DIENTE DE
LEÓN.
Entre el dedo índice y el pulgar sujetamos el tallo que sostiene los frágiles filamentos. Los acercamos con cuidado a la boca y con un leve suspiro, como por
arte de magia, salen despedidos por el aire esparciendo las semillas. A estas voladoras semillas, que envuelve nuestro aliento, unimos los íntimos deseos que las acompañan, e irán a parar allí, donde el viento y la ilusión los lleven. Vuelo de vilanos,
juego infantil de los paracaídas.
Como niños jugamos a pedir lo difícil,
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