SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz)

Mi hermana Petra y su marido
- ¿Tenéis la suficiente confianza en vuestros monjes para poder atacarles sin más traiciones?
Remato descaradamente Domenico Mariani.
-Yo espero el mismo proceder valeroso de vuestras milicias, Eminencia.
Replico enfadado el Abad.
-Tenemos que atacarlos ahora, porque aún tenemos cierta ventaja sobre ellos, Eminencia.
Dijo el Abad muy serio.
- ¿Tenéis la suficiente confianza en vuestros monjes para poder atacarles sin más traiciones?
Remato descaradamente Domenico Mariani.
-Que opina vuestra merced ahora, cuando sabemos al dedillo que los templarios conocen el número de nuestros efectivos.
-Tenemos que atacarlos ahora, porque aún tenemos cierta ventaja sobre ellos, Eminencia.
Dijo el Abad muy serio.
Mientras comían solos, el Cardenal con un ademán de incertidumbre impresa en la unión de los labios, grasientos por la glotonería, pregunta a Reinaldo:
-Que opina vuestra merced ahora, cuando sabemos al dedillo que los templarios conocen el número de nuestros efectivos.
El asunto de la traición se tapona con la sangre que requería para ejemplo de los demás miembros de la Orden Benedictina y por ese lado estaban tranquilos; aunque sospechan que el traidor les facilitó los informes secretos que el Temple quería saber para contrarrestar la posible ofensiva del Cardenal.
Mientras comían solos, el Cardenal con un ademán de incertidumbre impresa en la unión de los labios, grasientos por la glotonería, pregunta a Reinaldo:
El Cardenal Mariani y el Abad se sentaban ante las suculentas viandas, sin tener remordimiento alguno por el grave incidente protagonizado por Remigio.
El asunto de la traición se tapona con la sangre que requería para ejemplo de los demás miembros de la Orden Benedictina y por ese lado estaban tranquilos; aunque sospechan que el traidor les facilitó los informes secretos que el Temple quería saber para contrarrestar la posible ofensiva del Cardenal.
El alma de Remigio subió como una centella surca el firmamento, hasta encontrar el paraíso donde se hallan todas las almas puras y castas que sucumben en la Tierra bajo la tortura de otros hombres.
El Cardenal Mariani y el Abad se sentaban ante las suculentas viandas, sin tener remordimiento alguno por el grave incidente protagonizado por Remigio.
El fallecimiento del reo durante este interrogatorio inquisitorial ha determinado la culpa evidente del antes monje Remigio Berceli.
El Señor le tenga delante de la puerta del infierno en castigo a su maldad y por traición a la Iglesia del Papa y del Padre Eterno.

Firmado y sellado en Santo Toribio de Liébana el día 1 de diciembre del año del Señor 2006.

Cardenal: Abad:
Domenico Mariani Reinaldo Sevané
El alma de Remigio subió como una centella surca el firmamento, hasta encontrar el paraíso donde se hallan todas las almas puras y castas que sucumben en la Tierra bajo la tortura de otros hombres.
TRIBUNAL DE LA SANTA FE
Acta de preguntas y respuestas del acto de fe que se ha efectuado en el Valle de Liébana el día 1 de diciembre del año 2006, bajo la supervisión de su Eminencia el cardenal Mariani y la del Prior de la Abadía de Santo Toribio sita en el mismo Valle.
Culpa del reo: Traición a la Iglesia.
Nombre del reo: Remigio Berceli cocinero y monje de la Abadía de Santo Toribio de Liébana.
Acta de preguntas y respuestas del interrogatorio doloso, efectuado por el padre Basilio, Dominico ... (ver texto completo)
El fallecimiento del reo durante este interrogatorio inquisitorial ha determinado la culpa evidente del antes monje Remigio Berceli.
El Señor le tenga delante de la puerta del infierno en castigo a su maldad y por traición a la Iglesia del Papa y del Padre Eterno.

Firmado y sellado en Santo Toribio de Liébana el día 1 de diciembre del año del Señor 2006.

Cardenal: Abad:
Domenico Mariani Reinaldo Sevané
Había condenado su Eminencia sin parpadear.
La confesión de Remigio estaba pasándola a limpio el Dominico Rufino, como inexorable secretario de la Iglesia y la redactó en estos términos:
TRIBUNAL DE LA SANTA FE
Acta de preguntas y respuestas del acto de fe que se ha efectuado en el Valle de Liébana el día 1 de diciembre del año 2006, bajo la supervisión de su Eminencia el cardenal Mariani y la del Prior de la Abadía de Santo Toribio sita en el mismo Valle.
Culpa del reo: Traición a la Iglesia.
Nombre del reo: Remigio Berceli cocinero y monje de la Abadía de Santo Toribio de Liébana.
Acta de preguntas y respuestas del interrogatorio doloso, efectuado por el padre Basilio, Dominico de la Abadía de Roa, sita en la antigua provincia de Burgos.
Basilio:
- ¿Desde cuanto tiempo estas espiando en la Iglesia para el Temple?
Remigio:
- ¡Nunca delate mis creencias religiosas! Ni nunca he traicionado al Señor que me dio la vida y ahora puede quitármela si es su Santa voluntad.
Basilio:
- ¿As pasado al pérfido Temple alguna información sobre nuestros efectivos militares para la defensa de la Abadía?
Remigio:
-Ellos conocen con certeza todos nuestros pasos en el Valle y no tienen ninguna necesidad de mí.
Basilio:
- ¿Entonces el porque de vuestra inesperada visita a la Central que tiene el Temple en Santa María de Lebeña?
Basilio:
- ¿Era acaso una visita turística?
Remigio:
-Estaba visitando a un viejo amigo de la infancia.
Basilio:
- ¿Desde cuando se disfraza un monje de Guardia Civil para visitar a un amigo?
Remigio:
-Hacer del cuerpo lo que más os convenga, porque mi alma está ahora con Cristo y con la Orden del Temple.
Basilio::
- ¿Estáis afirmando que sois miembro del Temple?
Remigio:
- ¡Antes de visitar Lebeña no pertenecía al Temple, malditos seáis todos los inquisidores!
Basilio:
- ¡Serás condenado por traición a la Iglesia!
Remigio:
- ¡Soy por propio derecho caballero del Temple y lo seré hasta que vuestro maldito asesino de hombres remate ahora su sangrienta obra!
La detención nocturna de Remigio fue efectuada en su celda, sin testigos oculares extraños a la Iglesia.
Las órdenes del Cardenal fueron tajantes:
- ¡Tortura y confesión!
Había condenado su Eminencia sin parpadear.
La confesión de Remigio estaba pasándola a limpio el Dominico Rufino, como inexorable secretario de la Iglesia y la redactó en estos términos:
El sádico verdugo era un siniestro protagonista que había llegado en el séquito del Cardenal desde Roa, para realizar estos necesarios menesteres.
La detención nocturna de Remigio fue efectuada en su celda, sin testigos oculares extraños a la Iglesia.
Las órdenes del Cardenal fueron tajantes:
- ¡Tortura y confesión!
17
El Dominico, se regodeaba de inmenso placer ante la presencia del descoyuntado cuerpo de Remigio, cruelmente torturado por el sanguinario verdugo de la Inquisición.
El sádico verdugo era un siniestro protagonista que había llegado en el séquito del Cardenal desde Roa, para realizar estos necesarios menesteres.
- ¡Considérese prisionero de Dios!
Ordenó Claudio el magistrado de la guardia.
Una etapa de dolor y vejaciones comenzaba para la vida de Remigio.
17
El Dominico, se regodeaba de inmenso placer ante la presencia del descoyuntado cuerpo de Remigio, cruelmente torturado por el sanguinario verdugo de la Inquisición.
Cuando Remigio se retiraba a su celda a descansar del duro día de trabajo y de las nuevas ilusiones, un piquete de guardias del Papa le estaban esperando en la pequeña habitación.
- ¡Considérese prisionero de Dios!
Ordenó Claudio el magistrado de la guardia.
Una etapa de dolor y vejaciones comenzaba para la vida de Remigio.