El día amanece engalanado con jirones de las primeras brumas en la dehesa. Se presiente un día espléndido y hay que aprovechar. El paseo es despacioso y con ganas de enamorarse del paisaje. Surge la caricia de un viento fresco que no daña, la mirada se pierde observando las nubes que acarician lo mas alto de la sierra. Nuestros pasos se acomodan al silencio del paisaje, nuestro hablar pausado, y los cicno sentidos puestos en la extesion de encinas, por si se deja ver algun ciervo encelado. Una manada ... (ver texto completo)