Las
aguas comienzan a agitarse, los marineros y patrones de la nave se ponen nerviosos (el timón, que sirve para guiar la nave, no lo saben utilizar) y comienza el nerviosismo. Ha llegado a sus oídos la voz del vigía que les avisa de una
tormenta, y aunque parece lejos todavía, ya saben que saldrán mal parados.
Su nerviosismo es palpable, todos lo aprecian. En el tiempo que les queda hasta que llegue la tormenta, deben hacer cosas, muchas cosas. En condiciones normales, si los que gobiernan la nave
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