Pon debajo de la cama una vica de barro como la de la abuela Fructuosa, grande y pronfuna, jejejeje.
Cuando la arrastrabas, despertabas a to quisqui; eso sí, la tenías tan cerca que parecía de la
familia; ahora, sin embargo, ¿que relación tenemos con las dichosas tazas de los cuartos de aseos?, ninguna, solo la visitamos cuando la necesitamos, no como la vica que permanecía toda la
noche a nuestro lado.