Quedó callada la platea, el duende. Que había estado danzando todo el día de la ceca a la Meca, oyendo en los corros de los menos mayores sus inmediatos anhelos e inquietudes; por ejemplo, ¿ dónde nos hacemos hoy el botellón, en Nogales o en La Torre, Villanueva de Albarcarrota, Valleverde o Badajó?; también vió otros muy pocos, debiluchos y con la mente muy clara, maquinando la treta que usarián para trabar contacto con su amada; la de los ojos de miel y la frente despejada que lucía una hermosa ... (ver texto completo)