SAN PEDRO DE MERIDA: La Biblia....

Dedico estas páginas a todos los seres humanos de buena voluntad, para que a través del contenido del libro puedan analizar con fuerza y capacidad de sentido y entendimiento, la verdad sobre los orígenes del hombre.
C. C. Cortés
El Hombre de la Rosa.

Reservados los derechos de ésta obra por el autor que prohíbe la publicación sin su autorización.
El original de esta obra se haya depositado ante un notario. FRSJ: 47755531-19-37-11

Introducción
Escribir un libro consagrado a la figura de Luzbel, es un atrevimiento, pero no es menos atrevimiento leerlo. Habrá personas perspicaces que lo califica-rán con rigor pedagógico y lo relegarán al lugar de unas obras a las cuales es adelantado no definirlas.

Y habrá algún licencioso que ante la posibilidad de poder descubrir un futuro misterioso, más aleatorio y turbio que nuestro pasado, se meterán dentro de la retorcida cáscara de mente de caracol de su más que confortable mundo. Pero algo sí es bien cierto, que nuestro pasado en el planeta se remonta hasta hace millones de años y dentro de ese desconocido paso del tiempo están escritas con letras de sangre y oro los hechos y las palabras que a pronunciado la sabiduría humana.

En las antiguas quimeras tropezamos con la verdad de hechos y cosas inconcebibles.
Nuestro propio ser nos hace ser culpables de gozar del sentido de la honradez para conservarnos con firmeza sobre un pequeño planeta llamado Tierra y estar dispuestos y confiados viviendo en ella.
En la época actual cualquier teoría que sea audaz nos parece una utopía. ¿Pero cuantas teorías se han hecho realidad a lo largo del tiempo?

Ahora bien, por la circunstancia que se arrogan los hombres, que llaman civilizados, están indefensos por la insuficiente imaginación. Pero al paso de los años se derriban las férreas barreras que permitirán a los seres humanos del planeta Tierra comprender sin prejuicios religiosos, la verdadera inmortalidad que tuvo el hombre en sus orígenes.

El orgullo y la envidia son las particularidades más específicas entre los numerosos vicios del hombre. Quizá por ser el autor de la falta más espeluznante contra la ley de su Creador del par de primates que vivían en el llamado Paraíso Terrenal.

Con excesivo orgullo y prepotencia, el hombre se considera hecho a la imagen y la semejanza de Dios. Y por esa condición, el hombre rechaza siempre lo que le puede desmerecer en la vida social del país en donde le ha tocado vivir

Por orgullo, los seres civilizados comenzamos una era que se llama atómica, porque algún hombre a conseguido fraccionar el átomo, que es la partícula más pequeña de la materia, pero que es a la vez el más terrible azote para el hombre mismo.

Pero en un mundo al que llaman nuevo, con sinfín de adelantos y progresos científicos, todavía no ha podido una persona creyente olvidarse de la firme presencia de Luzbel.

Es inútil para la existencia humana, que el hombre presuma de haber creado nuevas culturas, de haber derribado tabúes y haber originado nuevas formas de convivencia. Pero la verdad es que pese a todo el hombre no ha podido desarraigar de su espíritu ni de su mente atormentada la figura legendaria de ser el culpable de un gran pecado.

En las circunstancias que atraviesa en la actualidad el planeta, observamos un constante desequilibrio de orden político, social, moral y religioso, porque el hombre demuestra todos los días de su vida que es incapaz de entenderse consigo mismo.

Son públicas e innumerables las ocasiones en que algún moralista de la clase política se lamenta y se rasga la vestidura clamando contra la inmoralidad reinante hoy en nuestra sociedad. Y no pocos han sido, los que han señalado que se ha producido un divorcio entre la moral y la sabiduría social.

El progreso y la civilización, han seguido un curso paralelo entre el cuerpo carnal y el espíritu del ser humano. Por la simple razón de que los hombres al querer hacerse dueños del mundo no han llegado a dominarse a ellos mismos porque la ley de la selva se a abierto camino en los últimos años por todo el planeta. El hombre y las naciones se agrupan para armarse, para defenderse de otros mortales y para atacarles ó para morir matando. Y todo nos lleva a la conclusión de que estamos al borde del abismo.

Preguntamos:
¿Porque el mortal es incapaz de dominar sus bajos instintos?

La respuesta varía a tenor de quien la de. Pero si se sondea detenidamente y si pasamos por un cedazo nuestra conciencia, podemos concluir que todas las guerras no son más que una demostración evidente de que el mal sigue cohabitando entre nosotros.

El hombre tiene una maldad congénita, que puede ser física o moral. Y lo más grave del caso es que a pesar de tan fatua actitud, los más activos sentimos gran impotencia para luchar contra el mal, porque brota desde nosotros mismos cuando ponemos en juego conscientemente su activa fuerza.

Desde los albores de la existencia humana se han atribuido las desgracias y guerras a la maldad que personificamos en extrañas fuerzas que surgen de dioses y seres legendarios. Así pudieron brotar los genios en las batallas y los espíritus malignos que portan las armas, dioses vengativos y también los Ángeles rebeldes expulsados del cielo por Dios.

A través de páginas de historia, puede verse como el ser humano achacará siempre a su enemigo sus propios errores y por esta razón rebuscó el dogma para la legitimidad de sus guerras. Adentro de esta hipócrita legitimidad, clasificamos las erudiciones diabólicas, para justificar la violencia como chivo expiatorio de su propia culpabilidad. Pero hay que reconocer, que la historia nos demuestra que es el individuo el que achaca al mal todo aquello que le contradice.

Puede afirmarse que la civilización tiene sus raíces en una tierra prometida, en la Hélade y en Roma. Porque esos pueblos que se hallan bañados por el mar mediterráneo fueron la cuna de las artes y las letras. Mientras tanto, aquellos nómadas israelitas escapados de la esclavitud y de la servidumbre del Faraón han constituido los fundamentos de la más poderosa religión, que tiene en su poder el libro de todos los libros:

La Biblia.
¿Que vemos dentro de ese compendio de libros?
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
En las primeras páginas del relato de la creación hace su aparición Luzbel y por ese artículo de fe la humanidad paga aún hoy los efectos de un pecado cometido por Adán y Eva. Por esto la humanidad se convirtió en cautiva y esclava de Ángel caído.