Cada año que pasa pierdo más el interés por las castañas y no sé a que achacarlo. Siempre recordaré con que ilusión íbamos a buscarlas, sobre todo cuando nuestros hijos aún eran pequeños y, quizás porque daba gusto verles la gran alegría que desprendían sus ojos cuando las encontraban, eran ellos la mayor motivación. Llenábamos unas bolsas hasta la mitad, nunca teníamos esa paciencia de seguir con el propósito de rebosarla; en mi caso particular nunca me agachaba si no daba la talla. Para mí debían ... (ver texto completo)