Un día de un
verano cualquiera, yo no sé si tendría nueve años, en el rellano delante del tio MARISCAL, mi hermano JUAN PEDRIN y JUAN
AVILA (el galleta con perdón) estaban organizando una salida para buscar
nidos y yo mirándolos y diciéndome, como me lo voy a pasar cuando estos se decidan. Los observaba impaciente, al final JUAN PEDRIN decidió que yo fuera con el tal JOSE MARIA y el se quedaba, si preguntaban por mi en
casa el lo arreglaría y así quedo la cosa. No se cuantos lejíos anduvimos desde
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