfación, que, con la diligencia, sapiencia, y profesionalidad que le caracteriza, ha resuelto los asuntos que, en confianza, le encomendé.
Tengo
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Excmo. Sr.: presto respondo a su requerimiento expuesto en la precedente, y paso a relatarle los hechos acaecidos en la RFEF, en el día de ayer, sobre las 10:00 horas, aproximadamente.
Como quiera que, para este humilde servidor, sus órdenes van más allá de una imposición legal, y se convierten, por mor de mi lealtad hacia VE., en una cuestión de tipo moral (sabe que no es impostura) me personé, como dije, en el estamento federativo supra citado. Llevé conmigo la ley de la Memoria histórica, para hacer ver al Sr. Villar, que no estaba cumpliendo con el mandato legislativo. Le recordé que, con citada ley en la mano, y, sin que VE., y yo nos posicionemos en uno u otro “bando”, estaba cometiendo un error. Que la citada ley dice, que todos los símbolos relacionados con el generalato, el portarato y el plazarato debían de ser sustituidos por otros más equitativos. Y, que, siendo que nuestro equipo representa los valores de esa equidad (según la ley, por lo visto) últimamente no estaba siendo tratado como corresponde. El Sr. Villar, me contestó- de mala uva, por cierto- que ha hecho todo lo posible para imponer el Villarato, pero que el año pasado nuestro equipo se pasó de la raya. ¡Les di la mano y se cogieron el pie! Me espetó. Que con dos titulillos hubiésemos tenido bastante. ¡Ansia, se llama a eso! Que por tal motivo, recibió quejas de toda la Prensarato, las radioratos y televisioratos del Paisorato. Que cómo no cambiara de actitud hacía los blancoratos, pondrían la cosa en conocimiento de la mafiarato de los pelotazoratos para corromperato el mercadorato. Yo, Excmo. Sr., la verdad, es que me acojoné un rato. Le contesté: “Hagan Vds., lo que les salga de los cojones, que mi presidente y yo sólo queremos paz”. Así que me prometió que nuestra paz, será inversamente proporcional a lo que ganemos. Cuanto más ganemos, menos paz; cuanto menos ganemos, más paz. Así que yo elegí paz y tranquilidad. No sé si hice bien. Suyo afectísimo y siempre a sus órdenes. PC
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