Mi mujer y yo vivimos 7 años en Madroñera, encantador pueblo rodeado de sierras y encinares, gente sana y con mucha alegría; del tiempo que vivimos allí (entre 1.997 y 2.004), recordamos la ilusión con que celebraban sus fiestas tradicionales, su gente acogedora y su buena gastronomía tradicional (como debe ser); mi mujer y yo a menudo recordamos los paseos por el camino al Restaurante 1914 y a la ermita de la Soterraña, la naturaleza que rodea el pueblo, la tranquilidad y la simpatía de sus habitantes ... (ver texto completo)