Había en el pueblo un hombre, que nadie sabia a ciencia cierta de donde procedía ni porque recaló en nuestro pueblo. Este señor era Don casto. Yo compartí con él muchas tardes de mesa-camilla. Al no poseer patrimonio ni paga, no frecuentaba los bares mucho. No así la biblioteca, este señor Don casto, educado, venido a menos y procurando guardar las apariencias, ningún familiar vino nunca a verle. Y tenia pocos amigos, pero era respetuoso y buena persona, aunque el aseo no era su fuerte, decíamos ... (ver texto completo)
¡Por fin, Victoria!, a ver si nos aclaras ese enigma que lo tenías prometido tiempo ha: esperamos más con impaciencia.
¡Adelante!, pero cuéntalo tó.
¡Adelante!, pero cuéntalo tó.