Buena y escueta reflexión José.
Pero me gustaría decirte que no habría que plantearse el conflicto y los hechos desde los parámetros de lo bueno o lo malo; antes sufrían y ahora hacen sufrir.
Yo creo que se debería tratarse este asunto desde la perspectiva de la condición humana en dos vertientes. La primera es lo que está demostrado; que el hombre nunca aprende de sus propios errores y siempre tiende repetirlos. Ni siquiera cuando los errores y los daños los padece uno mismo por parte de otro, y cuando los terminos se invierten tendemos repetir la acción con nuestro agresor (a veces se llama veganza, otras justicia histórica, etc.) pues el género humano no está dotado en los momentos claves de su existencia de poner en práctica eso que llamamos empatía, igualdad, convivencia y respeto a lo distinto. La segunda es el otro gran defecto del ser humano; que es capaz de realizar las acciones, obras y transformaciones políticas, culturales, económicas y sociales más increibles a lo largo de la historia para el beneficio de toda la humanidad, pero que todas esas capacidades se vienen abajo y resultamos seres despreciables y sin conciencia cuando la razón, la ética, la reflexión y el pensamiento se nubla cuando nos atrapa y transforma el fanatismo ideológico o religioso o de cualquier otra índole.
Lo lamentable de todo es que esto que digo no es aplicable en su totalidad al problema judio de antes y al de ahora. Lo horrible de la situación es que la Alemania Nazi de los años 30 y 40 del pasado siglo y el Estado Judio de hoy les movian y mueven los mismo motivos e intereses y en consecuencia los actos son igualmente repetidos cronológicamente: supervivencia, búsqueda de espacio, dominio, control, poder, ejercicio de fuerza, expansión y aniquilación del contrario. Todo ello tiene su fundamento en el puro materialismo y por puros intereses estratégicos se disfraza o se justifica con la ideología, la religión. la raza, la cultura, etc. como hecho diferenciador.
Pero no nos engañemos en este mundo ha habido muchos más casos y aún hoy los hay. Por desgracia nunca acabarán, como mucho permutarán en sus formas, pero es algo intrínseco al ser humano.
Un saludo.
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