Cuando yo era chico en las
noches de
verano nos sentábamos por la
noche a las
puertas de las
casas a tomar el fresco. Yo desde la mi
calle escuchaba cantar las ranas de la
Laguna del Jorno Tejero. Entonces había ranas y lagartos y escardinchas, alondras y oropéndolas. Millones de pardales y muchos conejos y liebres. También había águilas de todas clases, en fin todo aquello que las nuevas generaciones de
acehucheños no volverán a conocer, así como tampoco conocerán el trigo, la avena, el centeno,
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