Y un galgo que dormita recostado
al frescor del zaguán que nadie cierra.
Y recordé la mano de un
amigo tendida y generosa en el abrazo,
y la voz temblorosa de un mendigo que guarda la limosna en su regazo.
Y recodé las
noches invernales al calor de la lumbre o del brasero,
y los cálidos besos maternales que ahuyentaban los monstruos del perchero.
Y recordé los prados y las
fuentes,
y el tibio despertar de la mañana,
... (ver texto completo)