Las mozas forcejean que da gusto mirarlas. Plantadas en medio del teatro de operaciones, bregan con denuedo contra la diestra y la siniestra sin más herramientas que su poder de persuasión y el coraje del que siempre hicieron gala. Acostumbradas a los más rudos esfuerzos, no le hacen las costuras yagas y, como los tienen como se tienen que tener, no dan su brazo a torcer, aunque estén con la desventaja en que les dejó uno que decía estar a su lado y se pasó al contrincante llevándose los pertrechos ... (ver texto completo)