SAN PEDRO DE MERIDA: El rey de Francia Felipe el Hermoso que fue el que...

Introducción.
Una enorme y extraordinaria hazaña, fue la odisea de los monjes soldados que fueron aureolados por la conquista de Jerusalén, esos hombres que fueron recubiertos de heroísmo de ideales y de cantidades ingentes de sangre.
San Bernardo tenía prohibida a los miembros de la Orden el contacto con mujeres, el tener malos hábitos, el soñar con buenas cosas, comer en abundancia y cazar.
Debían estar en todo instante preparados para combatir, aunque el combate fuera uno contra diez, ya que la muerte era la mejor recompensa en su misión salvadora.

La edad media es el periodo más oscuro y triste en esa ilusoria patraña en la historia de la humanidad.
Cuantos millones de seres humanos han padecido hambre y miseria para desagraviar los desbocados apetitos de una clase social privilegiada que a sido repugnante ignorante y soberbia.

Este predicador de las cruzadas había infundido a las tropas del templo una exaltación muy parecida a la que hacía triunfar a los árabes que luchaban por Mahoma.

Asombra aún en la actualidad lo que hicieron esos guerreros instituidos desde los vestigios del templo de Salomón, que recibieron de la filosofía oriental.
Allí estaban los auténticos orígenes de los ritos, de sus símbolos, de su alfabeto y de sus secretos.

Un continuada relación de los guerreros de Cristo con los sabios pensadores de Siria les había imbuido el gusto por el misterio, la organización de los diferentes grados, una visión trascendental de las cosas y la búsqueda de un estado beatifico y una facilidad para el conocimiento muy por encima de toda religión.

Muchas de sus practicas, costumbres y emblemas habían sido adoptados de una simbología extraña a Occidente que jamás se la perdonaría la Iglesia.
Los templarios en sus altos grados se formaron en el hermetismo y ahí Jacques de Molay hallaba una contribución de filosofías orientales y la practica del hermetismo sin el cual no había ninguna verdad que fuera posible.

¿Qué verdad tan grave fue aportada por el Temple, que necesitaron el quemarlos vivos como vulgares y miserables brujos?

El iniciado debía aprender el significado de la cruz pautada de gules, que tiene los cuatro elementos y los cuatro triángulos con sus cimas convergentes y el rojo de color fuego su signo de acción.

El manto blanco era el de la pureza que les llegaba de los Asenios.
La iniciación al Temple arrastraba un ceremonial mágico:
Quitarse el vestido.
Purificarse con agua.
Triple interrogatorio.
Investidura de los nuevos hábitos:
Blanco.
Rojo.
Pardo.
Participación fraterna:
Ayuno y comunión.
Ritual.
Abrazo.
Recepción de las armas.
El sello de Salomón.

La cuerda como un cinturón constituía un signo mágico de humildad y disciplina para las reglas de la orden, sino que les servia como aislante astral y como limite del mundo exterior.

El estandarte de los Maestres, el Beaucéant, blanco y rojo que significa la sabiduría y el amor divino y regenerador.

El gran Beaucéant de guerra, negro y blanco que significa luz y tinieblas.

El principio negro y blanco de reversión Universal y de regeneración de lo que es impuro al igual que lo hacían los alquimistas que erraban por las cortes y los sótanos de poder de aquel extraño mundo.

¿No decían además que los templarios practicaban doctrinas mágicas?

¿No decían que el sello de los dos caballeros tenía el molesto androginato primitivo?

¿No decían que eran el mismo Diablo con la forma de un soldado?

¿Existían en el Temple prácticas demoníacas?

Los caballeros templarios que fueron preguntados en el famoso proceso de París, reconocieron bajo la tortura que practicaban el beso demoníaco, el salivazo sobre la Cruz, la adoración del Diablo, del gato, de los ídolos.
El voto de castidad era violado de las maneras más criminales.
Si moría alguno de los templarios con infamia, se quemaba su cuerpo y se mezclaban sus cenizas entre las bebidas y los alimentos de los nuevos adeptos. Los templarios confesaron que los hacían adorar al Diablo.

¿Quemaron a los templarios como si fuesen unos vulgares agentes del Diablo?.
Los comentaristas de la época piensan que es muy discutible la buena intención del Papa Clemente V permitiendo y hostigando para que se quemaran y ajusticiaran de esa forma a los templarios.
Porque si los templarios eran inocentes, como afirmaba con fuerza el Gran Maestre Jacques de Molay al subir a la hoguera, es sólo entonces, cuando el grandioso culpable de tan demoníaca empresa del macho cabrio es el mismo Papa.

El rey de Francia Felipe el Hermoso que fue el que envió al Temple a la hoguera y además, fue el que pretendió arrebatarles su oro, sus joyas y todos los fabulosos tesoros traídos desde Oriente.
¿Es que valía el Rey más que el Temple?
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Aún no se ha hallado el fabuloso tesoro del temple ni se hallará jamás entre los confines normales de la cultura y de la actual civilización humana.