EL SEMBRADOR DE BELLOTAS.
Un joven viajero exploraba los Alpes Franceses. Llegó a una vasta extensión de tierra estéril y completamente desolada. Era amenazante, un espectáculo horrible a la vista. Era el tipo de lugar del que uno sale huyendo de prisa, sin deseos de volver a visitarlo.
Entonces, de repente, el joven viajero se detuvo sobre sus talones. En medio de este vasto desierto había un anciano encorvado. Sobre su espalda cargaba un saco de bellotas. En su mano había un trozo de tubo de ... (ver texto completo)
Un joven viajero exploraba los Alpes Franceses. Llegó a una vasta extensión de tierra estéril y completamente desolada. Era amenazante, un espectáculo horrible a la vista. Era el tipo de lugar del que uno sale huyendo de prisa, sin deseos de volver a visitarlo.
Entonces, de repente, el joven viajero se detuvo sobre sus talones. En medio de este vasto desierto había un anciano encorvado. Sobre su espalda cargaba un saco de bellotas. En su mano había un trozo de tubo de ... (ver texto completo)