La enfermedad se fue extendiendo prontamente por su cuerpo. Los enfermos comentaban:
“ ¡Qué elegante era el padre Damián cuando llegó a vivir con nosotros y qué deforme lo ha puesto la enfermedad!” Pero él añadía: “No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo hermosa y agradable a Dios”.
Poco antes de que el santo muriera llegó a Molokai un barco. Era el del capitán que lo había traído cuando llegó de misionero y le había dicho que con el único que se confesaría
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El padre Damián llegó a ser famoso aún en vida, y muchos reconocieron su heroica labor caritativa. Sin embargo –paradójicamente– no halló mucha comprensión en los superiores y demás miembros de su congregación religiosa, quienes consideraban temerario exponer su vida en tal forma. Más aún, se le acusó de haber cedido personalmente a los vicios –que según los prejuicios de aquella época– eran la causa de la lepra.
El 15 de abril de 1889 el leproso voluntario, el apóstol de los leprosos entregó su alma al Señor, a recibir el premio merecido por su ardiente caridad. En 1995, el papa Juan Pablo II, después de comprobar los milagros obtenidos por la intercesión de este gran misionero, lo declaró beato y patrono de los que trabajan entre los enfermos de lepra. Y nosotros pedimos a Dios que nos conceda un corazón generoso y dispuesto a sacrificarse por los demás, como se lo concedió al muy querido padre Damián.
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