Os acordáis, cuando se viajaba en aquellos
trenes (parecidos a los del Oeste Americano) que cuando llegabas a una
estación. Había un señor con varios botijos (muy parecidos a este) que recorría todo el anden, pregonando: a perra gorda. la jartá. En más de una ocasión, cuando uno estaba bebiendo dentro del
tren, arracamba este y el señor se quedaba sin botijo.