Mocita, el que va de muertos y no bebe vino, el suyo viene de
camino.
En algunas comarcas, con el muerto o la muerta de cuerpo presente o después del entierro, era
costumbre que los hombres fuesen a la taberna a beber unos vinos. Incluso durante el velatorio, los deudos obsequiaban a quienes permanecían a su lado con anises y dulces y, en el transcurso, incluso se contaban chistes.
Ahora no hay muertos en las
casas, ni siquiera enfermos, estos están en los hospitales y los otros en los tanatorios.
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