La indiferencia, amiga mía -lo sé por la ciencia empírica- debe de ser el término medio entre el amor y el odio. Es ese estadio de laxitud por donde no transcurre nada. La antítesis del amor debería ser en todo caso el odio. La amistad tiene, por tanto, mucho de amor y nada de indiferencia. ¿Estás de acuerdo conmigo? Si no es así te seguiré queriendo; más ahora que te sé mujer. La espalda no suelo dársela a nadie; a los homosexuales menos por cuestiones obvias. Es cierto, sin embargo, que la amistad
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Querido Francisco Javier: Leo que estás lejos- no sé dónde- Espero que estés bien y por supuesto, será un placer conocerte algún día. Que sepas, hasta entonces, que tus sueños (de los que soy poseedora- si hacemos caso a la distinción del derecho
romano entre propietas y possessio) andan por tu tierra. Un abrazo fuerte.