-Cuando hablaba vuestra merced de los peces y de las ocas que salían volando del lago y aterrizaban todas en el fondo del zurrón, decía vuestra merced verdades, ó, por el contrario, mentía para distraer mis muchas ganas de yantar hasta hartarme.
Preguntaba insistentemente Rascahuertos a nuestro amigo Matania.
Preguntaba insistentemente Rascahuertos a nuestro amigo Matania.
-No hay una mentira que halla salido jamás de mis vírgenes labios, compañero, pero ahora creo bien en que el compañerismo de la miseria equivale en la practica a tener que renunciar a nuestra propia forma de vivir. Sin yantar, he sobrevivido muchos meses y muchos días compañero, y nunca jamás e querido abusar del poder de Dios, ni del poder de la naturaleza para beneficiar sólo a su servidor.
-Es ciertamente verdad, cuanto decís de mí poder sobre la carne y por todo lo relativo a la materia, pero amigo mío, estos poderes no se deben utilizar jamás para beneficio propio sin estar autorizado.
Le aseveró con una crítica y sabía irritación a su compañero de fatigas Matania.
Le aseveró con una crítica y sabía irritación a su compañero de fatigas Matania.
- ¿Y que aras cuando no puedas alimentar más a tu cuerpo y necesites yantar para poder sobrevivir en esta tierra, una tierra trata tan opresoramente a los seres humanos, aun cuando tú y yo seamos dos vagabundos que casi siempre procuran no hacer daño a nadie?
-Entonces es cuando pediré ayuda a los dioses del agua y de la tierra.
Aseveró firmemente Matania, sin parar de andar por el camino para descansar.
Aseveró firmemente Matania, sin parar de andar por el camino para descansar.
Rascahuertos estaba enfadado con su compañero y cómo estaba hambriento y no podía resistir más la hambruna que tenía, se dedico a recoger raíces para después de cocidas comerlas. Cuan ya había reunido un buen puñado de jugosos tubérculos, se preparó una hoguera y mientras el fuego prendía en la leña, con su cuchillo pelaba y troceaba las blancas raíces y lo vertió todo en una cacerola de hierro para que cociera hasta que eliminara toda la intensa amargura que tenían todas las raíces de las hierbas salvajes.
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