Buenos días, hoy toca descanso; que tarde que se me hace cuando no madrugo.
DON JUAN.- Pesada me es ya la broma.
Más veremos quién asoma
mientras en la mesa estamos.
A Ciutti, que se manifiesta asombrado.
Y ¿qué haces tú ahí, bergante?
! Listo! Trae otro manjar.
Mas me ocurre en este instante
que nos podemos mofar
de los de fuera invitándoles
a probar su sutileza
entrándose hasta esta pieza
y sus puertas no franqueándoles.
AVELLANEDA.- Bien dicho.
CENTELLAS.- Idea brillante.
Llaman fuerte, fondo derecha.
DON JUAN.-! Señores! ¿A qué llamar?
Los muertos se han de filtrar
por la pared.! Adelante!
La estatua de Don Gonzalo pasa por la puerta, sin abrirla y sin hacer ruido.
ESCENA II
Don Juan, Avellaneda y la estatua de Don Gonzalo.
CENTELLAS.-! Jesús!
AVELLANEDA.-! Dios mío!
DON JUAN.- ¿Qué es esto?
AVELLANEDA.- Yo desfallezco.
Cae desvanecido.
CENTELLAS.- Yo expiro.
Cae desvanecido.
DON JUAN.- ¿Es realidad o deliro?
Es su figura..., su gesto.
ESTATUA.- ¿por qué te causa pavor
quien convidado a tu mesa
viene por ti?
DON JUAN.-! Dios! ¿No es esa
la voz del Comendador?
ESTATUA.- Siempre supuse que aquí
no me habías de esperar.
DON JUAN.-! Mientes! Pues para que veas
que aunque dudé en un extremo
de sorpresa, no te temo,
aunque el mismo Ulloa seas.
ESTATUA.- ¿Aun lo dudas?
DON JUAN.- No lo sé.
ESTATUA.- Pon, si quieres, hombre impío,
tu mano en el mármol frío
de mi estatua.
DON JUAN.-? Para qué?
Me basta oírlo de ti.
Cenemos, pues. Mas te advierto...
ESTATUA.- ¿Qué?
DON JUAN.- Que si no eres el muerto
no vas a salir de aquí.
A Centellas y a Avellaneda.
! Eh!! Alzad!
ESTATUA.- No pienses, no,
que se levanten, Don Juan;
porque en sí no volverán
hasta que me ausente yo.
Que la divina clemencia
del Señor para contigo
no requiere más testigo
que tu juicio y tu conciencia.
Al sacrílego convite
que me has hecho en el panteón,
para alumbrar u razón
Dios asistir me permite.
Y heme que vengo en su nombre
a enseñarte la verdad;
y es: que hay una eternidad
tras de la vida del hombre.
Que numerados están
los días que has de vivir,
y que tienes que morir
mañana mismo, Don Juan.
Mas como esto que a tus ojos
está pasando, supones
ser del alma aberraciones
y de la aprensión antojos,
Dios, en su santa clemencia,
te concede todavía
un plazo hasta el nuevo día
para ordenar tu conciencia.
Y su justicia infinita
porque conozcas mejor,
espero de tu valor
que me pagues la visita.
¿Irás, Don Juan?
DON JUAN.- Iré, sí;
mas me quiero convencer
de lo vago de tu ser
antes que salga de aquí.
Coge una pistola.
ESTATUA.- Tu necio orgullo delira,
Don Juan; los hierros más gruesos
y los muros más espesos
se abren a mi paso; mira.
Desaparece la Estatua, sumiéndose por la pared.
PD. Esta tarde dejaré otro poquino escrito, hay que terminar con el año. Besos Membriller@s
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