Eran las tres de la madrugada. Todo el pueblo dormía. Tan sólo Urbano, como un alma en pena; deambulaba abajo, en el patio. Entraba y salía de la bodega ordenando la carga que iba a llevar a Béjar: banasta de higos, un cesto de tomates; patatas unas pocas y, al antojo de la necesidad, algunas otras cosas. Todo se hallaba ya listo, descansando en el suelo del patio.
Han dado la luz de la salita. Es Juana que se levanta y se calza unas zapatillas. Se tuerce su cuerpo frente al hogar y prende una ... (ver texto completo)
Han dado la luz de la salita. Es Juana que se levanta y se calza unas zapatillas. Se tuerce su cuerpo frente al hogar y prende una ... (ver texto completo)
! Que bonito relato! Lo viví con mi abuelo Ángel, se levantaba a esa misma hora que tu dices y ahi me ha faltado las vainillas, que eran galletas nuevas por aquel entonces, porque no siempre había perrunillas, ahora el aguardiente no faltaba en ningun hogar. Mi abuelo siempre al volver nos traía una bolsa de cacahuetes para los cuatro nietos. Que viaje mas duro el que tenían que recorrer, para el que iba porque si llevaba carga el animalito llegaba muy cansado y mi abuelo desde Lagunilla a Puerto ... (ver texto completo)