Efectivamente... Ya se ha empezado hablar de la cena de Navidad, en la que las suegras han perdido protagonismo a favor de los cuñados y cuñadas; siempre hay uno que sabe de un sitio en el que los langostinos más gordos y más barato. Ya pasó aquel tiempo, en el que al caer la tarde del 24, humeaban y de olor a humo las calles inundaban. ¡Ya están se decía...!, calentando el agua para pelar el pollo campero, que a matarlo nadie se atrevía. Un “cuñao”, se oponía a ”la javatá” del cuello se entendía ... (ver texto completo)